Puede ser el mal de muchos y muchas de las nuevas generaciones; de los que mantienen un puente, más o menos, lejano con los y las de las antiguas y que, muchos y muchas de ellos y ellas, han llegado a puestos que, sin ser altos ni importantes, los sienten y se venden a sí mismos como si todo lo que hay debajo lo es debajo de sus pies; gente a la que se le ha dado cualquier puesto de mínima relevancia, quizá porque a lo mejor nadie más lo quería, y lo utiliza para darse a conocer y menospreciar el trabajo de personas que llevan más tiempo haciendo lo mismo y que no por ello se las dan de nada. Conozco casos de veinteañeros que por saber de las nuevas tecnologías, de usar aplicaciones molonas, de controlar la navegación y todo ese rollo piensan que están por encima de los que han —hemos— crecido con una regla, una escuadra y un cartabón y había que hacerlo todo a mano. Pues sí, los hay déspotas que confunden juventud con infravalorar al resto. Incluso he visto con mis propios ojos personas mayores que se han quedado con el saludo en la boca. Yo he llegado a vivir en una urbanización que si tenía a alguien a dos metros de la puerta de salida, ni te la aguantaba, la dejaba caer como si no hubiera nadie detrás. Lo veo en los gimnasios, estás cambiándote en el vestuario y la peña pasa por delante sin siquiera esperar a que puedas doblar las piernas porque te estás poniendo unos pantalones. Es la generación del YO.
Yo los llamo los minijefes, personajillos a los que le dan una labor de encargado/a de algo y ya se sienten intocables. Como si en sus manos estuviera el futuro del mundo. Y te miran por encima y te quitan la cara. Y los —y las— hay que hasta se visten diferente porque claro hay que lucir el puesto y hay que subir de categoría y si puedo evitar repetir incluso peinado pues ahí que voy.
He llegado a conocer a los que hasta en alguna reunión han dicho que se sentaban presidiendo la mesa para que se les escuchara y se les viera mejor, claro, no sea cosa que a la hora de decir que si mañana llueve no hay una excursión al monte, alguien perdiera detalle de la logística. Suelo o trato de educar al alumnado a la hora de establecer roles de encargados del material, o de repartir los libros, o de recoger, o de lo que sea, que ser encargado no es ser jefe, es una labor de cooperación con el grupo y que la rotación lo es, precisamente, para que se aprenda a estar en todos los puestos y respetar el papel de cada situación como igual de importante. Nadie es más que nadie, ni menos por supuesto, porque una semana te toque apuntar la fecha en la pizarra. Los puestos van y vienen, pero lo importante es aprender a jugar en todas las posiciones, incluso cuando no se tenga ninguna. Es importante tanto el saber estar como el saber cuándo no hay que estar.
Por supuesto también he conocido todo lo contrario, personas de más edad que piensan que por haberse pasado la vida en un puesto pues ya saben más que nadie y lo de “a mí qué me vas a contar” podría ser perfectamente su apellido o su tarjeta de visita. Los dos extremos son malos. Pero quizá, los que llegan con esos aires tienen un plus de peligrosidad porque quiere decir que algo se ha perdido en el camino, que ese proceso educativo que ha pasado no era el bueno, y que quizá el haber llegado donde estabas sin haber aprobado más que dos asignaturas no te hace ni más ni menos sabio, pero quizá sí te ha afectado a ser mejor o peor persona.

La educación y el respeto no debieran ser un esfuerzo, pero a día de hoy parece que el aguantar una puerta o incluso mostrar una sonrisa o un buenos días, lo es. Gestos que muchos, no es que piensen que no valen para nada o para ellos, es que ni reconocen.
Hace años ibas a un gimnasio y, entre series, conocías gente, hablabas, o alternabas el puesto de alguna máquina, llámalo compañerismo/educación; hoy la peña está sentada con su móvil y tú puedes estar esperando de pie que no te van a ceder el puesto. Incluso lo he visto en el autobús, personas mayores de pie mientras los jóvenes están sentados inmersos en su móviles y les da igual, no tienen ese valor inculcado.
Lo que no cuesta no tiene precio ni vale, de modo que muchos minijefes no valoran a las personas y, por ello, actúan con una estúpida arrogancia. No suelen pedir perdón porque hacerlo implica una aceptación y una rectificación, es decir, un esfuerzo personal relacionado con alguien que no soy YO. No lo hacen los políticos, lo van a hacer los jóvenes, insisto, también los mayores, pero recalco que el proceso de maduración y de educación debiera haber resuelto todo eso. Ir a mejor. Avanzar. Tanta modernidad para nada, para retroceder. Luego, siempre lo digo, se va la luz o se cae la red y ya entran en bucle.
Acudí el otro día a una librería buscando un regalo —un libro siempre es la mejor opción (lo siento pero libro de papel, el que se toquetea y huele), aunque no se lea, siempre se puede tener la tentación de echarle un vistazo y hasta quizá enganche (no caduca)— y reconozco que lo que me llamó la atención es que no daba ni un solo paso donde no pudiera leer “El mayor fenómeno del momento”, “El fenómeno literario del año”, «del siglo», “El fenómeno en ventas en la India”, no sé cuántos fenómenos literarios había una sola mesa, lo menos quince creo que conté. Volvemos a lo mismo. ¿Todos son megamaravillosos y súper fenómenos? Evidentemente, no. Es lo más sencillo para no tener que esforzarte en buscar. Ya te lo pongo yo en el lineal con su faja roja y letras blancas y en mayúsculas y vendido. Te dedicas un ratito a quitarlas y combinarlas entre ellas y no pasaría nada. Es la misma venta, que no el mismo libro. Luego en las estanterías nicho duermen o mueren libros que, por no tener esa publicidad, quedarán como la decoración perfecta en una librería. No son ni los recomendados, ni los que usted debería leer, ni tu mejor opción, ni el libro que no deberías de dejar pasar, el libro que hemos elegido para ti. Cualquier cosa que me quite el esfuerzo de elegir por mí mismo. Quita la faja y ponlos todos firmes y juntos. La sorpresa sería mayúscula.
Al final dudé, pregunté y me dijeron que mejor tenía ilusión por una báscula de esas con aplicación. Sí, esas básculas que, menos el peso, te lo dicen todo. Bioimpedancia. La mía es la que tenía mi abuela, de esas que te subes y hay un circulito que se mueve y te marca el peso, vamos las de toda la vida. Las de ahora tienen tecnologia de bioimpoedancia que es que te envía una corriente eléctrica suave e inofensiva a través del cuerpo y, resumiendo de la IA que se enrolla, pues que te mide la composición de grasa, masa muscular, el IMC, la edad metabólica, el agua, grasa visceral, el metabolismo basal, incluso el calcio que tienes en los huesos. Claro, necesitas tu perfil de usuario, es decir, conectarlo a tu móvil vía Bluetooth o Wi-Fi para que los sensores de alta precisión y autocalibración puedan decirte hasta la cantidad de proteínas que necesitas. Pues eso, todo con gráficos y cosas de esas tan bonitas y tan modernas para que quedes prendado. Al final y a votación, ganará la báscula moderna.

Luego, con tanta modernidad lees que no sé dónde se han tirado un montón de tiempo para cruzar dos hienas hasta que se han dado cuenta de que eran dos machos. Ha sido imposible. Le hubieran preguntado a un therian y habrían acabado antes. Por cierto, he visto un vídeo de un therian perro ladrando a un perro de verdad, esa alma híbrida que tiene y que lo conecta de manera innata con su naturaleza animal, total que el perro, el verdadero, se ve que se ha cansado y le ha pegado un bocado en el brazo al therian, no sé si chilló de dolor o ladró, pero bueno es lo que hay.
Entiendo que acudiría, de manera lógica, a un veterinario a curar sus heridas; y digo lógica porque si se va a una consulta normal ya se puede esperar, que me cuentan que vas por un cólico, te mandan analítica para una semana, resultados para otra y cita para ver qué te pasaba una semana después. Un mes. O te has deshidratado, o te has curado solo.
Y todo eso sin que se hable de ninguna calle más para peatonalizar en la ciudad, aunque aún creo que andan liados con lo de los apartamentos VPO para ricos. Lo que les decía, la peña que se viene arriba en cuanto gana dos duros o le das un puesto de cargo.
Por cierto pasó el 8 M, el de color lila, el de la mujer, espero que todo haya resultado sin problema y las celebraciones, actos y demás hayan servido para dar un paso más.
Hablando de pasos también arrancó la Semana Santa con el Vía Crucis General que unió a los cofrades y fieles desde la concatedral con las hermandades ya a nada de celebrar la Semana Santa.
Y más actos, pero este desde el cariño, desde el cariño por la lectura y por una escritora de las grandes. El próximo sábado 14 de marzo, a las 12 horas en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante, en la sala Emilio Varela, la autora Noelia Vicente Selfa, presenta su nueva obra Zona de grises (Los libros del Mississippi). No pueden faltar, pero no tarden que se llena enseguida. Será un gran acto. Es lo que hay.
Canción, Mariposa Tecknicolor, (Fito Páez) versión Laura Pausini.
Libro, Zona de Grises, Noelia Vicente Selfa.
En fin, que ustedes lo lean, lo pasen y lo paseen bien.
Imagen de portada: www.depositphotos.com.












Comentar