Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Inmersiones teatrales

Noche, luz y bohemia: el esperpento actual en un “país hipersensible”

Luces de bohemia. Foto: Javier Naval, cedida por Teatro Español.

El esperpento es ya algo más que un invento valleinclanesco. El esperpento existe: es real, actual. Cuando los célebres Max Estrella con su ceguera y el golfo don Latino de Hispalis que le guía, personajes principales de Luces de bohemia, hablan de noche del madrileño callejón del Gato y de sus espejos cóncavos, Valle-Inclán aprovecha para poner en boca del primero su, desde entonces, recurrente definición de la palabra: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. Y eso resulta hoy tan actual como la deformada, y no menos esperpéntica, comunicación política -por citar una desviación reconocible-, donde la realidad se distorsiona a diario.

Quizá por eso, cualquier lectura o reposición teatral de esta pieza se muestra tan presente, aunque sus alusiones estén centradas en el contexto de hace un siglo. No es solo la deformación de la realidad lo que perdura, son también los usos interesados, las trampas o la corrupción lo que permanece. La amoralidad, en suma, que el público actual reconoce y siente en el entorno. No es difícil, por tanto, conectar en el siglo XXI con Luces de bohemia. La prueba es el éxito que acaba de tener su escenificación en el Teatro Español de Madrid, cuya última función fue el pasado 7 de marzo.

Dirigida por Eduardo Vasco, también director del Teatro Español, y con un elenco de veinticinco actores y actrices que encarnan a cuarenta y siete personajes, con Ginés García Millán (Max Estrella) y Antonio Molero (Latino de Hispalis) al frente, el montaje tuvo una primera puesta en escena en 2024 que, ante su favorable recepción, se ha podido repetir este año.

Aunque la obra apareció editada por primera vez por entregas en 1920 en la revista España, Valle-Inclán publicó una segunda edición en libro en 1924, añadiéndole tres escenas. Para conmemorar precisamente el centenario de esta versión definitiva es para lo que se estrenó el montaje producido por el Teatro Español. Y al programarse en principio durante dos meses, de manera que se pudiese compatibilizar con otras obras de la temporada, numeroso público quedó sin poder asistir debido al inmediato éxito de taquilla. Un éxito que ha justificado su reposición durante mes y medio en 2026 y para el que las entradas estaban prácticamente agotadas, de nuevo, al poco de ponerse a la venta meses antes de reanudar sus funciones.

Como era de prever, no ha desencantado tampoco en esta ocasión. Asistí a una de sus últimas representaciones y sorprendía ver la variedad de edades en el patio de butacas y palcos de este espectacular y artístico recinto, hasta el punto de comprobar que también seguía la obra algún grupo de estudiantes, sospecho que en compañía de sus docentes. Porque Luces de bohemia se ha beneficiado casi siempre de ser un título propuesto en sistemas educativos de varias generaciones, y a eso debe buena parte de su popularidad. No somos pocos -hablo por mi generación- quienes lo descubrimos en clase de literatura del Instituto y acabábamos leyendo los ejemplares de aquella edición de la colección Austral de Espasa-Calpe que iba a pelo y sin introducción académica, y que además se reeditaba periódicamente, sobre todo a partir del tardío estreno profesional en España, que no llegó realmente hasta 1970 en el Teatro Principal de Valencia, en adaptación dirigida por José Tamayo, cuando se comenzaba a transitar por el tardofranquismo.

A. Molero y García Millán con Eduardo Vasco. Foto: Javier Naval, cedida por Teatro Español.

Uno de los asistentes al histórico estreno valenciano fue el estudiante universitario Manuel Aznar, que siguió la representación desde el gallinero. Como catedrático después de literatura española contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y director muchos años del Taller de Investigaciones Valleinclanianas, publicó en 2017 el libro Iluminaciones sobre Luces de bohemia de Valle-Inclán en la editorial Renacimiento, donde incluye, junto a otras informaciones y análisis, un resumen histórico de los estrenos y representaciones teatrales.

Porque si algo resultaba ser realmente esperpéntico en el siglo XX era la ausencia de Luces de bohemia de los escenarios durante décadas. Nacida su versión definitiva durante la dictadura de Primo de Rivera y con claros contenidos de crítica e incorrección política, hubo un intento de ponerla en escena durante la II República –de la mano del director Rivas Cherif, cuñado de Azaña- que no prosperó. Luego fue censurada por el franquismo durante tres décadas. Con una acción nocturna en el ambiente madrileño más bohemio e irreverente, el contexto de fondo de una huelga obrera, la conversación de Max Estrella en un calabozo con un preso anarquista catalán, la comparecencia de un ministro corrupto o las expresiones sexuales de una prostituta, sin ocultar puntazos satíricos al carácter español, el franquismo tomó sus prevenciones, aunque la obra podía ser leída y desarrollaba su acción en un tiempo pasado.

Sorprende que su estreno mundial no llegase hasta 1964 en Toulouse, representada por un grupo no profesional de exiliados republicanos y por inmigrantes españoles más recientes, mientras que el verdadero estreno profesional en español fue en Buenos Aires en 1967. No obstante, podrían considerarse pioneros en el país algunos montajes aficionados antes del tenido como estreno oficial de 1970.

Por un lado, se escenificaron en Sabadell funciones encubiertas, de tapadillo, en 1968, a las que alude Aznar. Se trataba de las anunciadas con el título de Farsa y licencia-Esperpento, realizadas tras obtener permiso para representar Farsa y licencia de la reina castiza, circunstancia que se aprovechó como argucia para colar sobre las tablas la trama de Luces de bohemia sin que constara en ningún cartel.

Por otro lado, se presentó hacia 1967 una solicitud de permiso para una o dos funciones por parte del grupo sevillano Esperpento. La tramitación fue tan esperpéntica como la propia obra. Aznar recoge el relato de Moisés Pérez Coterillo en el que este contó, en la revista El Público, cómo se le advirtió a la compañía que en el papeleo faltaba una cosa: la firma del autor. Cuando los solicitantes respondieron que era Valle-Inclán, el representante de la autoridad insistió: “De acuerdo, que venga a firmar la hoja”. La argumentación para explicar la dificultad del cumplimiento fue de lo más sincera, pero no convincente. “Pero, hombre, se ha muerto hace años”, se esforzaron en aclarar los peticionarios. “Con que se ha muerto y ha escrito una obra, ¿verdad?”, desconfiaba el interlocutor. “No, primero escribió la obra y luego se murió”, precisaron con rigor los interesados, a lo que el funcionario, cediendo y extendiendo finalmente el certificado que necesitaban, remató a regañadientes el hilarante diálogo marcando las distancias: “Menos cachondeo, ¿eh?”.

Eduardo Vasco, experimentado director de teatro clásico con más de medio centenar de montajes de obras de Shakespeare, del siglo de oro español y de clásicos contemporáneos -incluso adaptó a monólogo libros tan teatralmente imprevistos como La ruta de Don Quijote de Azorín-, informó en su día de que uno de los motivos para recuperar Luces de bohemia en el Teatro Español se debía a que nunca se había representado sobre sus tablas, tras el proyecto no consumando por Rivas Cherif en 1932.

Pero, sin duda, es la modernidad de la obra la que la hace representable y -por qué no decirlo también- su actual espíritu de provocación con un humor limpio de complejos. En palabras de Vasco, “necesitamos retomar en escena cada cierto tiempo la elegía de Malaestrella, y reencontrarnos con aquella sátira, ¡tan española!, tan lejana en estos tiempos en los que parece vetada la práctica del humor inteligente en este país hipersensible”. 

Luces de bohemia. Foto: Javier Naval, cedida por Teatro Español.

Ficha de la representación (enero-marzo de 2026)

Reparto

  • Max Estrella: Ginés García Millán.
  • Latino de Hispalis: Antonio Molero.
  • Claudinita: Ana Veganzones.
  • Zaratustra/Sereno: Ángel Solo.
  • El marqués de Bradomín/Guardia: David Luque.
  • Madame Collet/Madre del niño: Elena Rayos.
  • Rubén Darío/Guardia: Ernesto Arias.
  • El chico de la taberna/Piano: Iván López-Ortega.
  • Don Gay/ Sepulturero: Jesús Barranco.
  • Preso/El Pollo: José Luis Alcobendas/ Agus Ruiz.
  • Capitán Pitito/ Sepulturero: José Luis Martínez.
  • Gálvez/Contrabajo/Guitarra: José Ramón Arredondo.
  • Serafín el Bonito/ Camarero: Juan Carlos Talavera.
  • Clarinito/El Joven: Juan de Vera.
  • La Lunares/La Chica: Lara Grube.
  • La Pisabien: María Isasi.
  • El Ministro/El Cochero: Mariano Llorente.
  • El Rey de Portugal/Dieguito: Mario Portillo.
  • Dorio de Gádex: Pablo Gómez Pando.
  • Pérez/Guitarra/Percusión: Pablo Salinero.
  • La Portera/La Periodista: Puchi Lagarde/ Lucía Bravo.
  • Basilio Soulinake/Viejo que escribe: Rafael Ortiz.
  • Don Filiberto/Borracho: Raúl Ferrando.
  • Vieja pintada/La vecina: Silvia de Pé.
  • Pica Lagartos/Ujier: Toni Misó.

Equipo técnico-artístico

  • Texto: Ramón Mª del Valle-Inclán.
  • Versión y dirección: Eduardo Vasco.
  • Escenografía y atrezzo: Carolina González.
  • Vestuario: Lorenzo Caprile.
  • Iluminación: Miguel Ángel Camacho.
  • Música y ambiente sonoros: Eduardo Vasco.
  • Ayudante de dirección: Laura Garmo.
  • Ayudante de escenografía: Lucía Ríos.
  • Ayudante de vestuario: Lucía de Ramón-Laca/ Ricardo Segarra.
  • Residente de ayudantía de dirección: Giulia De Crescenzo.
  • Asistente artístico: Paul Alcaide.        

José Ferrándiz Lozano

Profesor universitario de Ciencia Política y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología con Premio Extraordinario. Autor y coautor de varios libros, Premio internacional de Periodismo Miguel Hernández y Premio nacional AECPA de Ciencia Política. Exdirector del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert y exdecano del Colegio de Politología y Sociología de la Comunidad Valenciana, ha colaborado en distintos medios de comunicación.

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