Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabreando

Confirmando

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Es la era de la confirmación, y no me refiero al segundo sacramento de la Iglesia Católica, hablo de ese acto al que, de un tiempo a esta parte, hay que sucumbir para acudir a cualquier lugar o evento o incluso al masajista. Me cuenta un amigo que lleva tiempo tratando de acudir a un fisio porque la espalda la tiene peor que un cuadro de Picasso y, aunque parezca tarea sencilla, no lo es en absoluto porque o hay poco fisio, o hay mucha gente estropeada. El caso es que llamó en enero y le dieron para la semana pasada. Tuvo suerte, me dice, porque tan sólo había que esperar quince días. Vamos, lo normal. También es cierto que es difícil compaginar horarios y cuando uno no puede, no puede el otro, que sí, que es cierto que lo queremos todo para ayer, estamos en la era de la inmediatez.

Bueno, el caso es que dos días antes le llega un mensaje al móvil diciendo que si confirma la cita y, de confirmarla y no acudir y no avisar antes de veinticuatro horas, pues como que debe de abonar el 80 % de la tarifa. Vamos, que si te surge cualquier inconveniente inesperado pues vas a pagar lo que no has recibido, y claro, mi amigo en un sinvivir ni salir de casa el día antes no vaya a ser que, por la inevitable Ley de Murphy, algo vaya a suceder y que lo único que se alivie sea su cuenta corriente.

Yo no lo veo bien. Puedo entender que sí, que habrá casos de gente reincidente de dejar colgada a la peña, pero obligar a pagar por un servicio que no has recibido cuando tú has confiado en esa pre-cita de quince días… Ahí has puesto toda la confianza, pero, ¿y si fuera al revés? ¿Y si se cancela por el profesional? ¿Se debe de abonar ese 80 % en modo viceversa? Porque aquí lo que es justo es justo para ambos lados, no como en la política actual, pero ese es otro cantar. Si al especialista le pasa algo, o que se le pone un familiar enfermo, o que sucede cualquier tipo de accidente, en ese momento ¿no debería pagar al pobre de mi amigo con espalda picassiana?

Sucede como el momento taxi versus bus. Uno llama a un taxi y espera, y pasa el tiempo, y no llega, y sigue sin llegar porque nadie tiene la culpa y sin la ciudad aún sin peatonalizar pero llena de obras, el caos circulatorio es total y el que solicita el taxi tiene prisa y, en ese momento, frente a él, pasa el bus y lo coge. Pues ya eres un moroso del taxi, porque ya lo habías llamado, aunque no tengas la culpa de que no llegue. Y bueno, hay circunstancias y circunstancias, pero es que puedes tratar de avisar a la centralita y es cuando, por lo que sea, te atienden con música o con una centralita digital, o no te lo cogen porque estarán saturados. Pero el caso es que llega ese taxi a la zona de recogida y allí no hay nadie. ¿Es un delito? ¿Te conviertes automáticamente en un deudor? Cada vez que llames, ¿qué? ¿Tendrán tu número ahí con un punto rojo, para decirte que si no pagas la deuda cuando llegue el taxi que has pedido, no subes? Volvemos a decirlo, si no eres multirreincidente, sino que te pasa algo de manera fortuita, por lo que sea.

El Anuario 2025 de la APPA con el que se obsequió a los asistentes a la gala // Joaquín P. Reina.

Pues tampoco lo veo, no le veo la gracia a parecer que eres un taxi moroso. No sé. Cuando se peatonalice la ciudad veremos. Yo lo que haría sería peatonalizar las obras para ir adelantando, aunque Barcala no estará para bromas con lo de los pisos de protección oficial, de hecho, en la gala del jueves de la APPA (Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante) donde  se repartió un Anuario muy chulo, del año 2025 y donde, entre otros, escribe mi admirado y amigo el maestro don Ramón Gómez Carrión, nombraron su asistencia, pero un servidor no lo vio. También es verdad que desde el gallinero tampoco se vislumbraba a toda la plana mayor de las autoridades que se citaron, pero luego no estaba, como en otras ocasiones, en el ágape. Bueno, al menos un servidor no lo vio, no quiere decir que no estuviera por allí comiendo tortilla entre muchos manjares. La gala un éxito total, como siempre; y también hubo en su momento que confirmar asistencia con antelación.

Es como las entradas de los conciertos. Un servidor quiere ir a ver a Sergio Dalma, aunque es pelín caro, pero claro, es para agosto. De aquí a agosto pueden pasar tantas cosas que no sé. Antes ibas, sacabas la entrada en taquilla y pa’dentro. Ahora no, ahora las sacan y ya se agotan a los cinco minutos. Aún así, los últimos conciertos que he visto en la zona Volvo, donde había sillas de esas de plástico de heladería, no me han molado mucho. De hecho, en el último la gente se levantaba y movía las sillas y las ponía en los pasillos y allí no pasaba nada, pues no sé. Esperaremos.

Los que también están de esperar y desesperar son los de los juzgados de Alicante porque, al parecer, han cesado a interinos, se han quedado mesas vacías y como que no dan a basto, con lo que, bueno, a lo mejor un juicio que debía de celebrarse este año ya como que lo pasan para dentro de dos o de tres o vete a saber. Bueno, pues hablando de años, que sepan que han de esperar otros 823 (esperemos que la justicia no vaya tan lenta), para que se dé un mes de febrero con cuatro lunes, cuatro martes, cuatro miércoles, cuatro jueves, cuatro viernes, cuatro sábados y cuatro domingos. Toda una carambola curiosa (Sí, lo sé, es broma).

Lo que no tarda ni tanto ni muchísimo menos son las luces de los baños. Acudí al espectáculo de Mamma Mía! en el Teatro Principal, por cierto el espectaculo maravilloso y, bueno, como hay tiempo de descanso de esos 20 minutos de rigor, pues algo había que hacer, además de la foto de rigor en el fotocol, y sí, el baño es otra opción. Pues calculé. Exactamente 10 segundos. 10 segundos es lo que tarda en apagarse la luz del baño si no te mueves y, claro, te ves ahí haciendo virguerías para que no se te apague la luz. Hacer pis contrarreloj o aprender a hacerlo con algún tipo de movimiento para no quedarse a ciegas.

“Mamma Mía!” (Fuente: Teatro Principal).

Que a ciegas es lo que dicen que hagas con el móvil mientras dura la función, que nada de grabar, que el móvil en modo avión, luego en el descanso pues te dicen que aproveches también ese espacio de tiempo para difundir el espectáculo por las redes. En fin, un contrasentido.

Como contrasentido lo que van comentando los diferentes periodistas con la nueva ley esa que van a implantar para que los menores de 16 años no puedan acceder a las redes, pero que a esa edad ya puedes abortar y cambiar de sexo sin necesidad de nada más que tu firma. Para irte de excursión en el instituto necesitas que te firmen un justificante si tienes 16, pero bueno ya se supone que los menores de 14 no podían tener redes sociales rollo guasap y Tik tok y Facebook, pero que las tienen de igual modo, así que bueno, si ya estaba prohibido antes pues nada a poner en el cuestionario que eres mayor de 16 y arreglado. Que hecha la ley, hecha la trampa.

Para trampa, y aquí viene la tontunada de la semana, que en Alemania hay quien sale a pasear con perros invisibles, el hobby dogging, incluso hay talleres para tal fin donde hasta se pueden crear razas imaginarias, que es un ejercicio mental, social y que libera estrés sin ladridos. No quiero pensar que salen a pasear con la correa. Aunque a más de uno tendrían que ponerle el chip por si se le pierde la imaginación. No sé, hasta habrá quien adopte ese tipo de perros. Antes la peña se preocupaba de los que tenían amigos imaginarios, pues resulta que ya los puedes tener incluso con perro. Quizá un buen regalo para san Valentín que nos llega el sábado que viene.

Es lo que hay.

Canción, Por debajo de la mesa, Luis Miguel.

Libro, Todo lo que sé sobre el amor, Dolly Alderton.

Película, El día de los enamorados, (Fernando Palacios, 1959).

En fin, que ustedes lo lean, lo pasen y  lo paseen bien.

Bruno Francés Giménez

Escritor de serie B.

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