Ya teníamos bautizo civil, matrimonio civil y funeral civil. Nos faltaba un dios civil y se lo acaba de sacar de la manga la ministra de Igualdad, Ana Redondo, para quien ‘igual-da’ ser dios que ‘puto amo’. Los romanos divinizaron a sus emperadores. Redondo ha puesto a Pedro Sánchez en lo más alto del Olimpo de los dioses: “Eres el superhombre de la democracia, superhombre de la paz, de los derechos y del feminismo… y representante de la civilización”. No es que sea un dios, no, es el dios de los dioses, es decir Zeus; no solo el padre de los dioses, también de los hombres. Para los griegos (los romanos lo heredaron y lo llamaron Júpiter) Zeus representaba la fuerza máxima de la naturaleza y el poder absoluto, conocido por su carácter voluble (no mentía constantemente sino que constantemente cambiaba de opinión).
Sánchez, como Zeus, lanza unos rayos mortales contra quien osa oponérsele o lo deja en ridículo, como hicieron José Luis Ábalos y Santos Cerdán, sus dos hombres de confianza, secretarios de organización del PSOE nombrados por él y que le han dejado en ridículo, ambos compañeros de viaje durante meses dando la vuelta a España en busca de votos para unas ‘primarias’ que le hicieron secretario general del PSOE, ‘primarias’ sobre cuya legitimidad se han planteado dudas siempre cuestionadas y nunca resueltas.
Zeus Sánchez hace lo que le da la gana, que para eso tiene asegurados los votos de los que odian a España y compra sus votos, pero sin pestañear para luego sacar la bandera española con el no a la guerra, un grito tan innecesario por universal, como inútil y ofensivo es el ‘foro contra el odio’ que se acaba de sacar de la manga cuando lleva siete años aliándose para gobernar con independentistas llenos de odio a España o con sucesores de etarras y homenajeadores de asesinos de ETA, que ni piden perdón ni lo pedirán nunca y hasta se permite Sánchez ‘mejorar’ el cinismo de Zapatero elevando su odiosa y odiante Ley de Memoria Histórica a categoría de Ley de Memoria Democrática acordada con los bilduetarras.
Zapatero y Sánchez, Sánchez y Zapatero son los artífices máximos, los dioses crueles, como Zeus-Júpiter, sin corazón y sin cabeza humana, los generadores de la polarización, los agitadores del odio resucitando a Franco y no cesando en su visceral renuncia a la reconciliación universal que supuso la Constitución de 1978 y la casi ejemplar Transición que a punto están de cargarse con un cinismo apabullante. Se las quieren dar de progresistas, de antibelicistas cuando lo que buscan con tesón es el enfrentamiento entre españoles. Ellos, Zapatero y Sánchez, son los hambrientos de Guerra Civil y de odio entre españoles.
Lo más triste de todo es que engañan a una buena parte de compatriotas con sus palabras mendaces. Y hasta llevan a sus gobiernos a gente de buena voluntad y algunas personalidades presuntamente bien preparadas académicamente, como los otrora prestigios jueces, Grande Marlaska y Margarita Robles, e incluso la misma Ana Redondo, doctora en Derecho Constitucional y profesora en excedencia en la Universidad de Valladolid. Uno se pregunta qué droga le echaron en el vaso de agua durante el mitin de Soria para que lanzara al aire sus desaforados elogios a Pedro Sánchez. ¿O es que la droga es ser ministra por obra y (des)gracia de un mentiroso compulsivo, así definido por el expresidente socialista Felipe González? ¿Borracha de sanchismo por amor suicida a una silla ministerial? ¿Y los dos jueces? Es explicable forofismo despendolado de la ministra y vicepresidenta primera, Montero, bautizable como la ‘loca andaluza’ y nunca como la ‘lozana andaluza’, la que gritaba, a las puertas de Ferraz, “Pedro quédate; España te quiere” en aquellos cinco días en que Pedro, enfermo de amor, meditaba, aislado de todos y de todo, si dimitía o seguía pese a la persecución judicial contra su esposa. La persecución sigue y Pedro se sacrifica al frente del país, como un héroe, más que eso, como un dios, como un Zeus, categoría a la que lo eleva Ana Redondo, que no lo llama ‘puto año’ como hizo Óscar Puente, quien, por cierto, fue jefe de Redondo hace algunos (de 2017 a junio de 2023) años cuando siendo alcalde de Valladolid tenía a la ahora ministra de concejal y teniente de alcalde. Curiosidad: Óscar y Ana fueron fichados por Sánchez el mismo día y son ministros desde el 23 de noviembre de 2023. Dios los cría y Zeus-Sánchez los junta. Puente calificó a Pedro de ‘puto amo’ y Ana Redondo como ‘Superhombre de la democracia, de la paz y del feminismo’.
Evidentemente, en Pedro Sánchez hay carisma, al margen de sus carencias. Tiene fidelidades hasta de personas muy cualificadas entre sus ministros y ha sido capaz de inocular el ‘sanchismo’ a multitud de seguidores. Es tan inexplicable su figura como lo fue la de Hitler en su momento. Pero hay que reconocer que Sánchez es más guapo que Hitler. Y no llevan razón los malvados que le comparan con Trump.













Malvados traidores son quienes comparan a Pedro
(lo oígo en sueños salir de la boca del periodismo riguroso y ecuánime)
y Sánchez
a la misma altura de iniquidad del déspota, arrogante, vanidoso y acomplejado Trump…
Ay, sillón ministerial, ay ay…
Lo más repugnante de todo es ver cómo critican al Gobierno los mismos que lo sostienen para lucrarse. Mantienen vivo a Pedro para seguir chupando, como sanguijuelas, sangre salida de las venas de todos los españoles, todos donantes obligados a base de impuestos. Y muchos compatriotas, masoquistas, lo hacen con gusto. “Habemos de to”, que decía un cazurro. Otro, menos cazurro, sentenciaba: “acaso tenemos lo que nos merecemos”.