Narrativa

Mi primer día de vacaciones

Dibujo realizado por Miguel Ángel Pérez de Oca.

Oigo mis pensamientos cuando estoy tranquilo, relajado, a gusto. Hoy es mi primer día de vacaciones. Como es verano, aquí estoy, semihundido sobre mi toalla en la arena. Playa de Alicante. El Postiguet. Mi playa. 

Este rato bajo el sol mediterráneo no lo cambio por nada en el mundo.

Mis pensamientos están acompañados por la sinfonía marina de las olas, que muchas veces hacen que mi mente quede en blanco para inundar con sus notas todo mi cerebro y toda mi sangre. Floto con mi alfombra mágica sobre el aire de aroma “salítreo” que enriquece mis pulmones. Mis fuerzas han abandonado todo mi cuerpo; sería incapaz de mover ni un solo dedo. Esto es la paz. Es la reconciliación con mi cuerpo.

Siento suavemente las caricias de los rayos de sol mimando mi espalda. No existe el tiempo; toda la eternidad es mía.

Un niño corretea delante de mí persiguiendo un balón de plástico hinchado. Poco a poco la gente tumbada me rodea. Semiinconsciente oigo una conversación que no escucho y que suena allá lejos, en los límites de mi consciencia.

Siento mi espalda más calentita. Que maravilla de bronceado estoy cogiendo. En pocos días a lucir mi moreno con la ropa nueva.

Acaba de llegar una señora bastante mayor con un bañador negro y algo rellenita. Abre su silla plegable. Se sienta sobre ella. Extiende lentamente sus piernas en dirección al mar, y apoya sus codos en el reposabrazos de su asiento con la palma de las manos hacia arriba, como pidiendo limosna al sol: “Aquí estoy, dame tus rayos benéficos”.

Ahora sólo veo a la señora que me tapa el Benacantil entero, con su castillo y su “Cara del Moro”. La vista es más aburrida. Pero vuelvo a cerrar los ojos y me duermo en silencio.

Un golpetazo y una sensación fría rompen mi plácido sueño. Oigo gritos. Doy un salto asustado y me incorporo. Sale humo de mi cuerpo. Cuando se disipa el vapor de agua formado por el líquido elemento que un bondadoso bañista me ha arrojado con el cubo del niño, que había dejado de jugar a la pelota, y ahora, se dedicaba a labores de arquitecto a la vez que albañil construyendo un bonito castillo de arena, para apagar las llamas de fuego que el sol había provocado en mi espalda, me vuelvo a mirar y ante mi estupor veo un gran agujero en mi abdomen. Agacho aterrorizado más la cabeza para verlo mejor ya que no doy crédito a esa espeluznante visión. Y a su través, descubro cómo las olas del mar chocan monótonas e impasibles sobre las rocas del Meliá.

Avergonzado cojo la toalla llena de arena, la sacudo con rapidez, la estrujo y retuerzo, y me la pongo a modo de tapón para que nadie me vea mi gran agujero que tanto me afea. Con aquel túnel taponado me quedo más tranquilo. Me pongo la camiseta y paseo. Pero al mirar mi sombra que proyecta el sol sobre la ancha acera me veo de perfil y contemplo cómo una curva adorna mi vientre y me asusto al pensar que es la barriguita que me ha aumentado sin yo haberme dado cuenta. Pero respiro al acordarme de que es la toalla de la playa que utilicé para taponarme el agujero de la barriga la que me sobresale bajo la camiseta y me forma esa maldita curvita de la felicidad.

Disimuladamente cojo lo antes posible un taxi hasta mi casa. El agujero ocupa todo mi estómago. Me ducho. Me cambio de toalla. Me pongo una más pequeña. Me visto, me afeito, me peino y me miro en el espejo el perfil que ya está liso como una tabla. Se me ha pasado el susto. Salgo a pasear… Mal empiezo el verano.

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Juan Antonio Urbano

Soy profesor de Educación Primaria. He publicado cinco libros; dos en valenciano: 'El seu nom era Pere Bigot' (2012) y L’arbre màgic' (2012); y otros dos en castellano: 'El misterio de la cueva' (2014) y el poemario 'Camino entre versos' (2019), estos publicados por la Editorial Club Universitario y 'Entre el asfalto' (2022) por la editorial Olélibros. He publicado en diversas Antologías y revistas poéticas y artículos en distintos medios.
En noviembre de 2016 creé y coordiné el grupo poético PARNASO perteneciente al Ateneo de Alicante. He organizado numerosos recitales poéticos, entre los que destacan el I Encuentro de poetas alicantinos y otros con el grupo PARNASO dedicados a Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rubén Darío...
Recibí el segundo premio del Certamen Poético Numen (2013) y el 2.º premio en el Real Casino de Murcia del Encuentro 'Poesía hispano-argentina' (2019).

6 Comments

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  • Querido ‘urbanita’, amigo del sol y del mar. He paseado por la playa del Postiguet y no te he visto tumbado en la arena sino caminando sobre las olas del Postiguet. Te he saludado agitando mis brazos, pero no me has contestado. Mirabas más alto, hacia la Cara del Moro. Tus manos sujetaban una toalla en la barriga. Sonreías.
    (Me encanta leerte).

    • Muchas gracias Ramón, eres muy amable con tus palabras.
      Como al protagonista de este relato, a mucha gente le importa más su apariencia exterior que lo que llevan en su interior con tal de ofrecer una buena imagen y no cuidan ni se enriquecen por dentro.
      Ahora bien, desde aquí, encaramado en la Cara del Moro, te mando un cordial saludo.

  • Espero que el agujero negro del abdomen se te haya quitado ya con alguna crema después del sol. Tu relato es muy refrescante en este tiempo de una ola de calor que se derriten hasta las farolas del paseo del Postiguet. Un saludo.

    • Gracias Ramón. Sí estamos pasando calor. En cuanto al agujero, lo voy a dejar ahí para recordar que más vale estar sanos que muy morenos.
      Saludos

  • Querido Juan Antonio magnifico relato. Cuando llega el verano y la playa, es para mi como un alto en el camino y una renovación del pensamiento. El mar es un sentimiento y una brisa azul llena de misterios y de eternidad. Y sigo creyendo en las sirenas y que Ulises aún no ha regresado a Itaca. Enhorabuena y un fuerte abrazo. Julio Calvet

    • Muchas gracias Julio. Siempre resulta refrescante la idea de mar abierto con toda su gama de colores.
      Ulises, eterno viajero. Ítaca, símbolo del final del camino. Ulises somos nosotros que recorremos el camino de nuestras vidas, y en ese camino, con las dificultades y alegrías vamos creciendo y madurando como le sucedió al héroe griego. Lo más importante no es Ítaca sino el impulso que nos empuja hacia ella, lo que aprendemos en el viaje.
      Un abrazo, querido amigo.

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