Vagaba solitario como una nube donde la visión de miles de dorados narcisos silvestres danzando a orillas del lago Ullswater se convierte en un refugio de paz y felicidad para cuando se está solo… “y mis ojos se embebían ignorando que aquel prodigio suponía un bálsamo y mi pecho recobra su hondo ritmo y baila una vez más”.
Y así sin más… la tierra sonríe en flores de tila y naranjo con esencia de canela, menta y trocitos de frutas de la pasión y ¿al más egocéntrico y soberbio y rebelde y caprichoso y altanero y…. vuelve manso? Evaporación, sublimación, condensación, precipitación, nieve derretida, agua… y mientras tanto, la naturaleza nutre el alma y todos los aromas están hechizados y si de día se iluminan, la noche hace que se enciendan y son poesía y son calma y son melancolía y son ilusión y son caricia y son alimento y paz interior y son vida… Para el perfumista francés, Lutens, el olor y frescor más delicioso de toda la familia de los cítricos es el que desprende el limonero, sin dejar de lado, el pomelo, el cidro y el mandarino y cuenta la leyenda que los soldados de Alejandro Magno lo llevaron de regreso a Grecia tras conquistar el valle de Indo y cuenta la Biblia que se originó en el Jardín del Edén cuando Eva se lo llevó al huir del paraíso conservando sus cualidades estéticas y dándole toda su amargura…Situaciones del alma sedienta ¿libre de pecado? y ¿Libre de culpa? y… ¡ya quisiera yo que me regalasen un limonero en flor con un mensaje de amor eterno y de reconciliación!… ¡Me vuelvo sólo un poco intensa! Y con sus florecillas blancas fragantes que maduran en frutos dorados y que encarnan frescura y salud y de repente me apetece exprimirlos al máximo en su jugo y en dulces, inquietos y estratosféricamente inesperados puntos suspensivos… El azahar de naranjo lo asocian con la felicidad y sus pétalos simbolizan candor y pureza de las novias y sus intensas, brillantes y aromáticas hojas verdes, expresan el sentimiento que persiste sin más y su imponente fruto indica la esperanza del buen amor y su arrolladora esencia continúa su debut en el mundo de la cosmética, desde María de Médici, en el siglo XVII, con la princesa italiana, Anne-Marie Orsini, y su exquisito aceite de neroli que se lo untaba en los guantes y al agua de baño y con los árabes en Siria en el siglo VIII quienes, al parecer lo introdujeron antes de conquistar la cuenca del Mediterráneo.
Y si de infusiones que te ponen, se trata la cosa, la de Anémona está en la “playlist” cuando el pobre de Céfiro “dios del viento del oeste”, estaba terriblemente tragado… ¡no!… Lo siguiente, y ¡hasta las trancas! de la ninfa, “viento” en griego y los terribles celos de su esposa, la convirtieron en flor, y sus esponjas y ligeras semillas se fueron volando con total facilidad y también dejó huella en Adonis, de quien estaban perdidamente enamoradas, Afrodita y Perséfone, y el muy guapo y guapísimo, murió muy joven por una herida de un jabalí y entonces…gotas de su sangre dieron a luz a la bella flor…la preferida por los floristas, “la coronada” y la de color rojo que enfunda pasión y constancia, la amarilla, tenacidad, y La violeta, abandono y tristeza. Y para seguir sin despertar… una muy calentita de adormidera ¡me la quedo! las excavaciones arqueológicas atestiguan su uso desde el Neolítico y le conocían como la “hierba de la alegría” para calmar el llanto de los niños, inducir sueños premonitorios y como decoración, en las tumbas de los faraones egipcios en señal del descanso eterno y en preciosos ramos florales de centro de mesa y de pronóstico de amor de ensueño con su savia que era mezclada con vino de palma y era la bebida preferida de Cleopatra con sus interesantes propiedades eufóricas y afrodisiacas y la preferida, en la mitología griega, por “Hipno” dios del sueño, que aparecía representado con su cabeza inclinada, adormecido y sosteniendo entre sus manos, “semillas sagradas” y preferida por “Deméter” diosa de la agricultura, a quien le fascinaba su propiedad de crecer de manera espontánea en medio de campos de trigo y de cebada. Y siguiendo con la música, en el ranking y conocida desde el principio de los tiempos, se encuentra la especie más antigua del mundo, que es una flor, y que las investigaciones recientes la ubican en Creta con esa inquietante leyenda que parece ser la misma de su flor… la muerte del crocus quien da a luz al azafrán y su pistilo de color rojo simboliza su sangre, y cuentan que “Júpiter” se reunía con sus amores sobre un lecho repleto de azafrán con su sabor, salud y sexualidad… que hasta “Cleopatra” cayó en sus redes como “especia” para condimentar y adobar sus recetas dándoles un toque saludable con hojas molidas y tostadas, flores secas y raíces carnosas de achicoria en su bebedizo que le atribuyó virtudes tónicas para el estómago, favoreciendo las digestiones difíciles y como alternativa del café… los tallos que terminan en un grueso botón, en verano, al llegar el mediodía, florecen en forma de hermosas estrellas azules y se cierran al ponerse el sol y es una hierba tan agradecida que crece en el borde de caminos, ribazos y en terrenos sin cultivar de las zonas más bajas de las montañas en toda la península ibérica.
Y la infusión de Acacia, blanca y rosada, que acompaña esa ternura profunda y ese amor secreto, tanto así…que el romano “Plinio el Viejo” en el siglo I d. C., elogiaba sus virtudes como “espinas” y que tenía con qué defenderse y su agraciado florecimiento durante todo el año y que con él tiempo, fue llenando de belleza las regiones más desérticas con sus propiedades depurativas para el alma, y tanto y más… que se llegó a adorarla en Egipto llamándole “árbol de la vida” y juntándola con la extraordinaria espiga floral de “la bromelia que enamora” y que se reproduce por retoños, vástagos o hijuelos…la tropical Aechmea que mantiene su reputación como “planta regalo” y con la particularidad de crecer sobre otros vegetales pero… ¡nunca jamás! a costa de ellos, con su borde protegido por unas pequeñas púas en sus hojas de color rosa y en la que esconde su pequeña flor azulada…

Y entonces, es primavera y sienta de maravilla ese “estallido de vida” como “amuleto del amor” suave y gentil, con forma de cascadas y oda de pasión, ternura, calma, espiritualidad, conexión mágica, espontánea, duradera y de resistencia en los sentimientos como caricias en un jardín sutil, a la floración vibrante de la “flor del amor” el agapanto y sus tallos de hasta setenta y cinco centímetros y sus inflorescencias, de un discreto tono lila, realza la belleza en patios, terrazas y jardines… Y entonces, sale a la luz, un extraño té, que es muy saludable pero que repele por su fastidioso olor debido a la alicina que se libera y que es rico en azufre, pero… para cada mal hay cada solución… para ese aliento volátil que aleja, está la manzana y las hojas de hierbabuena, llanten y toronjil… El ajo, planta hortícola de tallos subterráneos y muy amigo de los chefs como condimento acompañado de cebollas y puerros y ni tanto, del frio que casi nunca se deja verla florecer con aspecto de umbelas, violetas, moradas, amarillo dorado y hasta esferas de 15 centímetros de diámetro de color blanco rústico y otras exhiben bellas formas estrelladas y me antojo, en este instante – más que de un té, porque voy a plantar un beso- de esas muy inquietas y alocadas inflorescencias, así que voy a ¡por un jarrón!
Y revisar el exceso de humedad que pudre sus bulbos, y por esa sencilla razón, sus dientes de colores, blanco, rosa y rojo, se aconseja consumirlos en fresco o en seco y requieren poca profundidad para ser plantados, y cuánto más fuerte sea la tierra menos profundidad y, siempre con la punta hacia arriba, unos tres a cinco centímetros… y las acompañaré de ramas de Álamo que bailan al mínimo soplo de brisa al igual que otras de sauce con sus discretas flores en coloraciones amarillas, cobrizas, verdes y blancas, conocidas como Amentos y su silueta que alcanza más de treinta metros de altura me resulta atrayente y es que son árboles majestuosos, esbeltos, de desarrollo veloz, de copas amplias, elegantes y guapos y le pondré hojas grandes y acorazonadas de albaricoquero…un árbol frutal con flores grandes y aisladas de color blanco y rosado que adornan los meses de febrero y abril y exhiben su relación familiar y gran amistad con la delicia del manzano y el cerezo. Y continúo mi lista con una infusión de alcachofa, sensible al frío y a la humedad y sus exquisitas inflorescencias tiernas y toda su belleza al florecer sin espinas, en ese tono granate y cereza y al jarrón le pongo alegría…planta de larga floración en primavera y verano y amplia gama de colores en tonos pastel, blanco, rojo, rosa, naranja y violeta y hojas de alerce en coloraciones doradas y pardas antes de que caigan en otoño y conos fructíferos pequeños que se vuelven marrones al madurar y me encantan porque viven muy a gusto en las alturas, hasta dos mil trescientos metros sobre el nivel del mar… ¡Un ramo con altura! Y también le pongo, y ¿me pone? flores, amarillas y granates, de penetrante perfume que atrae a las abejas con esa constancia, coraje y fidelidad en la adversidad…
El poeta de la naturaleza, William Wordsworth, en 1804, en su obra permeada por su aprecio a las flores ya los mencionaba… “aunque mis ojos ya no puedan ver ese destello que me deslumbra, aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo ” y la naturaleza era fuente de consuelo, inspiración y maestra moral y creía que incluso la flor más humilde o insignificante podía despertar pensamientos demasiado profundos para las lágrimas. Los narcisos con su modesta resistencia y su capacidad para inspirar y “dejarse embobar” en cada rincón junto con margaritas, celidonias convertidas en el heraldo de la primavera, violetas y campanillas, símbolo de modestia, inocencia, despertar de la vida y gloria de la Naturaleza frente al paso del tiempo en nuestro tiempo… el “wallflower” simboliza fidelidad y belleza que perdura en lugares abandonados, “soy mendigo que amores solicita” ¡oh limosna de amor! Cuenta una leyenda escocesa del siglo XIV, que la hija del conde March estaba “tragadísima” y su padre no dejaba que se casase y para evitarlo la encerró en una torre y mientras ella trepaba para escapar y encontrarse con su amado, se transformó en suave, delicada, exquisita y colorida flor de alhelí.
Y me apetece agregar al jarrón, Arrayán, me encanta y tanto y más… y tonalidades blanco y rosa, con flores de Almendro que cubren amplias zonas del Mediterráneo y sentir un árbol que supera los setenta y más años de vida y lucir el calor, ya casi, del verano, con la belleza efectista y cargada de personalidad de sus largas inflorescencias en azul, blanco, amarillo, lila, rosa, violeta, que prosperan a pleno sol o en la sombra y de vivaz altramuz con una auténtica caricia de sueño y ensueño y de propiedades medicinales y de fertilidad de amapola con su roja flor, símbolo de Morfeo, dios del sueño, quien cansado de ver a Deméter preocupada por su hija Perséfone, le regala un precioso ramo y ella se queda dormida plácidamente y recibe consuelo a su ansiedad, lo mismo que hicieron los egipcios, que esparcieron pétalos en las tumbas para sentir tranquilidad y que sus difuntos tuviesen un apacible viaje eterno…Y como dejar de lado y despreciar la anémona que florece en blanco, rojo, morado y azul, con su vistosa corona de estambres en el centro que ofrece contraste frente a la coloración de sus pétalos.

Y de sorbo en sorbo, la propiedad digestiva de una hortaliza muy delicada y exigente en su cultivo, el aromático apio y de las propiedades medicinales de la aquilea y aquí me detengo sólo unos segundos, y reservo unas cuantas florecillas en sorprendentes tonos amarillos, y mientras tanto, siento el alivio de contusiones, golpes y magulladuras de la vida, con la arnicina en las cabezuelas, de color amarillo intenso, de árnica, conocida también como, tabaco de montaña, estornudadera, talpa y flor de tabaco y crece en prados y bosques y sus flores, frescas y desecadas, desde abril, se dejan ver como pinceladas doradas, por los Pirineos, la Cordillera Cantábrica, Galicia y Portugal, y entonces, la suave llovizna me trae añoranza de un suave y envolvente abrazo con aroma a mirto y flores de manzanilla… “Y es que veo y vuelvo a ver y claramente esos instantes alegres y de pureza con mi abuela en su jardín que calma al alma… me ponía en remojo, dentro de una tina con agua tibia, calentada por los primeros rayos del sol caídos desde las montañas, repleta con hojas pequeñas, redondeadas, de color verde oscuro, y con un olor al estrujarlas, muy parecido a cuando ella podaba sus matas, en ese hermoso patio “nicho” donde cada verano parecía caer nieve por la preciosidad de sus florecillas blancas, dulces, de crecimiento libre y en compañía de deliciosos puntos suspensivos… y ahora mismo, con la infusión exageradamente calentita, que bebo de a poco y entre suspiros y desde aquí, desde el Mediterráneo, lugar de este delicioso y refrescante arbusto, fragante, y me hace hincapié en lo afortunada que aún soy y le hago honores de respeto, admiración, entereza y aguante con plumas de colores vibrantes, en rosa y rojo, con paciencia y dedicación de la floración de la astilbe, entre junio y agosto, y de amabilidad con amorosas adelfas y esa particular historia del poeta Ovidio, en la que Dafne era una ninfa de inmensa belleza antes de convertirse en una de ellas, y de Cupido, quien quería vengarse de Apolo, disparando dos flechas, una de oro, que alcanzó a su rival y enloqueció de amor por ella, y la otra de plomo, que tocó a la ninfa y le provocó su rechazo y Apolo seguía tan intenso, que Dafne al sentirse tan acosada, le pidió a su padre, Peneo, dios fluvial, “S.O.S” y así la transformaría en adelfa para ocultarse, mientras otros dicen que era muy unida a Artemisa, diosa de la caza, y prefirió entonces ser flor antes que dar su sí a Apolo… ¡cosas del amor!…
Y de la resistencia, belleza en la adversidad y capacidad de adaptación de las jaras, hasta la fortaleza y elegancia en la forma de estrella de las flores de potentillas y su simbología de lealtad, consuelo y finalización de ciclos y hasta el nacimiento del Áster de las lágrimas vertidas por la diosa griega de la justicia, Astrea, cuando al parecer, Pandora abrió la caja que contenía todos los males de la humanidad y de la mitología romana como flor de Venus, diosa del amor… Virgilio, cuenta que los altares de los dioses solían estar decorados con ásteres en todos sus colores…blancos, rosas, rojos, morados, violetas, azules, malvas…Y la inocencia y honestidad, en vivos colores, de azucenas sobre recias varas que sobrepasan el metro de altura hasta la expresión de una tímida declaración romántica del aciano, que suele crecer en campos de trigo, en este tiempo estival y sus flores en azul completo y de origen silvestre, que le han otorgado el estatus de “mensajera de sentimientos delicados que comienzan” y de heroína de guerra donde las haya… Y fue la reina Luisa de Prusia, quien se escondió en un campo repleto de acianos y en compañía de sus hijos para así huir de las tropas de Napoleón I…
Y “cada bebedizo tiene su hechizo” y la jardinera en el jardín que calma el alma tiene también en sus prioridades las propiedades tónicas, cicatrizantes, digestivas y como aperitivo de la herbácea, milenrama y su esbelto tallo hasta los sesenta centímetros rematado por florecillas blancas y discretamente sonrosadas y que florecen en breve en ribazos, collados y laderas.
Y así sin más, infusiones y flores con gloses de llovizna para amores limosneros y ¡siempre listas! en la conquista, armonía, disfrute, recuerdo, resplandor, y tanto y más, en este verano y los que vengan, ¡con los pétalos al sol, tal cual lo que hace falta y muchísima falta hace! para dejarse ver en esa “primera confesión de amor” con una sensible y muy delicada planta que florece al comenzar el frío y solitario invierno, y que sigue siendo la reina de los jardines ingleses y que crece de manera natural hasta en las regiones más aisladas del mundo ¡y de repente! y así sin más… “Te confieso mi amor con azaleas” Y me derrito en flores cuando la fertilidad de la tierra es renovación y belleza natural y la vida es como una hermosa flor y el amor es la dulce miel que la hace plena y rompiendo la regla 3:5:8 (tres tipos diferentes de flores, cinco tallos de follaje y ocho tallos de flores de relleno) para decirle adiós al amor limosnero que se resiste a sembrar y florecer en encantamiento y dulzura…Ya lo vivía en sus carnes, Víctor Hugo, cuando dejó escrito que “la vida es la flor para la cual el amor es la miel”.
Y entonces, y así sin más y porque sí, te preguntas aún, ¿que por qué te quiero? Porque aún yo siento ese primer beso que me diste justo cuando era el momento y a pesar del tiempo vuelvo y te confieso que sigue siendo absurda tu pregunta necia ¿que por qué te quiero? y es que son mil cosas a la vez, es estar contigo, es buscar tu abrigo, es un no sé qué, y culpable es el corazón porque inventó un sueño donde soy tu dueño, tu luna y tu sol y son tantos motivos, que fui como tu cielo, fui luz en tu sombra, fui más que un amigo y conmigo supiste dominar tu miedo y con mi ternura pude demostrarte ¿que por qué te quiero? así que, déjame intentar conquistar tu amor, porque me matan las ganas y déjame robar tu corazón y hacerlo muy mío, y hacer que te olvides de amores pasados, y sientas conmigo que nunca has amado, y déjame quererte como nunca nadie te ha querido, y déjame llenar tu vida de ilusión y fantasía, y que no haga falta palabras ni tontas excusas, y como por arte de magia: cierras los ojos y desbocados y sin temor en aquel jardín secreto con mimosas y lavanda, dimos a las nubes de qué hablar… y sentimos ternura y fue ese primer beso que correspondimos y que apretaba la ropa y temblaba la ilusión, y entonces nos dejamos querer y estrenamos como nunca antes la vida, y soñamos en cada latido porque florecimos en la rabia dormida y tocamos hasta la savia, entre las ramas y mientras buscamos en la memoria, una mágica y hechicera escapatoria, en esa increíble historia de cientos más una página, y separados y pegados de las mismas nubes, y no queríamos bajar de ellas, en esa receta de autor exquisita con estrellas Michelin y con sabor a cielo en donde imaginamos, cada vez que estamos el dulce infierno de la luna, y así sin más…

¿Que por qué te quiero? ¡Madre mía! ¡Santo cielo!
Y es que eso tienen las rosas rosas, y es que sentimos su presencia y es tan agradable, pacífica, armoniosa y nos lleva al recuerdo de esos momentos de los sábados por la mañana, muy temprano, al ir a su rosal a por la rosa rosa más preciosa y de ese color pastel que provoca una ambrosía de tarta de yogur con banano y zanahoria y aroma a vainilla y canela, con café suave, aromático, afrutado y sembrado en su propia finca, inolvidable al paladar y único en instantes de segundos en nuestro tiempo , como esa rosa rosa que cortamos, con mucho mimo, mucho después, millas y millas más una más y después, tras lluvias torrenciales, rayos, truenos, relámpagos y suave llovizna, muchísimo tiempo después, y después de más primaveras y veranos, y de inviernos y otoños y mucho después, entre risas y lágrimas que se hacen océanos y desean secar esos charcos, y mucho después, días y noches, y el mundo parece detenerse en ese “time line” en el que vivimos triunfos, derrotas, cientos más uno más de intentos, y tratamos de escabullirnos del fondo muy negro, y mucho después y con tanto y más… y seguimos con vida y ¿viviendo? ¿sobreviviendo? y con cuidado, ternura, recuerdo vivo y sonrisa cálida y con irresistible llovizna, la llevamos a un rincón del jardín de las palabras en un frasco polimorfo y cristalino que muestra sus espinas sin temor y sus grietas sin reparo y sus escombros en los que ha florecido y entonces, y así sin más…parece que empezamos a comprender, en un atisbo de lucidez mental, y mirando por la ventana azul, caer las gotas sobre el asfalto, como notas de un piano preferido, en esa guardería “Gabriela Mistral” de doña Emma… paz, silencio, franqueza, Naturaleza, el cantar de los pajarillos mirándose al espejo rectangular muy amplio, aire fresco, tranquilidad, inmersión hacia la raíz, y la ¿rebeldía? y el ¿paracaídas? Y cada sábado, muy de madrugada, disfrutaba al verla en su jardín y sus rosales que pintaban el paisaje de montañas muy verdes con rayos de sol acariciando cada planta, cada hierba, cada gajo, cada todo que parecía tan salvaje como tirarse en paracaídas… ¡un salto al vacío plenamente seguro!
Y es que eso tiene el buen amor y eso tiene esa rosa rosa, que florece sin rebeldía y sin paracaídas, invadida dulcemente de nubes con sabor a crema chantilly, nata montada y praliné y ¿le leen, le piensan y le escriben, mucho y muchísimo después? Y mientras tanto, en ese mágico fragmento y sin tinta, empezamos a escribir ese libro en puntos suspensivos y conmovidos por un intenso beso robado, suave, delicado, sin expectativa, sin etiqueta, sin pecado, sin culpa y quitando los miedos, y en el que la vida parecía comenzar otra vez como regalo caído del cielo para abrazar tantísimas caídas… ¡estaría más que bien! dar permiso, ferozmente, a la belleza de nuestros sueños y darlos como hechos y probar ese lugar donde queremos estar y ese jardín donde queremos florecer 🌼 y saborear el anhelo del 💙 y que nuestras imperfecciones se dejen ver entre sus grietas y en calma, con profundidad de espíritu, sin disculpas y verterlas en la almohada y despertar de la cama soñando que estaban dentro y que se escapaban como agua entre los dedos y como poema en Emily Dickinson “tú me enseñaste a esperar conmigo mismo en esa cita estrictamente cumplida, tú me enseñaste la fortaleza del destino, esto también he aprendido”.
Y entonces traemos privilegio y responsabilidad de reinar y de ponernos la corona, de gobernar y de dirigir los pensamientos y el devenir del corazón, con su perfume que embriaga, y de celebrar hasta más allá de los sentidos esa esencia Divina y sagrada en la que somos ese perfume “vida” que hemos elegido y que nos encanta y con cada flash, con cada dosis, con cada latido, y en milésimas de un nanosegundo en el meta verso, nos despierta y cerramos paso a lo vivido de ayer, de antes de ayer, de anoche, de tras de anoche, trasnochado, tras vivido y trasluchado y tras, tantos y tantísimos, y tras enterrar aquello que debería ya estar enterrado…, damos paso a todo aquello que nos aleja de comprender que somos únicos, envueltos en pétalos perfectos y ramas perfectas, con movimientos libres y dinámicos, con tallos ergonómicos y estilizados, y con raíces que exclaman, a cada amanecer, ¡buenos días! con ilusión, esperanza y prosperidad…
Cada vida única como esa rosa rosa del jardín como regalo estratosférico para desenvolverlo con amor…
Cada vida única como esa rosa rosa del jardín con un corazón único y viviente preparado para aliviar el propio dolor de roturas y desmayos, con propósito de vivir una vida satisfactoria antes de su caducidad…
Cada vida única como esa rosa rosa del jardín con sentido, conexión, empatía, simplicidad, compasión activa, actos de bondad y de ternura, que maraville y de significado a cada inhalación y exhalación…
“Si puedo evitar que un corazón sufra, no viviré en vano; si puedo aliviar el dolor de una vida, o calmar una pena, o ayudar a un petirrojo desfallecido a volver a su nido, no viviré en vano” sentía Emily en uno de sus 1.789 poemas y que escribo, ahora mismo, con cada gota de infusión con gloses de llovizna para amores limosneros, como titular periodístico, La naturaleza Divina de un corazón viviente…

Y es que, el corazón es el maestro y la capital de la mente, el que da calidad, emoción, sabor, esencia, enseñanza, razón y sin razón, es al que preguntamos y preguntamos y requeté preguntamos y responde con taquicardias, bajadas y subidas de tensión, arritmias, sofocos y lo que dictamine el cardiólogo y el mal de amores y el que estimula el efecto y embrujo mágico del deseo, la curiosidad, el experimento, lo salvaje y lo selvático, la casualidad y la eventualidad, la rareza y la Divinidad, el cosmos, la ciencia, el continente y el contenido, la física y la química, el capricho, las ganas, los antojos, el éxtasis, la imaginación, el estar y sentirte vivo y lleno de gloria y bendito de gracia y el que siente con profundidad, hondura y amplitud.
Y es que, el corazón es esa verdad escrita a lápiz con versos de colores de la Naturaleza, en papeles sueltos, servilletas, hojas de plantas al caminar por el campo, recortes de periódico, miradas, suspiros, besos con sabor a tiempo y eternidad y donde la palabra, las letras, las frases, las estrofas, las melodías y canciones, oraciones simples y compuestas, soledad, silencio y espacio, puntuaciones, exclamaciones, admiraciones y puntos suspensivos, semántica, semiótica, y hecho trozos y ¿quién nos va a curar el corazón partido?…pidiendo que amemos o que olvidemos para siempre y por siempre y nunca jamás, la extraordinaria perfección del ser amado, y tantísimo y más y muchísimo más, en cada corazón que parece que nace entero y sin roturas, “inmune” a la necesidad y al dolor, un corazón viviente, herido, con dolor agudo y que en su agonía sigue estando vivo y activo y muestra y refleja y manifiesta su orgullo por el dolor, porque es real y asombroso, y no está hecho de plástico, y es maravilloso y misterioso, y está en un lugar profundo, vibrante, rítmico, intenso, íntimo, exquisito, romántico, selecto, selectivo, de conexión, conectado, enhebrado y cosido a mano con delicadeza, abrazos, caricias, melancolía, lágrimas, sonrisas, lamentos, ganas, y es que… “pienso en el amor y en ti y mi corazón se llena y se calienta y mi respiración se detiene con aroma a verbena y lavanda” en infusiones y flores con gloses de llovizna para amores limosneros y en el que en un mes de mayo de 1886, escribía en su funeral, Emily Brontë “ningún alma cobarde es mía” y así sin más… y con flores de algodón, ¡¡¡escribe Jane!!!













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