Cuando empecé a colaborar con Hoja del Lunes, no sabía que aquel espacio acabaría convirtiéndose en una especie de cuaderno de viaje profesional y personal. Llegué al semanario digital de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante con ganas de escribir, de conversar, de mirar la actualidad desde lugares quizá menos evidentes y de demostrar que la cultura popular también merece ser contada con rigor periodístico. Con el paso de los años, ese primer impulso se ha convertido en una línea de trabajo: hablar de música, televisión, redes sociales, diversidad, vivienda, educación mediática o derechos sociales como formas distintas de explicar el presente.
En este tiempo he escrito sobre música (desde los “Benidramas” a los “Eurodramas”, pasando por festivales locales, así como grandes nombres de la música que han hecho parada en nuestra provincia), las plataformas de entretenimiento, el fenómeno fan y la industria cultural en general. Podrían parecer temas ligeros, pero nunca los he entendido así. Una canción, un festival, una gala televisiva o un artista pop pueden decir mucho sobre una sociedad: desde cómo nos representamos, cómo consumimos, cómo nos emocionamos, cómo discutimos y cómo convertimos la cultura en conversación pública.
A día de hoy, puedo afirmar que la cultura pop no es un adorno. Es un lenguaje compartido. Es memoria sentimental, industria, identidad, negocio, comunidad y conflicto. Por eso me ha interesado escribir sobre Eurovisión no solo como concurso musical, sino como escaparate político, social y emocional. Por eso el Benidorm Fest ha ocupado un lugar tan destacado en mis artículos: porque conecta Alicante con una conversación nacional e internacional, porque convierte una ciudad cercana en epicentro cultural y porque permite analizar cómo se fabrica hoy un fenómeno musical.
También he encontrado en el cine y la televisión una forma de leer nuestro tiempo. Escribir sobre Barbie, La Mesías, Rainbow, Las noches de Tefía u Operación Triunfo me ha permitido abordar cuestiones de género, memoria, religión, fanatismo, diversidad, representación y mercado audiovisual. Me interesa lo que ocurre en la pantalla, pero sobre todo lo que sucede después: la conversación que genera, las incomodidades que despierta, las identificaciones que provoca y las preguntas que deja abiertas.
Junto a esta mirada cultural, mi colaboración en Hoja del Lunes ha estado atravesada por una preocupación constante por la comunicación digital. Las redes sociales, los memes, la desinformación, los influencers, la economía de la atención y la alfabetización mediática forman parte de nuestra vida cotidiana. Como periodista, me parecía necesario observar ese territorio sin prejuicios, pero también sin ingenuidad. Las redes pueden democratizar voces, crear comunidad y abrir debates; también pueden amplificar odio, manipulación y ruido. Entre esos dos extremos está el trabajo periodístico: explicar, contextualizar y ayudar a distinguir información de espectáculo.
Ojo al Lunes como laboratorio
En mi humilde opinión, uno de los proyectos que mejor resume esta vocación ha sido Ojo al Lunes, el pódcast que he dirigido en la Hoja del Lunes. Cuando nació, en octubre de 2022, lo hizo con la voluntad de ampliar el semanario hacia el lenguaje sonoro y de abrir un espacio más conversado, inclusivo y plural. Para mí ha sido mucho más que un pódcast: ha sido un laboratorio periodístico, un lugar donde escuchar antes de opinar y donde invitar a otras voces a construir el relato.
A lo largo de tres temporadas, Ojo al Lunes me ha permitido hablar de temas muy distintos, pero unidos por una misma intención: comprender mejor la sociedad que habitamos. En la primera temporada abordamos el papel de la mujer en el periodismo, los libros musicales, las nuevas maternidades y paternidades, la infertilidad, el arte drag, la Ley Trans, los refugiados de la guerra de Ucrania, el encarecimiento de la música en directo, la ciberseguridad y el lugar del pódcast frente a la radio. Fue una temporada de descubrimiento, de búsqueda de tono y de confirmación de que había espacio para conversar con profundidad desde un medio local.
La segunda temporada consolidó esa línea. Hablamos de la influencia en redes sociales, de la pornografía y los menores, de la discapacidad, del odio, de la Ley Trans un año después, de la música como industria cultural, del techo de cristal, de la donación de órganos y trasplantes, de Palestina y de la presión estética asociada a la edad y la belleza. Fue, probablemente, la temporada que mejor reflejó la ambición social del pódcast: poner sobre la mesa temas incómodos, urgentes o necesarios, pero hacerlo desde la escucha y la divulgación.
La tercera temporada mantuvo esa mezcla de cultura, pedagogía y actualidad. Tratamos la educación sexual, el fenómeno fan, el orgullo LGTBIQ+, la desinformación, Eurovisión y el Benidorm Fest, los memes, la discapacidad, los clubes de lectura, la politización de Eurovisión por el conflicto en Gaza y la alfabetización mediática como una misión necesaria para la APPA. Si algo confirmé durante esa etapa es que los asuntos culturales y los asuntos sociales no viven en compartimentos separados. Un meme puede hablar de política. Un festival puede hablar de identidad. Una conversación sobre fans puede acabar explicando cómo se construyen hoy las comunidades.
Los datos también cuentan una historia
Durante todo este tiempo no he prestado especial atención a los números porque la motivación personal de tratar temas que me preocupan y ocupan me mantiene firme con la colaboración. Pero con motivo de estos 500 números, no puedo dejar de hacer zoom sobre los datos de audiencia ya que también ayudan a entender el recorrido del trabajo realizado durante estos años. Las tres temporadas de Ojo al Lunes suman 145 920 visualizaciones en las páginas del semanario. La primera temporada acumuló 40 320 visualizaciones, con una media de 4032 por episodio; la segunda alcanzó 59 806, con una media de 5981; y la tercera reunió 45 794, con una media de 4 579. Más allá de la cifra, estos datos me hablan de una comunidad de oyentes y lectores interesada en detenerse, escuchar y pensar.
El resto de artículos que he publicado en Hoja del Lunes, fuera del pódcast, suma 239 464 visualizaciones en 30 textos, con una media de 7982 visualizaciones por artículo. En conjunto, las 60 publicaciones analizadas alcanzan 385 384 visualizaciones públicas en la web del semanario. Los artículos escritos representan aproximadamente el 62,1 % de esa audiencia y el pódcast el 37,9 %. Son números que agradezco, pero que interpreto con prudencia: no explican por sí solos el valor de un trabajo, aunque sí muestran que existe interés por una forma de contar la cultura y la sociedad desde Alicante.
Entre los contenidos con mayor impacto aparecen los textos vinculados al Benidorm Fest, Eurovisión y la música. El artículo sobre Nebulossa y Zorra superó las 32 000 visualizaciones; la final ganada por Lucycalys y Tony Grox, más de 21 000; y la victoria de Melody, más de 18 000. En cuanto al pódcast, algunos de los episodios más vistos fueron los dedicados a Eurovisión, la discapacidad, el odio, la Ley Trans, la música como industria cultural y la donación de órganos.
Vistos en conjunto, esos datos confirman algo que he defendido muchas veces desde mis textos: la cultura popular importa. Importa porque conecta con la gente. Importa porque permite hablar de temas complejos desde códigos compartidos. Importa porque una canción, una serie, un festival o una conversación digital pueden convertirse en puertas de entrada a debates sobre derechos, identidad, memoria, igualdad, representación o democracia.
También he aprendido que el periodismo local no tiene por qué ser pequeño. Desde Hoja del Lunes he podido mirar Alicante, pero también mirar desde Alicante. Esa diferencia me parece importante. Escribir sobre el Benidorm Fest desde la provincia de Alicante no es hacerlo desde la periferia de la noticia, sino desde uno de sus centros naturales. Hablar de cultura, redes o sociedad desde un medio como este demuestra que los debates globales también se piensan, se viven y se cuentan desde lo cercano.
Si tuviera que resumir estos años de colaboración, diría que han sido una escuela de mirada. He aprendido a prestar atención a lo que parecía secundario, a tomarme en serio los fenómenos populares, a escuchar voces distintas y a defender que el periodismo también consiste en tender puentes entre mundos: entre lo cultural y lo social, entre lo local y lo global, entre la emoción y el análisis, entre la actualidad y la memoria.
Hoja del Lunes me ha permitido hacer exactamente eso: escribir, preguntar, escuchar y experimentar. En sus páginas he encontrado un espacio para contar el presente desde la cultura, pero también para recordar que detrás de cada tema hay personas, conflictos, deseos, miedos y formas de vivir. Quizá por eso, después de todos estos artículos y episodios, sigo creyendo que mirar los lunes de frente es una buena manera de entender la semana, el oficio y el tiempo que nos ha tocado contar.
Resumen integrado de publicaciones en Hoja del Lunes
| Bloque | Publicaciones | Visualizaciones en HDL | Visualizaciones promedio |
| Pódcast Ojo al Lunes | 30 episodios | 145 920 | 4864 |
| Resto de artículos | 30 artículos | 239 464 | 7982 |
| Total archivo Roberto Alonso Álvarez | 60 publicaciones | 385 384 | 6423 |













Es de justicia, es necesario, darte un aplauso atronador.
Gracias Ramón! Por muchos más números de Hoja del Lunes 🙌🏼
¡Feliz verano!