Narrativa

Algunos hombres buenos

Fotografía: Dyu Ha (Fuente: Unsplash).

Así me sucedió, doy fe: tal como aconteció a Pablo de Tarso cuando fue derribado por su caballo, y cayendo al suelo encontró a Dios. Yo también caí al suelo y encontré la Luz.

La tarde luminosa de un 10 de abril, al salir de un portal oscuro, quedé deslumbrada, no vi los escalones y fui despedida por los aires cayendo sobre la acera, dándome un golpe muy fuerte en el hombro y en el brazo.

Sentí un intenso dolor provocado no sólo por la caída, sino por el desconcierto y el miedo al verme tirada en el suelo, pero enseguida vi como un hombre y una mujer se acercaron corriendo hacia mí. 

En ese momento experimenté como aquel tremendo dolor y la gran angustia que me atenazaba empezaban a calmarse, y aparecía en mí esa sensación de cercanía y humanidad que iba a ser la primera impresión de una serie infinita de emociones que iban a cambiar, para siempre, mi percepción del universo.

Ese día, diez de abril, iba a ser en adelante una fecha inolvidable que guardaré hasta el crepúsculo de mis días en un lugar muy cercano al corazón. Allí guardo también recuerdos de otras caídas, pero esta vez de tropiezos con la tristeza, el egoísmo, la injusticia, la deslealtad, la mentira y la traición.

Fotografía: Akshar Dave (Fuente: Unsplash).

Estas personas que se acercaron no estaban obligadas a ayudarme, pero existen algunos hombres buenos, algunas mujeres buenas. Y su sola presencia junto a mí fue una ofrenda de calidez humana y de cariño encomiable.

Me ofrecieron los dones más hermosos que se pueden recibir: un hombro para apoyar mi cabeza y agua para refrescar mi boca reseca por el dolor y el miedo, y así poder mojar mis labios y mitigar mi angustia.

Nunca me había sentido invadida por una sensación de gratitud y de emoción tan inmensa, al mismo tiempo; era tal la sensación de aturdimiento y dolor que me embargaban que no podía dejar de llorar. Pues jamás me había sentido tan insignificante y pequeña y sin tener nada que ofrecer a cambio, pues ni todo el oro del mundo me hubiera bastado para mostrar mi agradecimiento.

Hoy voy a entregar lo más valioso que poseo: las palabras.

Es en ese escalón donde yo fui testigo del dolor y la náusea, pero también del amor y de la misericordia.

Es en ese lugar mágico donde para mí confluyeron los sentimientos más intensos.

Fue allí donde se me revelaron los grandes misterios de la vida: la existencia del sufrimiento junto a una mano amiga de consuelo; la cruz pesada de arrastrar, pero que es compartida con un hombro que se arrima para soportar el peso y la guerra terrible junto a vidas entregadas a paliar las heridas de la barbarie.

Allí seguiré yendo cada día para buscar la luz y pedir que no se oculte nunca, que necesito esa claridad que haga huir las sombras. Que esa luz siempre ilumine ese punto, allí donde confluyen todos los sueños.

Fotografía: Benn McGuinness (Fuente: Unsplash)

Pondré al destino el nombre de una estrella y así conjuraré tempestades para que nuestras vidas queden iluminadas por piélagos de estrellas y esos instantes de luz se hagan de eternidad.

Invoco la palabra, que es antorcha de fuego que transforma y convierte en realidad aquello que tocan sus llamas. 

Que ríos de tinta recorran todos los lugares de la tierra, y derramen la esperanza que encierran los buenos deseos, con una única dirección hacia la Luz, porque el mundo necesita de todos los focos, de todas las luminarias, de todos los faros cuyo resplandor augure un puerto seguro donde habite la verdad y la clarividencia.

Desde allí, la verdad se esparcirá a todos los lugares donde existen hombres que siguen persiguiendo quimeras porque en sus almas habita una clarividencia inexorable de que la auténtica felicidad está en la generosidad del corazón. Que es más fuerte el amor que la crueldad y el horror.

Ese lugar para mí ha sido como si hubiera descubierto un nuevo punto mágico, donde estuvieran presentes toda mi vida anterior, mi futuro y el de los otros.

Es hacia ese escalón, donde una fuerza misteriosa me arrastra cada día, y es allí donde elevo mi plegaria que hago extensible a toda la humanidad:

Para implorar misericordia, donde yo encontré amparo.
Ternura donde yo fui consolada.
Generosidad donde yo fui colmada.
Ayuda donde yo encontré auxilio.
Refugio donde yo encontré abrigo.
Protección cuando me encontraba a la intemperie.
Compañía cuando sentí la soledad.
Certeza en un mundo de dudas.

Fue en ese microcosmos donde resplandeció la verdad y el amor generoso al que estaré eternamente agradecida.

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María Pilar Galán García

Profesora de literatura y crítica literaria.

6 Comments

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  • Amiga Pilar he leído tu narración de unos hechos ciertos que te pasaron, y que en la caída como Tarso viste la luz de la misericordia y, la existencia de samaritanos y samaritanas que en este mundo viven. Y te puedo decir por experiencia que en este mundo existen más personas buenas que malas, lo que sucede es que las buenas no salen en las noticias. Porque las cosas buenas no son noticias. Y tan cierto es que vivimos rodeados de ángeles de la guarda que solo acuden nuestro encuentro cuando los necesitamos. Espero que estas totalmente recuperada del susto que te llevaste. Un abrazo.

    • Gracias Ramón
      Es verdad que vivimos rodeados de ángeles de la guarda que acuden en el momento oportuno
      Un abrazo

  • Tu artículo, querida Pîlar, además de un canto a la gratitud y a la solidaridad, al amor y a la piedad, es una pieza literaria muy hermosa. Como mi tocayo Palmeral, afirmo que hay más gente buena que mala y también comparto algo que los periodistas siempre creyeron: que las noticias buenas no son noticia. Un abrazo fuerte para colaborar a sanarte plenamente.

    • Muchísimas gracias Ramon
      Por tus palabras, así es justo noticias buenas y hombres generosos y buenos , a los que hay que dar voz!!

  • Querida Pilar, hermoso canto a la luz que emana de los espíritus nobles, de los corazones buenos.
    En un mundo sembrado de cizaña debe prevalecer y resplandecerá el motor de la vida que es el amor. Porque “es más fuerte el amor que la crueldad y el horror”.
    Un abrazo

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