Narrativa

Una almohada en la bañera

Fotografía: Danie Franco (Fuente: Unsplash).

Son las cuatro de la mañana y lo sé porque el viejo reloj de cuco da las jodidas horas, aunque esté a punto de nevar y las paredes estén más frías que el congelador de la NASA en pruebas espaciales. La puerta principal está cerrada con llave, y no para evitar que alguien entre y diga: ¡Joder, qué frío!, sino para que mi madre, Patricia, que acaba de cumplir setenta y seis años hace justo un año, salga a buscar al perro Splug, que murió hace más de diez años. A veces quiere ir a recogernos al colegio a mi hermano Nicolás, que vive en Cádiz y tiene algo más de cuarenta años, y a otro hermano que no sé muy bien la edad pero recuerdo que es gemelo de Nicolás. Mi madre a veces se tumba con una almohada en la bañera o se prepara para darse un baño en medio de la cocina.

Pasemos a cuando voy a casa con algún amigo del trabajo y le digo: Mamá, este es Manuel, es un compañero y vamos a leer un par de relatos mientras tomamos un refresco. Ella le saluda atentamente e incluso le da un beso en la mejilla. Yo, viendo que ambos están cómodos, los dejo un minuto solos, mientras cojo una bandeja verde esperanza y la relleno con dos botes de naranjada y un pequeño bol que rebosa frutos secos, aunque también he puesto pistachos, almendras y cacahuetes. Me pilla de paso mi habitación donde tengo dos relatos nuevos que son los que pretendo compartir con Manuel. De pronto oigo a mi madre pegar un enorme grito y casi no entiendo nada. ¡¡No conozco a esta persona, socorro, socorro, policía, me están robando y son dos personas que no conozco!!

Pasemos a cuando la vida se convierte en algo tan terrible como ser invisible. Invisible para los demás, nos pasa a todos. Invisible para uno mismo, le ocurre a una persona cada minuto del día en el mundo. Para cuando el reloj de cuco vuelva a dar la hora, cinco de la mañana, habrá sesenta personas más con alzhéimer. En solo tres décadas, y conviene ser moderado en los datos, habrá al menos ciento treinta y cinco millones de personas que confundirán el váter con el microondas; y esto no es una frivolidad, sino una realidad en pleno desierto repleto de espejismos.

Sending
User Review
5 (1 vote)

Pablo Guillén

Pablo Guillén empezó a escribir hace algunos años. Un poco para escapar de la rutina de un trabajo que sólo le aportaba un salario. Nada más. Publicó durante algunos años artículos de opinión en un diario local y también participó en algunos encuentros literarios concursando y formando parte en distintas publicaciones.
Tiene tres libros de relatos publicados: “Sombras de luz y niebla”, “Reflejos frente al espejo” y “Lanzarse al vacío y otros relatos”.
Además, tiene el cajón repleto de historias que empujan cada día por nacer, pero la situación actual no es la mejor y como todo el mundo sabe, el dinero no crece por más que riegues esa jodida planta.
Actualmente está inmerso en un nuevo trabajo, sin duda más ambicioso y extenso: su primera novela, aunque declara sin tapujos que se mueve mejor en el mundo de los relatos y puede que le pase un poco como a Oscar Wilde, que sólo escribió una novela, “El retrato de Dorian Gray”.

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Pactos