Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Sociedad

Tradiciones que todavía perduran: la mona

Un niño esclafa el huevo de la mona sobre la cabeza de su abuela // Pilar Cortés.

Sí, la mona de Pascua sigue presente en nuestros días; es una de esas tradiciones que año tras año, desde tiempos inmemoriales, se repite transmitiéndose generación tras generación, especialmente en nuestra Comunidad Valenciana y por ende en nuestro Alicante. Se puede decir que la mona es una de estas tradiciones arraigadas que pertenece al ámbito gastronómico de la Semana Santa junto a las torrijas, los pestiños y los buñuelos de viento.

La receta no parece muy difícil, ya que se trata de un bollo dulce y seco con un huevo cocido (con cáscara) incrustado en el centro. Los integrantes de la masa son: harina, azúcar, huevos y sal. Quien trabaja las mismas dice que conlleva mucho trabajo en su amasado y requiere una hora de reposo previa a su cocción. El nombre de este dulce se dice que proviene del árabe munna, que significa “provisión de la boca”, regalo que los moriscos hacían a sus señores.

Mona de Pascua. Fotografía de Maricel Marimontes (Wikimedia).

Son muchas las poblaciones alicantinas y valencianas con fama en la fabricación de este producto alimenticio, pero para encontrar sus orígenes es preciso remontarse mucho tiempo atrás, entre los siglos IX al XVIII, cuando la Iglesia Católica prohibía comer huevos durante la Cuaresma por considerarlos equivalente a la carne. Los fieles los conservaban en sus despensas para que no se estropearan; los cocían y los cubrían con una fina capa de cera para, una vez pasada la restricción, regalárselos a sus seres queridos en Domingo de Pascua. Esta costumbre se mantuvo incluso cuando la iglesia levantó el veto a los huevos hasta que ya en el siglo XIX los mejores pasteleros de Alemania, Italia y Francia, comenzaron a elaborarlos a base de chocolate con una pequeña sorpresa en su interior. Su producción en esa época representó un gran desafío, ya que se hacían uno a uno mediante un molde. Con el tiempo, estas tradiciones fueron incorporadas a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el huevo de Pascua es un símbolo universal. En Europa se mantiene la costumbre desde la Edad Media de adornar los huevos con pintura.

Un padrino regala la mona de Pascua a su ahijado. Dibujo de Tomás Padró para la revista «Un tros de paper» de 1865 (Wikimedia).

No cabe la menor duda que la mona de Pascua es la protagonista ya que la tradición nos dice también que la Cuaresma ha terminado, así como sus abstinencias, y el huevo que lleva simboliza el principio de la vida. Su elaboración en Semana Santa y su origen además de en nuestra Comunidad Valenciana, también en Cataluña, mantienen viva esta tradición que hoy día se puede encontrar en casi todos los lugares de España. Por otro lado, nos dice que son los padrinos quienes deben obsequiar a sus ahijados con estos ricos huevos en Lunes de Pascua hasta que el niño celebre su Primera Comunión. Las madrinas, en cambio, regalan una palma o palmón. Los huevos de Pascua llenan de ilusión a los niños en esta época del año. No es menos cierto también que muchas panaderías y pastelerías han llegado a competir para ver quién hacía auténticas filigranas con la masa, de ahí que encontremos semejanzas con cocodrilos, lagartos y otras especies de animales, al igual que las de chocolate, auténticas obras de arte para exhibir en sus escaparates.

Para concluir habría que añadir la costumbre de hacer una salida, bien sea al campo, a la playa, al chalet, al apartamento, etc., para comer la mona en familia que ha acabado de dar el nombre a ese día como el Día de la Mona. Pues eso, que la costumbre no se rompa y la tradición continúe. ¡Ah! y cuidado con la frente, no sea que algún huevo, al chocar con ella, no esté lo suficientemente cocido y derrame encima su clara y yema, o, por el contrario, esté muy muy duro y nos deje algún moratón. Esto también es costumbre.

Rafa Rodríguez de Gea

Periodista.

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  • Te ha quedado mono el artículo sobre la ‘Mona’, que se merece una ‘M’ mayúscula. Un abrazo y un ¡aleluia, el Señor ha resucitado!