El domingo 5 de julio salió desde Alicante la 65 Peregrinación Diocesana de la Hospitalidad de Lourdes de la que formé parte. Aunque para mí todo empezó antes, en agosto de 2025, cuando mi amiga se puso amarilla por un cáncer inoperable. Diagnóstico: muerte. Ante estas circunstancias tan duras, a los cristianos se nos abren nuevas puertas hacia la esperanza. Así que le dije: “Nos vamos a Lourdes a por un milagro”. Y allí estábamos por fin, en el Santuario de Lourdes, en el hospital, esperando sumergirnos en el agua de la Virgen de Lourdes.
Y los pequeños milagros se produjeron desde el principio. Como el de ver a una serena pero incansable madre del Cottolengo llevando a 11 enfermas (4 en silla de ruedas, totalmente dependientes) y cuya sonrisa, a pesar de que el cansancio hacía su mella, nos recordaba a la sonrisa de Dios. Como los de esta madre entregada imaginamos la mirada y el amor de Dios.
Un total de 1100 personas fuimos desde la provincia de Alicante, según nos informaron en la hospitalidad. Tal cifra nos hace pensar: “¡qué exageración!”, hasta que reparas en cada pequeño acto que te lleva directo a la grandeza de Dios. Los jóvenes voluntarios vinieron de todos los municipios, Alicante, Elche, Orihuela… Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que más de 80 jóvenes se hayan pagado un viaje solo para ponerse al servicio de los enfermos?.
Un total de 100 enfermos han sido arropados por 1100 voluntarios. Había niños de 12 años, incombustibles, repartiendo agua sin descanso. Adolescentes de 15, 16 años y estudiantes universitarios empujando las sillas y los carritos de los enfermos con una sonrisa, una alegría y una voluntad que no te sale del alma más que agradecer y agradecer. Y es que han ido de voluntarios familias enteras incluso con hijos menores. Los más pequeños forman la Hospi Junior y, junto a sus monitores, se encargan de bendecir la mesa y animar a los enfermos mientras sus padres se ocupan del comedor, la sala, la lavandería, tetería e intendencia en general. Los que son médicos o enfermeras comparten su profesión.
También han participado de esta peregrinación las Escolanías del Misteri d’ Elx y la de Orihuela y entre carrito “p’aquí” y carrito “p’allá” nos han cantado las misas. Don José Ignacio Munilla, nuestro obispo, paciente e incansable, nos ha acompañado en toda la peregrinación junto a 40 sacerdotes. Nosotros conideramos que hemos tenido mucha suerte de contar con ellos y ellos dicen que los afortunados han sido ellos por haber compartido su tiempo con los enfermos.
Y es que no olvidamos que realmente, el centro, el motivo y la causa de estas peregrinaciones a Lourdes son acompañar a los enfermos para ponerlos a los pies de la Virgen, como narra el Evangelio que hicieron los amigos del paralítico de Cafarnaúm, bajándole por un tejado para ponerle delante de Jesús.
Si estás enfermo, de cuerpo o de alma, no lo dudes, ir a Lourdes te cambiará tu vida.













Elegante y emotiva crónica de un viaje de enfermos y voluntarios alicantinos al corazón acogedor de la Virgen de Lourdes, esa María Inmaculada que tantos milagros ha hecho y hace en los cuerpos y en las almas desde que se apareciera a Bernardita.