A deshoras

Pilar Andújar

Pilar Andújar (Fotografía: Jesús Varillas).

Andújar canta, baila, rabia, para conformar singulares “performances”; arte y lujuria estética; el próximo 29 de enero presenta en el MACA su último trabajo, “El Salto”

Queda cursilón (casi ya no se lleva) teorizar sobre la cultura. Entre otras cosas porque ya se ha teorizado en exceso (y se sigue haciendo). En cualquier caso la cultura “sirve” para emocionarnos, conmocionarnos, deleitarnos… Para hacernos la vida un poco más llevadera. La cultura, con mayúsculas, es la expresión más refinada del ser humano, bla, bla, bla. Y también nos distancia, en el mejor sentido de la expresión, de la vulgaridad de la vida, de la pornografía intelectual que campa a sus anchas en la producción televisiva (hay excepciones), ese gigante masterchef en el que se ha convertido casi todo: gritos, estrés y mal rollo. Donde esté una buena sinfonía de Gustav Mahler que se quite todo. Que me corrija Isabel Tejeda. Digo Mahler, digo Ara Malikian tocando en el aeropuerto de Barajas…

En 2020 han pasado muchas cosas, “malgré tout”. Entre ellas, ha pasado por ejemplo la excepcional serie/película de Luca Guadagnino “We are who we are” que nos cuenta con absoluta liberalidad trozos de vida de adolescentes y adultos con identidades abiertas y en construcción (Guadagnino afronta la teoría “queer” sin que se note, con mucha sutileza). Una obra de arte. O el estreno en Filmin de “El francés” de Andrey Smivnov: una revisión, en formato melodrama, del inicio de la era Kruschev: el comunismo duro y genocida de Stalin se transmutó en el comunismo sibilino de Kruschev. Eso sí: con clubes underground en Moscú donde se practicaba el jazz y el amor libre.

Yo personalmente he tenido varios momentazos culturales, además de los citados y obviando la antológica de Mondrian en el Museo Reina Sofía (maldito covid y maldito el pastizal que cuesta el AVE). O la intervención de Israel Galván en la Bienal de Flamenco de Sevilla fusionándose con Le Cirque Romanés en el espectáculo Gatomaquia (me consuelo porque lo vi en noviembre en Las Cigarreras, a palo seco él, inmenso… y gracias al tesón de Carolina Fuentes y los Santa Leonor, Alex Tébar y Miguel Carratalá).

Y entre los momentazos, Pilar Andújar, a palo seco también, actuando en la plaza de Argel de Alicante en una tórrida tarde de julio. Artista multidisciplinar, de tronío, rompiendo todas las convenciones que se le ponen por delante. Mujer brava que se inyecta el arte en vena para entregarse de lleno en los sofocos, y en las alegrías, de la experimentación. Canta, baila, rabia, se fusiona con las nuevas tecnologías y… disfruta como ella sola en una singular “performance”, haciéndonos disfrutar a los demás. La cultura está para deleitar y para conmocionar. Pilar Andújar es en sí misma un festival de la alegría: con pasión y con lujuria estética. Con ganas. El próximo 29 de enero presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) su disco-libro “El Salto”, y el 30 lo hace en la sala de La Lonja de Elche. Luego rotará por media Vega Baja, su patria chica, hasta recalar el 13 de febrero en la Cumbre Flamenca de Murcia. Terremoto Andújar.

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Antonio Zardoya

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