A deshoras

La entronización de la estupidez

Fuente: Federación de Periodistas del Perú.

El otro día se me pararon los pulsos viendo el telediario, el de La 1, a propósito de una breve encuesta callejera en la que algunos ciudadanos opinaban sobre la conveniencia de seguir llevando o no la mascarilla en espacios abiertos como medida profiláctica para combatir la propagación del covid-19. El asunto lo destacaron en los sumarios de inicio del informativo: luego ni vi la encuestita de marras, mi interés no superaba el 0,1. Trasladar a la gente corriente y moliente, donde me incluyo, semejante cuestión no es otra cosa que la entronización de la estupidez elevada al cuadrado. Y ello por una cuestión obvia: son los expertos los que tienen que pronunciarse al respecto. ¿Acaso soy yo médico, biólogo, virólogo o epidemiólogo? No. ¿Entonces?

No sé quien tuvo la ocurrencia de la encuesta de la misma forma que tampoco sé en qué criterios científicos se basa Pedro Sánchez para abogar en liberarnos de la mascarilla en cuestión de unos días. De la misma forma que tampoco sé qué razones esgrime el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, al manifestar sus reservas en quitar de golpe y porrazo, en espacios públicos, ese antifaz con el que llevamos conviviendo más de 15 meses. Solo sé que no sé nada. Si sé algo: los políticos, y los medios (sin ánimo de generalizar) harían bien en callarse la boca en una materia tan importante como la que nos ocupa. Lo he vivido en carne propia, hace unos días en una televisión local, con Rosalía Mayor de compañera tertuliana, en la que nos preguntaban sobre lo de la mascarilla, sobre la conveniencia o no de ser más flexibles con el ocio nocturno y todas esas cosas… menos mal que no nos peguntaron sobre cuál era la mejor vacuna desde nuestro analfabeto punto de vista. Hubiera sido ya para mear y no echar gota.

La misma opinión albergo sobre la “opcionalidad” que han planteado las administraciones públicas, las autonomías, para las personas que han recibido la primera dosis de AstraZeneca y ahora se les ofrecen, a su libre albedrío, si quieren seguir con la misma o “prefieren” la Pfizer. Estamos en las mismas: ¿Qué sabemos los ciudadanos corrientes y molientes de eso? Nada. Los que saben son los expertos. Volvemos a lo mismo: la entronización de la memez. Y así estamos: en menos que canta un gallo te sale un virólogo a la vuelta de la esquina, en la terraza del bar, o en el Mercadona. No sé si esto es una forma muy sutil de entretener a la gente, a los ciudadanos, para que no piensen (me excluyo) en otras cosas. No pretendo ser retorcido. Ni aplicar eso de “piensa mal y acertarás”. Tengo prevención al abuso del refranero, un territorio en el que abundan eslóganes reaccionarios: “Mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Propongo una pregunta gamberra: ¿Por qué no hace La 1 una encuesta para medir la temperatura callejera con respecto a los indultos? Palabras mayores. Aquí solo opinan los políticos, con monopolio autootorgado y derecho de pernada (también ha opinado un sector de la patronal). Ya sé que la comparación puede ser desmedida: mascarillas/indulto. Pero me apetece tomarme esta licencia para abusar a pierna suelta de este nuevo orden ideológico en el que hasta el más tonto hace relojes: la entronización de la estupidez.

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Antonio Zardoya

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