Al paso

La Guerra Civil no terminará nunca (I) *

Nuevo Ejecutivo en la escalinata del Palacio de La Moncloa, 13-7-2021. Fotografía: Pool Moncloa/Fernando Calvo.

Lo han decidido los sociocomunistas zapateristas, sanchistas y podemitas, luchando contra un franquismo inexistente y engañando en una lucha contra molinos de viento.

Por si cabía alguna duda, la última jugarreta sociocomunista, el recién aprobado proyecto de Ley de Memoria Democrática, viene a confirmar lo que ya muchos españoles se temían; que los sanchistas, zapateristas y podemitas se agarran a la teta del franquismo y succionan ávidamente la leche (mala) del franquismo para alimentar el odio de supuestos damnificados del dictador a los 82 años de haberse acabado la Guerra Civil. Estos niñatos sin formación política (no hablemos de sus carencias intelectuales y su desconocimiento y tergiversación de la historia española) se han aprovechado del río revuelto del Parlamento, con multitud de partidos antiespañoles (separatistas catalanes, nacionalistas vascos, bilduetarras herederos de los asesinos de ETA, a los que homenajean, más un diputado del Compromís valenciano-catalanista y un nefasto regionalista de ‘Teruel existe’), para sacar adelante decretos-ley antidemocráticos, pero legales.

Ahora pretenden dar un paso adelante en su imparable carrera hacia la locura y la estulticia políticas: sacar adelante el Proyecto de Ley de Memoria Democrática, un engendro que supera en malicia y ponzoña a la vigente Ley de Memoria Histórica que sufrimos pacientemente todos los españoles desde que Zapatero (al que no sé si calificar de ‘bobo solemne’, como lo llamó Rajoy, el que no hizo nada para acabar con la herencia zapateril, o de ‘malvado’), la impuso. No sé si confiar en que este engendro de proyecto de ley ‘sanchopodemita’ no pasará el filtro del Congreso de los Diputados.

Hasta ahora Sánchez sale airoso de cuantos proyectos pasa por el cedazo parlamentario. Aliado con traidores separatistas y con amigos de asesinos de líderes socialistas está envalentonado y nadie sabe cuándo le llegará el mortal batacazo de las urnas.

De momento, sus batallas ganadas al franquismo, después de muerto éste, le son favorables. Está engañando con éxito a muchos españoles en su lucha contra molinos de viento. Su Gobierno sociocomunista (con cambios en su composición incluidos) no renuncia nunca a su pensamiento único: la destrucción lenta, pero permanente, del régimen constitucional vigente desde 1978. Su pensamiento único es demoler la democracia de convivencia y concordia plasmada en la Constitución y avanzar hacia el dictatorialismo del Poder Ejecutivo manipulando el Poder Legislativo y dominando el Poder Judicial.

Y se permite presumir de idear un país a la altura de los de nuestro entorno europeo. Oculta que no hay una sola nación de la Unión Europea con un Gobierno que tenga ministros comunistas. Olvida (no puede ignorarlo) que el Parlamento europeo condenó tajantemente comunismo y nazismo, equiparándolos en dictatorialismo y crímenes de lesa humanidad. El renovado Gobierno socio comunista se ha estrenado con un viejo proyecto de ley que se atribuye a la extremista Carmen Calvo, a cuyos pechos mamó Sánchez la mala leche que rebosa la que se denomina Ley de Memoria Democrática y no es más que un compendio de despropósitos antidemocráticos y absolutamente infumables para la inmensa mayoría de los españoles que habíamos disfrutado con la concordia y convivencia que llegó y creció con la Constitución de 1978, la que enterró el franquismo para siempre por más que estos sociocomunistas del odio se empeñen en resucitar a Franco y se inventen el peligro de una nueva Guerra Civil, una guerra que no quieren que acabe nunca. ¿Que no acabará nunca?

Se han vuelto locos y pretenden tomar por idiotas a todos los españoles. Es preciso desenmascarar los ocultos y miserables propósitos que esconden tras las buenas palabras manipuladas con el único objetivo de consolidar un sociocomuismo letal para el futuro de España. Para colofón de disparates, en un intento de lavar su imagen, abandona el país en plena quinta ola de pandemia del coronavirus y se pasea por los aledaños de la Casa Blanca haciendo reuniones y ruedas de prensa en las que queda en ridículo porque se siente menospreciado por el presidente Joe Biden. Eso sí, en algunos medios de comunicación estadounidenses le han llamado ‘guapo’. Tenemos un presidente de pasarela. (Seguiremos dialogando sobre el nuevo proyecto de ley y la democracia otro día).


Nota (*): Enlace a La Guerra Civil no terminará nunca (II)

Sending
User Review
5 (1 vote)

Ramón Gómez Carrión

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Pactos