Al paso

La Guerra Civil no terminará nunca (II)*

El presidente del Gobierno durante la presentación de 'España, Hub Audiovisual de Europa', EE.UU., 22-7-2021 (Fotografía: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa).

Alucinante mensaje del Gobierno Sánchez: hace una ley fomentando el odio entre españoles y nos vende que busca que no haya otra contienda entre hermanos.

Este sanchismo comunista del nuevo PSOE y Unidas Podemos no es más cínico, miserable y traidor a la inteligencia media de este pueblo suyo y nuestro (por más que lo intenten el pueblo somos todos y no solo ellos) porque es imposible. No es que no lo intenten, no; un día sí y otro también nos quieren dar gato por liebre, dictadura por democracia. El último intento, como les decía la semana pasada, es el proyecto de Ley de Memoria Democrática, al que dio el visto bueno el Consejo de Ministros y que debería ser rechazado rotundamente por el Congreso de los Diputados, pues se trata de un bodrio tóxico que ningún amante de un sistema democrático querría para su país.

Todo el mundo creía, en España y en el resto de Occidente al menos, empezando por los historiadores más conspicuos y terminando por las ratas de las alcantarillas (incluida la que se coló en el recinto del Parlamento Andaluz), que nuestra Guerra Civil terminó en 1939 y que el franquismo (el de Franco, no el de Pedro Sánchez) periclitó con la llegada de la Transición y la Constitución de 1978, tres años después de la muerte del dictador. Repito: eso lo sabía hasta el lucero del alba. Pero lo sabíamos mal. Nos habían engañado Suárez, Carrillo, La Pasionaria, Calvo Sotelo, Fernández Miranda, Felipe González, Alfonso Guerra, Herrero de Miñón, Jordi Solé Tura, Miquel Roca y Junyent, Gregorio Peces-Barba, Fraga Iribarne y otros pesos pesados de los diversos partidos políticos que se conjuraron para acabar con el franquismo y lo enterraron con la Constitución de 1978.

España y los españoles vivíamos años y años de pleno gozo democrático y los sucesivos gobiernos de UCD, PP y PSOE fueron tomando decisiones importantes para cerrar las heridas de la guerra y del franquismo, reparando las injusticias cometidas con los vencidos y sus familias y mejorando legalmente cuanto hacía falta para alcanzar la plena concordia y convivencia entre todos los españoles. Hasta que llegó al poder Zapatero, el nefasto y malvado presidente que se empeñó en remover el odio entre españoles, inventándose una infumable Ley de Memoria Histórica para hurgar en las cerradas heridas de la contienda y el franquismo en lugar de ir mejorando en el camino de la concordia.

Fuente: Wikimedia.

Pasó la etapa de Rajoy sin dejar huella de recuperación democrática, pero dejando, eso sí, camino libre (ancha es Castilla) al más mentiroso de los políticos que jamás haya tenido España. Sus correligionarios socialistas de los años 30 (los Largo Caballero, Indalecio Prieto y Ángel Galarza, entre otros, con la excepción del sensato Julián Besteiro) hablaban claro; pregonaban alto que querían una dictadura del proletariado, en unos tiempos en que socialistas y comunistas no tenían delimitados sus campos, cosa que no sucedería hasta que el PSOE de Felipe González renunció al marxismo y se posicionó en la socialdemocracia, igual que ocurrió en Alemania. Los españoles le premiaron con 2002 escaños, mayoría absoluta holgada en las elecciones de octubre de 1982.

¿Recuerdan los diputados del PSOE sanchista el 10 de noviembre de 2019?  Solo 120, tres menos que en los anteriores comicios y eso que adelantó las elecciones porque sus sabios consejeros Iván Redondo y el impresentable Tezanos (el vergonzoso manipulador de las encuestas del CIS al servicio del PSOE) le susurraron al oído que era el momento para arrasar en las urnas. Gobierna con 120 ridículos diputados. Bueno, con los 120 suyos y con los diputados de partidos separatistas y nacionalistas catalanes y vascos y con los bilduetarras herederos de la ETA asesina también de líderes socialistas (que se revuelven en sus tumbas contra el traidor Sánchez), sin olvidar a los comunistas de Unidas Podemos, antidemócratas denunciados por el Parlamento Europeo como dictatoriales.

Dime con quién andas y te diré quién eres. Por muchos peluqueros y masajistas que tenga en la Moncloa; por muchos estilistas que le confeccionen elegantes trajes a medida; por mucho inglés que hable, no engaña a nadie a la larga. No importa lo que hable en inglés, ni en castellano ni en catalán (si es que lo habla, en la intimidad, con Pere Aragonés o con el exministro Illa). Lo que importa son sus decretos-leyes y sus proyectos de ley, como el de Ley de Memoria Democrática, todo un monumento al dictatorialismo más cutre. Lleva camino de superar en ridiculez al payaso de Maduro y al represor Díaz-Canel, presidente de Cuba, donde el Gobierno de Sánchez no ve un régimen ‘dictatorial’ sino simplemente ‘no democrático’.

En el juego sucio de tergiversar el significado de las palabras, Sánchez y sus colaboradores son un prodigio. Nada de lo que dicen responde en realidad a lo que hacen. Hablan de democracia pero hacen decretos-leyes y proyectos de ley antidemocráticos el último de ellos el de la Ley de Memoria Democrática, un engendro de lo más dictatorial y antiespañol.

El cinismo del ‘guapo’ presidente español (como le han calificado algunos medios de comunicación estadounidenses) ha sobrepasado todos los límites. Se permite decir en EE. UU. que la oposición española es una porquería y que el Gobierno de coalición (él no citó al comunismo gubernamental para no asustar más a los posibles inversores norteamericanos) es tan maravilloso que da gusto verlo. Sánchez se supera cada día en la mentira, Y los españoles tendremos que esperar algo más de dos años a que se convoquen elecciones generales. Sánchez ya no se fía de Iván Redondo (al que ha echado de la Moncloa), ni de las mentiras de las encuestas de Tezanos. Está a la espera de que la pandemia del coronavirus se acabe (aunque maldito el esfuerzo que el Gobierno hace para ello) y a que los millones que vengan de la UE reactiven la economía. Mientras tanto se entretiene y engaña a los españolitos ingenuos desenterrando a Franco y a José Antonio y persiguiendo a unos monjes de la Cruz de los Caídos que llevan rezando por todas las víctimas de la Guerra Civil (de izquierdas y de derechas) un montón de años.

A Sánchez no le gusta que los monjes recen y los va a exiliar porque puede hacerlo y porque cree que son franquistas. A nosotros nos puede caer mal Sánchez, pero no podemos exiliarlo de la Moncloa hasta que no haya elecciones, porque no es franquista y no podemos aplicarle la Ley de Memoria Histórica y menos la Democrática, aún no aprobada por el Congreso. No hay más remedio que aguantar, por mucho que este Catilina siga abusando de nuestra paciencia, como aquel senador romano, al que tan duramente fustigó Cicerón.

(La próxima semana podríamos seguir dialogando de Sánchez y de su Ley de Memoria Democrática, que acaso podría ser acusada de franquista y guerracivilista pues está resucitando el franquismo e impidiendo que la Guerra Civil termine hasta que la ganen Sánchez y su Gobierno sanchista comunista).


Nota (*): Enlace a La Guerra Civil no terminará nunca (I)

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Ramón Gómez Carrión

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