Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Al paso

Si no tienes religión estás cojo (II)

Georges Lemaître en 1933 y su firma (Fuente: Wikimedia).

Fe y razón. Razón y fe. Casi todo lo humano gira en torno a esas dos palabras, porque encierran todas las riquezas profundas de cada individuo y también pueden dejar al descubierto sus carencias. Terminaba mi anterior artículo con esta frase atribuida al genio francés Louis Pasteur: “Un poco de ciencia nos aparta de Dios, pero mucha ciencia nos aproxima a Él”. Un poco antes también dediqué algunas líneas a certificar cómo una inmensa mayoría de investigadores del siglo XX, entre ellos numerosos galardonados con el Premio Nobel, eran cristianos. Y destacaba al matemático, astrónomo y profesor de Física, el belga Georges Lemaitre, descubridor del Big Bang y gran defensor de la compatibilidad, e incluso complementariedad, entre ciencia y fe, y más concretamente en la explicación del Big Bang como inicio de la formación del universo hace la friolera de 13 800 millones de años.

Mientras Lemaitre veía la mano de Dios en el Big Bang, otro científico famoso, Stephen Hawking, “propuso que el cosmos es un sistema autónomo, finito en tamaño pero sin límites o bordes en el espacio-tiempo, el cual surgió espontáneamente de la nada debido a las leyes de la física”. Sostenía que “el universo se rige por las leyes de la física” y que el Big Bang no requirió de la intervención de un ser divino para originarse. Creía que “la ciencia es autosuficiente para explicar la existencia del cosmos haciendo innecesaria la hipótesis de un creador”.

No hay unanimidad entre los científicos sobre el origen del universo, pero a mí me resulta poco convincente la afirmación de Hawking de que “el cosmos surgió espontáneamente de la nada debido a las leyes de la física”. Por más que se recurra a las teorías de la relatividad general y a la mecánica cuántica, “de la nada nada se hace”, aserto que no es científico, pero es filosófica y racionalmente irreprochable. Y filosofía y teología se unen para añadir esta evidencia: antes de la aparición del universo-cosmos, antes de los 13 800 millones de años existió, desde siempre, una fuerza espiritual todopoderosa que se llama Dios. Que no sabemos explicarlo humanamente; que Moisés, cuando el Señor le hablaba ante la zarza que ardía sin consumirse en el monte Sinaí, y tras preguntarle quién era, recibió esta respuesta: “Yo soy el que soy”. Creo que los filósofos y teólogos escolásticos lo traducen diciendo que “la esencia de Dios es la existencia”. Otros lo expresan de esta manera: “Dios es el único ser en el que la esencia y la existencia son absolutamente idénticas”.

Charlton Heston como Moisés en la película «Los diez mandamientos» (1956).

Es absolutamente cierto que junto al conocimiento racional existe el conocimiento por la fe, el que nos llega por las manifestaciones de Dios a los hombres a través de los profetas en el Antiguo Testamento y, en el Nuevo Testamento, por Jesucristo, sus apóstoles, la tradición apostólica y el magisterio de la Iglesia. La religión judeocristiana es tan rica y profunda y, a la vez, tan avalada por los milagros, que sorprende que haya habido y siga habiendo quienes la ignoran e incluso la combaten sin conocerla o teniendo de ella referencias repletas de prejuicios y falsedades. Yo diría que hay una leyenda negra contra la Iglesia católica similar a la leyenda negra contra España.

Esa leyenda negra llegó a extremos terribles al proclamarse la Segunda República en 1931, pero sobre todo con la llegada al poder del Frente Popular en febrero de 1936, tras unas elecciones calificadas por algunos historiadores de contrastado prestigio como las ‘elecciones de la violencia y el fraude’. El odio a la Iglesia de los diez partidos de izquierdas que se aliaron contra la derecha monárquica y el centro derecha dejaron vía libre a los ‘milicianos descontrolados’ (a veces armados, como en Cataluña, por el propio Gobierno de la Generalitat encabezado por el ¡molt honorable! Lluis Companys), milicianos y no milicianos que, entre 1936 y 1939, asesinaron a más de siete mil curas, frailes, monjas y dirigentes católicos seglares, entre ellos a 20 sacerdotes de la diócesis de Ibiza a los que León XIV va a beatificar el próximo otoño, como acaba de anunciar el Vaticano. Ya fueron beatificadas por Juan Pablo II muchas religiosas valencianas, entre ellas las hermanas Masiá Ferragut, de Algemesí (Felicidad, de 46 años; Josefa, de 49;  Verónica, de 52 y María Jesús, de 54) y su madre, Teresa Ferragut, de 78 años. Sí, las fusilaron vilmente. Estos crímenes y otros más ocurridos en la retaguardia de la Segunda República no figuran, ni se recuerdan, en la Ley de Memoria Democrática, esa farsa de memoria que ha resucitado el odio entre españoles y que ha tapado los crímenes del Frente Popular y los más recientes de la  banda terrorista ETA, blanqueada por el sanchismo y por el Bildu de Otegi, un etarra maligno admirado por Pedro Sánchez y coautor de la transformación de la Ley de Memoria Histórica, obra del ‘joyero’ Rodríguez Zapatero, en Ley de Memoria Democrática. ¡Qué desvergüenza y qué ofensa a las víctimas de los etarras, entre ellas doce destacados socialistas con el exministro Ernest Lluch a la cabeza!

No voy a dedicar más líneas al sanchismo marxista que está enterrando al PSOE socialdemócrata de los Felipe González, Alfonso Guerra y otros prestigiosos dirigentes hoy denostados, despreciados, por los enanos adoradores del falso dios Sánchez y de la más falsa ‘primera dama’ Begoña Gómez, elevada a los altares por la desconocida ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, que últimamente aparece en las televisiones más que los dos ministros llamados Óscar. A esta Diana, valenciana, poco menos que desconocida, la están promocionando desde Moncloa se supone que para darla a conocer antes de que lleguen, dentro de unos meses, las elecciones autonómicas, pues dicen que esta aparente mosquita muerta va a ser la candidata a presidenta de la Generalitat. Su penúltima gran aportación a la defensa de Sánchez, de Begoña y de Zapatero es decir que detrás de los ataques que quieren acabar con ellos y con el Gobierno progresista está el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.    

Diana Morant. Fotografía de Borja Puig de la Bellacasa (Wikimedia).

Los sanchistas están muy orgullosos de que el papa fuera tan crítico con Trump como Pedro Sánchez y su ‘No a la guerra’. Pero León XIV es mucho más que un defensor de la paz entre los pueblos. Lo han dejado muy claro muchos comentaristas durante y después de su visita a España y destaco a dos distinguidos compañeros de Hoja del Lunes, el jurista y escritor Julio Calvet y la profesora y escritora María Pilar Galán García. Calvet hace un análisis profundo de la reciente encíclica papal Magnifica humanitas y conecta sus mensajes con una frase que corona los discursos de León XIV durante su visita a España: “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”. Galán, tras resaltar la fuerza y riqueza de matices en los mensajes papales, culmina: “A lo largo de toda su visita hubo dos palabras que parecían regresar constantemente a sus labios, amor y misericordia. Para León XIV solamente el amor puede sanar los corazones heridos, reconstruir puentes derribados y devolver la esperanza a quienes la han perdido”.

Es lo que me gustaría transmitir en esta serie de artículos dedicados a la fabulosa misión que la religión tiene que desempeñar en la compleja existencia del ser humano. Y más concretamente el Cristianismo, que no tiene más que un mandamiento: «Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Pocos lo han entendido tan bien y lo han expresado tan genial y brevemente como san Agustín de Hipona: “Ama y haz lo que quieras”. Y es que, como ya he repetido en otras ocasiones, si amas de verdad no puedes ni querer el mal para nadie ni, menos aún, hacerlo tú. Eso nos inculca nuestra religión y por eso es por lo que sostengo que sin religión estamos más cojos que ‘el cojo de Calanda’.

(Continuará).

Ramón Gómez Carrión

Periodista.

2 Comments

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  • Gracias, don Ramón Gómez Carrión, por recordar la inepta y vil complicidad cobarde de los gobernantes de la falsaria Segunda República parida en 1931. Porque la historia hay que respetarla con RIGOR. Culpables gobernantes hipócritas germen por inacción de los desórdenes, asesinatos, violaciones…, sin olvidar el «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano» (del cobarde Azaña) ante la quema de iglesias y conventos…
    Ah, sutil considero, a la vez que atinada intuición, su premonitoria mención sobre la precandidata Diana Morant mujer del PSOE (no confundir con auténtica progresista socialista) que como tantas otras nos han fallado por sumisión y palmeras amorales sin ética…

    Los hechos son hechos que silencian mentes cómplices y débiles por cobardía sumisa e interesada:
    metáfora justa la suya al bautizar otro ejemplo de la humana idiotez,
    por avaricia en este caso,
    con el pedagógico ‘joyero’ Rodríguez Zapatero de delitos prescritos…
    A esperar…