Narrativa

El cabrero

Fuente: https://www.defensa-nacional.com/blog/2020/03/nacional/cada-cabrero-guarda-sus-cabras/.

Sabía elaborar el mejor queso del mundo; había seguido con atención las instrucciones de su abuela que, a su vez, había aprendido de sus mayores, una generación tras otra. Él había quedado viudo y sin hijos, pero, a pesar del silencio cotidiano del paraje, jamás se sintió totalmente solo. En el pueblo, pocos kilómetros de camino más abajo, siempre estaban los amigos dispuestos a compartir unos vasos de vino y una partida de cartas.

También le acompañaban sus tres perros, a los que hablaba como si pudieran entenderle y tal vez lo hacían, por el modo en el que le miraban durante sus monólogos sobre la vida, sentados todos frente al fogón de su cocina.

Conocía por su nombre a todos los animales de su cabaña y sabía de quién era hijo cada cordero que nacía, al fin y al cabo, él era el comadrón en los partos de sus cabras y pocas veces tuvo que pedir ayuda al viejo veterinario, solo un par de veces. En una ocasión, cuando uno de sus animales enfermó intoxicado y otra, cuando su perra pastora, la mejor ayudante que había tenido, cayó herida de muerte al enfrentarse a una alimaña defendiendo su ganado.

Sabía curtir las pieles con una pulcritud y destreza asombrosas. Cocinaba guisos exquisitos con cuatro cosas, “como toda la vida” decía él. Conocía el nombre y las propiedades curativas o alimenticias de cada yerba, de cada árbol y de cada flor y las utilizaba en su propio bien y en el de todo el que se lo pidiera.

Su casa no tenía cerrojos y era bienvenido todo aquel que, de cuando en cuando, se acercaba a visitarle. Conocía  bien la posición de las estrellas por cientos de noches observando el cielo, humeando un cigarro entre sus dedos y podía, por el color de las nubes y el olor del viento, predecir si el tiempo les traería lluvia, frío o calor durante los meses posteriores.

Hablaba del mundo y de la vida con la profundidad de cualquier sesudo filósofo y reflexionaba sobre las cosas con calma, pues capacidad y tiempo nunca le faltaron.

Pero no, no sabía escribir.

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Maruja Moyano

Soy Maruja Moyano y nací en Madrid hace demasiados años. Desde niña, mi pasión por la lectura y una alta dosis de imaginación, me llevaron a escribir cuentos, poesías y pequeñas obras de teatro que se quedaban siempre en el ámbito de la escuela y, tiempo después, en mi entorno social más cercano. Me licencié en Sociología por la Universidad de Alicante, aunque jamás viví de eso, pues trabajé como administrativa desde los 17 años hasta mi jubilación.
Tras sufrir una grave enfermedad que me hizo replantearme muchos aspectos de mi vida, decidí desarrollar mi gran vocación: la literatura. Entonces escribí mi primera novela, “Makuba”, que durante años fue un esbozo en un cajón. Tras ella se han sucedido uno tras otro diversos libros: “La cara oculta del corazón”, “Bajo el manto de la araña”, “Cien canciones para Amelia” e “Insomnio”.
En la actualidad trabajo en mi sexto libro, “¿Quién mató a Paula Koch?”.

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