Narrativa

Aún suenan las Hogueras en el Postiguet

Hoguera oficial 2022 (Fotografía: Ayuntamiento de Alicante).

El Postiguet, playa repleta. El sol sobre la cuna blanca y azul del mar. Recostado bajo una sombrilla, entre la somnolencia aletargada del relax, me vienen los recuerdos de esta playa en la “Noche Mágica”.

Eran las doce, el paso del día 23 de junio al 24, san Juan. La magia de aquella noche flotaba por encima de las cabezas, del estado de ánimo, de los lazos de amistad que unían a todo el mundo.

La playa se iba llenando de llamas producidas por aquellas hogueritas de maderas, ramas, cartón… hechas por los grupos de personas que se reunían para invocar la energía transformadora, que junto con el hambre del fuego, iba desintegrando todo lo que era viejo. Y todas las experiencias y los acontecimientos negativos del año se iban quedando volatilizados, a la vez que el aire de la brisa marina húmeda y fresca llenaba los corazones y las mentes de nueva energía purificadora.

La gente, alrededor de aquellas improvisadas hogueras que habían hecho dentro de un hoyo en la arena de la playa, hablaba, bebía, reía y algunos pronunciaban algunas palabras o hacían ritos que creían mágicos para que se produjera el tránsito de lo viejo a lo nuevo, de la energía negativa, residuo de malos momentos, en energía positiva, la transmutación de la oscuridad de la noche más corta en la luminosidad del sol en el día más largo del año.

Una joven me pregunta la hora. Y vuelvo a retomar mi cadencioso estado de larva. Sigo entre sueños.

La palmera. Tres avisos. Pum. Pum. Pum. Todo silencio. Miles de personas con el aliento contenido. De repente, la noche blanquecina de Alicante se llena de color de oro encima del castillo. Era la palmera. Aquella constelación de estrellas nacida del estallido de un cohete dibujó la pantalla del cielo formando la cabellera dorada de Afrodita, la diosa del amor, que de manera efímera brilló en todos los ojos, en todos los corazones y en todas las almas de alicantinos, visitantes y turistas.

La palmera de Hogueras (Fuente: Patronato de Turismo de Alicante).

Llega un balón a mi lado, me sobresalto, y con una sonrisa lo devuelvo a aquel par de ojitos tímidos. Y prosigo ensimismado.

La “bellea“, con la mecha en la mano, prende fuego a la traca, y en pocos segundos la hoguera empieza su particular infierno. Ascienden cohetes de colores que vuelan desde la hoguera hacia el cielo. La gente grita contenta alrededor de ese monumento de cartón y madera. Monumento formado por “ninots” que critican todo lo negativo que ha pasado durante el año en la ciudad, en la política, en la economía… Todo en tono de broma, de ironía…

La verdad es que los maestros “foguerers” son unos artistas escultores, pintores y artesanos con los compañeros que componen sus talleres y hacen arte con aquellos materiales. Y, además, calcular cómo deben de quemarse aquellas esculturas múltiples para que resulte un fuego con armonía, equilibrio y ritmo.

Los bomberos empiezan a tirar agua a la hoguera para controlar el fuego que ya es sofocante, y a las paredes y balcones de los edificios para protegerlos de tan altas temperaturas.

Las llamas van comiéndose poco a poco los primeros “ninots” que pierden los colores, las formas, e incluso, la vida.

Un grupo de gente joven increpa a los bomberos cantando en voz alta: “Aquí no llega la manga riega…”, y gritando algunas barbaridades. Todo son bromas para que emprendan la “banyà”, ya que el calor es insoportable.

La banyà (Fotografía: Miguel A. Sánchez).

El bombero, la manga, el agua a presión… Todos empapados de arriba abajo. El calor ha desaparecido.

Van cayendo las últimas columnas de madera, esqueleto de hoguera. Las llamas están extinguiéndose. Mientras, el público canta: “A la llum de les fogueres, s’abaniquen les palmeres…” (*). Y vitorean: “Visca Alacant!”.

El agua fresca de la vida ha vencido a la muerte del fuego. Y las lágrimas de la belleza y sus damas manan de sus ojos como un manantial mágico surgiendo de la roca de una peña encantada. Todas ellas lloran de emoción y de tristeza al mismo tiempo porque ha llegado el momento de su mayor ilusión: ver quemar su hoguera vestidas con el traje de alicantina, y por otro lado, tras ese momento, llega para ellas el final de sus días de esplendor.

La mañana del día 25 todo está limpio y silencioso. Nadie creería que horas antes había habido fuego, gritos, canciones, fiesta y tanta alegría.

Me levanto. Me acerco a la orilla. Luego, soy pez.


(*) Nota:
El cántico hace referencia al himno de las Fogueres de Sant Joan.

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Juan Antonio Urbano

Soy profesor de Educación Primaria. He publicado cinco libros; dos en valenciano: 'El seu nom era Pere Bigot' (2012) y L’arbre màgic' (2012); y otros dos en castellano: 'El misterio de la cueva' (2014) y el poemario 'Camino entre versos' (2019), estos publicados por la Editorial Club Universitario y 'Entre el asfalto' (2022) por la editorial Olélibros. He publicado en diversas Antologías y revistas poéticas y artículos en distintos medios.
En noviembre de 2016 creé y coordiné el grupo poético PARNASO perteneciente al Ateneo de Alicante. He organizado numerosos recitales poéticos, entre los que destacan el I Encuentro de poetas alicantinos y otros con el grupo PARNASO dedicados a Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rubén Darío...
Recibí el segundo premio del Certamen Poético Numen (2013) y el 2.º premio en el Real Casino de Murcia del Encuentro 'Poesía hispano-argentina' (2019).

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