Estaremos de acuerdo en que, cuando el buen tiempo aprieta, las ganas de salir son cada vez mayores, y es ahí cuando los festivales se convierten en el principal punto de encuentro. El Spring Festival no fue la excepción. Su primera jornada dejó vibes que vuelven a confirmar que este evento se ha convertido en uno de los más esperados de la provincia de Alicante.

El sol y las altas temperaturas apretaban con fuerza, lo que hacía pensar que el mejor acompañante de la jornada no era el amigo de toda la vida, sino el abanico capaz de espantar el aire caliente. Aun así, el calor no impidió que miles de personas disfrutaran de un objetivo común: desconectar para volver a conectar, pero esta vez a través de la música.

Los festivales tienen algo especial. Durante unas horas, el público es capaz de dejar a un lado todo tipo de pensamientos y preocupaciones para entregarse en cuerpo y alma a los aplausos y a las canciones entonadas a pleno pulmón. Los escenarios, las luces y la música pasan a ser la banda sonora de muchas personas que encuentran refugio en cada verso. Da igual si vas en compañía o en solitario, porque lo realmente importante es conectar con uno mismo.

Lo más destacado de la jornada no fueron solo las actuaciones, sino también las ganas de saltar, cantar y emocionarse de todo el público allí presente. Esa energía constante, la necesidad de disfrutar sin reservas, de dejarse la voz en cada canción y de convertir cada estribillo en la cresta más alta de la ola no dejó espacio para las excusas. El vínculo entre artistas y público conquistó a todos los asistentes, que no querían perder la oportunidad de guardar cada instante en su memoria.

En la primera jornada del Spring Festival se vio claro que la música sigue siendo el mínimo común múltiplo capaz de reunir a miles de personas. Si dejamos de lado los carteles, escenarios o el número de asistentes, lo que realmente permanece es esa sensación de libertad que solo puede encontrarse entre una multitud cantando a una sola voz, haciendo que el tiempo parezca detenerse y que el momento perdure.

Si algo quedó claro es que la gente de Alicante siempre responde cuando hay una oportunidad para disfrutar. Porque, por mucho sol y calor que haga, las ganas de sentir son capaces de eclipsar todo lo demás. En definitiva, jaque mate: la música gana la partida.
Por Azahara Montoya Pérez.
Galería fotográfica de Cintia Montoya

















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