Al paso

Tamara Falcó, la infidelidad y la religión católica

Tamara Falcó / Ramón de Campoamor (Fuente: Wikimedia)*
La gente cree, con Campoamor, que nada es verdad ni mentira, sino según el color del cristal con que se mira.

La hija de la Preysler y de Falcó demostró el jueves pasado, en el programa televisivo de Pablo Motos, que es una mujer de una pieza, de sólidos principios, humanos y religiosos. Una mujer fuerte que defendió con firmeza, ante sus compañeros de tertulia y ante millones de espectadores, la fidelidad en la pareja, tanto en el noviazgo como en el matrimonio. Tamara Falcó, hermana de madre de Enrique Iglesias, demostró una vez más que no es una famosa de pandereta. Confirmó la ruptura con su novio, Íñigo Onieva, tras hacerse púbico un video reciente en el que éste aparecía besándose con una chica, mientras él mentía intentando disculparse con la falsa excusa de que se trataba de una grabación de hace tres años.

Clara la infidelidad y la mentira; tajante la respuesta de Tamara. Si no hay fidelidad, no hay compromiso. La boda que ella misma había anunciado hacía unos días para el próximo mes de junio nunca tendrá lugar. Un famosillo contertulio del espacio quiso introducir un debate sobre infidelidades y perdones ante la ‘convicción’ generalizada de que se producen muchas infidelidades. Tamara fue contundente. No rotundo a la infidelidad y más aún si va acompañada de mentiras. En defensa de la dignidad de la persona y de los principios que deben regir en una pareja. Y no sólo por exigencia de la moral cristiana.

¿Es rigidez desfasada? ¿Acaso intransigencia de una moral de otros tiempos? Es simplemente un caso de dignidad, de lealtad, dos virtudes naturales como tantas otras que se han perdido en estos tiempos en que todo se relativiza, un tiempo sin verdades absolutas, confundiendo la verdad con la intransigencia. Cada vez más gente se cree la mentira de que no hay verdades absolutas. Las hay. La sociedad (sobre todo intelectuales y dirigentes de izquierdas) está preñada de relativismo, el que ya denunciaba el famoso escritor, periodista y político de la segunda mitad del siglo XIX, Ramón de Campoamor en esta lúcida ‘dolora’:

“En este mundo traidor,
nada es verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira”.

El relativismo es perverso porque es vehículo de la mentira. Las palabras se utilizan para mentir. La misma palabra tiene un significado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y se desfigura por lo políticos, sobre todo cuando están en el poder. No es que no tengan principios, a ver si nos entendemos; es que tienen unos principios un día y otros al siguiente. Dan una palabra un día y se desdicen al día siguiente.  

Entre quienes carecen de principios (o los tienen de recambio) se encuentran muchos españoles, algunos tan famosos como Pedro Sánchez, sus ministras María Jesús e Irene Montero y nuestro presidente valenciano Ximo Puig. Todos estaban en contra de eliminar impuestos y, en cuanto le han visto las orejas al lobo de los votos, han girado y ya se apuntan a lo que hacen las autonomías del PP, aunque califican sus rebajas de ‘selectivas’ y ‘progresistas’. La selecta Irene Montero sigue sin ‘dimitir’ de sus bochornosas palabras justificando las prácticas sexuales consensuadas de menores de 16 años, algo que el Código Penal condena taxativamente. Por más que la quieran disculpar algunos personajes más o menos doctos, entre ellos el portavoz de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, diciendo que sus palabras defendiendo las relaciones sexuales de menores de 16, con consentimiento, se han sacado de contexto. El texto está en video y es taxativo. Si Irene Montero quiso decir otra cosa, ¿por qué no se manifiesta ella? Su prolongado silencio es elocuente. 

¿O es que todo depende del color del cristal con que se mira? ¿Ha conectado el señor arzobispo con la ministra para aclarar la cuestión? ¿Qué diría Ramón de Campoamor sobre la pederastia y sobre las relaciones amorosas con infidelidad galopante por no hablar de las parejas en libertad sexual con terceros o terceras? De vez en cuando salta a la palestra algún famoso apoyando la infidelidad de pareja siempre que sea consentida, es decir mutuamente aceptada. Por más que haya psicólogos que hablan de las negativas consecuencias que tal decisión comporta, la gente (cierta gente) se hace eco de la gran mentira difundida por el feminismo execrable: “yo (hombre o mujer) con mi cuerpo hago lo que quiero”.

Evidentemente cada quien hace con su cuerpo lo que quiere. Y con su alma, con su espíritu, también. De Campoamor escribió Valle-Inclán: “Era un hombre generoso y espléndido. Basta decir que regaló todas sus obras a los editores porque no conciliaba el arte con el lucro. Y confieso que mi marqués de Bradomín está inspirado en Campoamor y muchos de sus rasgos no son autobiográficos, como creen algunos, sino que pertenecen al autor de las ‘Doloras’”. Un biógrafo de Campoamor (tuvo varios, entre ellos la Pardo Bazán) dijo de él: “fue un político y administrador público honesto, trabajador e incluso abnegado”.

¿Cuántos políticos de nuestro tiempo se merecen esos elogios que dispensan al que fue gobernador civil de Alicante? Se casó con una alicantina (de origen irlandés) en la ermita del Fabraquer en San Juan de Alicante, ocupó varios cargos en la Administración Estatal, dirigió el periódico madrileño La Época (tras colaborar en otros varios) y ocupó el sillón ‘E mayúscula’ en la Real Academia de la Lengua Española. Nuestros políticos gobernantes actuales casi todos son enanos mentales, algunos de ellos activistas descerebrados y enemigos declarados de la España constitucional del 78, la de la Transición consensuada y el refrendo del 90 por ciento de los españoles que votaron por la concordia y el futuro en paz.

Es preocupante la escasez de defensores de la fidelidad entre las parejas, como lo hace Tamara Falcó, pero es más preocupante el relativismo creciente, enemigo de los valores tradicionales y destructor de nuestra sociedad fraguada en siglos de cordura. Nos tiene que preocupar la inmoralidad, pero mucho más la amoralidad, el que cada quién actúe como le venga en gana porque no hay conciencia del mal y no se respeta ya ni el Código Penal. Una sociedad que permite masacrar incluso a sus hijos e hijas menores de 16 años es una sociedad decrépita, maloliente, muerta. La única esperanza es que Dios haga un milagro y que los cristianos auténticos, como yo veo a Tamara entre otros comprometidos, pidan ese milagro al Altísimo. No debemos pedir un cambio de Gobierno sino un cambio de sociedad, que exige, por supuesto, que los comunistas ateos y dictatoriales (enemigos de la libertad), no formen parte del Gobierno de la nación.


(*) Pie de fotografía completo: Tamara Falcó en los Premios Goya, 2019. Fotografía: Pedro J. Pacheco (Fuente: Wikimedia) / Ramón de Campoamor, 1901. Fotografía: Debas (Fuente: The Critic: An Illustrated Monthly Review of Literature, Art and Life (1901) G.P. Putnam’s Sons, New York/Wikimedia).


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Ramón Gómez Carrión

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  • Es un artículo fantástico en defensa de la fidelidad que es la base del amor!!
    Un abrazo , amigo Ramón

    • Gracias, Pilar. Lo defensores de la dignidad humana estamos cada vez más arrinconados. Y ¡triunfan’ los ‘progresistas’, como un tal Jorge Javier, del programa de famosos y famosillos pansexualista de la Sexta (TV), que dijo (y no se arrepiente), que su programa era “de rojos y maricones”. Y lo último que acaba de decir es que defender la fidelidad conyugal y demás valores tradicionales de la familia católica es un ‘discurso de odio’ contra los que quieren y pregonan la infidelidad, el aborto y la eutanasia. Y le pagan millones para un programa tan fétido y corrosivo. Lo peor: tiene gran audiencia. Tenemos una gran parte de españolas y españoles cretinizados. Un abrazo.

      • Pilar: la televisión del programa ‘Sálvame’, de Jorge Javier Vázquez, se emite en Telecinco y no en la Sexta. Los famosillos de su cuerda le han enviado adhesiones a su condena de la ‘ultracatólica’ (así la quieren descalificar más) Tamara.

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