Al paso

Adiós a Dios; bienvenida al diablo

Fotografía: Amir Arabshashi (Fuente: Unsplash).
Hemos pasado de una España alegre, esperanzada y solidaria, tras la Transición, a una sociedad agria, dividida e hipersexualizada.

En muy amplias capas de casi todas las sociedades modernas ha desaparecido el rastro de Dios. Creo que ya he escrito algo parecido otras veces, pero, en esta ocasión he retomado el asunto debido a nuevos datos estadísticos que confirman el alejamiento de las nuevas generaciones de lo religioso. Están disminuyendo los bautizos, las bodas, la asistencia a la misa dominical, los funerales.

Lo civil le está ganando la batalla a lo religioso. La cosa no sería preocupante si no fuera porque la ‘civilación’ no implica que estemos alcanzando cotas más altas de ‘civilización’, sino todo lo contrario. Es mi punto de vista y el de muchos compañeros y amigos que tenemos una edad avanzada, lo que es una condición ‘sine qua non’ para poder comparar el pasado con el presente. Se nos puede acusar injustamente de trasnochados, pero nadie medianamente culto podrá descalificarnos cuando decimos que los primeros veinte años de esta democracia salida de la Transición fueron infinitamente mejores que los vividos desde Zapatero hasta hoy pasando por el ‘dontancredista’ Mariano Rajoy.

Cuando yo elijo el título ‘Adiós a Dios; bienvenida al diablo’, el lector tiene que entender que en torno a Dios alineo a muchos miles y miles de españoles que aún mantenemos el tipo de lo que fue (aún quedan algunos restos) la civilización occidental; y que alrededor del diablo sitúo (metafóricamente) a todas las fuerzas de izquierdas, derechas, centro y extremos, así como todos los no politizados pero enemigos de la fe, aunque no adoren al diablo, y que han renunciado a los valores que construyeron Occidente.

Quede bien claro que estar con la Fe no es estar contra la Razón. Es preciso gritar alto y claro que Fe y Razón no son incompatibles. Todo lo contrario. No hay que elegir entre Fe y Razón. Como no hay que elegir entre padre y madre o entre ganar el Mundial de Fútbol para Francia o la Champions para el Barcelona. No entiendo cómo Dembélé, el polémico jugador del Barcelona, cayó en la trampa cuando un periodista ‘listillo’ le preguntó qué prefería, si ganar el Mundial para Francia o la Champions para el Barcelona. Por hacerle la pelota al Barcelona (que lo maltrató y humilló gravemente) ha quedado mal con sus compatriotas franceses. Lo inteligente sería haber dicho que las dos cosas. Su respuesta fue infantil, como cuando le preguntan (neciamente) a un niño pequeño que a quién quiere más si a su madre o a su padre y responde lógicamente que a su madre.

Amo la Fe y la Razón. Disfruto con la Filosofía y la Teología y si me preguntan con cual me quedo, respondo: “con el Periodismo”. Amo tanto mi profesión que me avergüenzan (aunque los respete) los compañeros que se muestran de izquierdas o de derechas en las tertulias televisivas o radiofónicas. El último ejemplo de alineamientos lo viví (como muchos de ustedes) la semana pasada cuando se valoraban estas palabras de la ministra de Igualdad, Irene Montero: “Todos los niños, las niñas y les niñes de este país tienen derecho a conocer su propio cuerpo; a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren. Eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar y tener relaciones sexuales con quien les de la gana. Eso sí basadas en el consentimiento”.

Hubo dos tertulianas que trataron de quitar importancia a lo dicho por la ministra, aunque no la justificaron totalmente si bien una de ellas era partidaria de no demonizar a la ministra de Igualdad, por más que otros tertulianos pusieran sobre la mesa que lo dicho por Irene Montero es defender un delito tipificado en el Código Penal: artículos 181 a 184. Media España y parte de la otra (es un decir) pidió la dimisión de la ministra, que ante los medios de comunicación no se desdijo y afirmó que los ataques (generalizados, dentro y fuera de círculos políticos) eran obra de la extrema derecha.

Hemos pasado de una España alegre, esperanzada y solidaria, tras la Transición, a una sociedad agria, dividida e hipersexualizada. Tras trece años de Gobiernos de Felipe González (de un PSOE socialdemócrata) y después de otros tantos años de mandatos del centro de derecha (empezando con Adolfo Suárez y terminando con Aznar), caímos en las garras guerracivilistas del infumable Zapatero, para, tras el ‘dontancredismo’ de Mariano Rajoy, caer en el pernicioso sanchismo-comunismo que lleva a una activista ministra de Igualdad a cargarse el código penal y a una ministra de Justicia a despreciar una sentencia del Tribunal Supremo. Más bajo no se puede caer. ¿O si?

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Ramón Gómez Carrión

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  • Enhorabuena, maestro, y gracias por tu atinada y oportuna reflexión que compartes aquí en ‘voz alta’… Yo hice el Bachillerato de Ciencias de seis cursos (con muy buenas notas en Matemáticas, Física, Química…; guardo el ‘libro azul’). Pero en COU salté con atrevimiento a las letras para adentrarme en ellas y en el Humanismo gracias a sus profesores y lecturas en la Facultad de Filosofía y Letras del CEU alicantino. Y así puedo atestiguar humildemente y corroborarte que Fe y Razón se dan la mano para acercarnos al equilibrio imprescindible y crucial… Dios siento en mi vida que es ética y ecuanimidad, misericordia y Amor, solidaridad, generosidad y Justicia… imprescindibles capacidades humanas que derrotan siempre al ‘diablo’ que invade hoy demasiadas mentes egoístas… «(…)/ Soy una abierta ventana que escucha/ por donde va tenebrosa la vida./ Pero hay un rato de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida.» (última estrofa de ‘Eterna sombra’, Miguel Hernández, poeta)

    • Pedro J Bernabeu: eres un periodista de matrícula de honor y tu lección humana y humanística es digna de loa y de imitación. Un abrazo. Y tienes que venir a Alicante. Se te olvida.

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