Siete minutos de aplausos de diputados y senadores para León XIV y el abrazo de una reclusa no pueden resumir tantos acontecimientos como han llenado de contenido la visita a España del papa, pero son símbolos de un hito histórico pese a algunas contradicciones. Este papa es el más querido por unos y el más odiado o manipulado por otros. Pero, sobre todo, es el más aplaudido por todos. Siete minutos de aplausos. Lo nunca visto; lo nunca escuchado: ‘sus señorías’ de las Cortes Generales se rompían las manos en un recinto sagrado, el sancta sanctorum de la democracia que tan poquito respetan.
Pero no todos aplaudían por lo mismo. León XIV hizo un discurso humanísticamente perfecto, con una defensa de valores y de principios que fueron patrimonio de Europa y de Occidente durante siglos y que se fueron perdiendo y diluyendo desde que los inspiradores y ejecutores de la Revolución Francesa sembraron el odio anticlerical, antes de que llegaran el marxismo y los diversos comunismos más asesinos si cabe que los nazismos y fascismos que la humanidad ha sufrido y sigue soportando con resignación insoportable.

Si alguien cree que la visita a España de León XIV va a acabar con las guerras o con algo mucho más sencillo, como es el enfrentamiento guerracivilista que tenemos carcomiendo la convivencia entre los ‘españolitos machadianos’ por culpa de Zapatero y Sánchez, que pierda toda esperanza. O casi toda. Dejemos una rendija abierta para que, en este infierno dantesco nacional, entre un poco de la ‘brisa espiritual’ que nos ha llegado de la Ciudad Eterna en forma de palabras sabias del sucesor de san Pedro, un Simón Pedro que nunca puede fracasar en la tarea que le encomendó Jesucristo: ser pescador de hombres.
Si alguien piensa que Pedro Sánchez va a morder el anzuelo de san Pedro-León XIV, está muy equivocado. El presidente y 14 ministros fueron a Cataluña, pero no seamos ingenuos, no lo hicieron para arropar al León de Judá, sino para ganar votos para el Partido Socialista de Cataluña (PSC), el de este independentista camuflado, apellidado Illa, enemigo declarado y combatiente irredento contra casi todo lo que suene a español. Ni Sánchez derribará el muro contra la derecha, ni Illa escuchará la llamada del papa a la unidad entre todos los españoles de todas las regiones (que no naciones) de España. La insensatez de Zapatero, con su propuesta de una posible España ‘nación de naciones’, sigue estando vigente en el sanchismo.
La ‘niña bonita’ de Puigdemont, Miryam Nogueras, sigue queriendo ofender a todos los españoles con un infantilismo impropio de su edad, pues no de otro modo puede denominarse su pueril acoso a León XIV exigiéndole, en inglés, que utilizara el catalán en su visita a Barcelona. No es hispanofobia; es necedad suma; mujer de largos cabellos y muy corta inteligencia. El apellido Nogueras es, en plural, lo mismo que nogal en castellano, el árbol de las nueces. A ella le sienta como un guante ese dicho popular: “mucho ruido y pocas nueces”. Acaba de repetirle a Sánchez y a los 14 ministros que le acompañaron en Barcelona por la visita del papa, con otras palabras, que ¡España roba a Cataluña!

El prestigioso escritor Juan Manuel de Prada sentencia: “El amor no se prueba hablando una lengua, se prueba hablando de corazón a corazón, que es lo que el papa ha hecho desde que llegó a Barcelona”. Por aquí van las cosas. El papa no ha venido a hacer política, sino a predicar el mensaje evangélico de Jesucristo: “amaos los unos a los otros como yo os he amado, hasta la muerte”. Si no hay amor, no hay nada. León ha dado amor a los inmigrantes y a los presos; abrazó a una mujer en la cárcel catalana y ella anunció —me pareció oírle decir— que nunca jamás se quitaría la camisa que se pegó, durante unos emotivos segundos, a la blanca sotana del pontífice. Amor ha derramado León XIV durante los siete días que nos ha regalado y que tienen que servir para que individualmente seamos mejores, más solidarios, porque si cada uno mejora nos hacemos todos mejores. Si no hay conversión individual es absurdo esperar milagros de este viaje apostólico. Mejora tú, mejore yo y mejoraremos el mundo.
Todo bonito (o casi todo) en Madrid, Cataluña y Canarias y en todos los lugares de España y del mundo que han seguido por radio y televisión las andanzas de este don Quijote del Cielo que, como aquel de La Mancha, sostiene que la libertad es el mayor don que los cielos hicieron a los hombres y que por ella y por la honra merece la pena hasta poner en peligro la vida. No se le olvidó a León XIV citar a Miguel de Cervantes, junto a los sabios de la Escuela de Salamanca, a santa Teresa de Jesús y a Miguel de Unamuno, grandes mitos históricos y referentes culturales, recordando los grandes valores del humanismo y de la cultura española.
Hay varios ministros que no dan la talla intelectual y luego están los dos enanos mentales de casi siempre, ambos de nombre Óscar. El apellidado Puente (cuyo comportamiento nunca hace honor a su apellido), unas horas antes de que el papa abandonara España desde Tenerife, tras haberle regalado una medalla religiosa de su tierra vallisoletana, en lugar de atender la llamada del Pontífice a la convivencia se soltó un tuit en las redes sociales elogiando la “creatividad, buen gusto y precisión…” de Barcelona, frente a “Madrid, la del relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor. Almeida y Ayuso dignos herederos de la Botella”.
Si vergonzoso es el tuit de Puente, peores son las acusaciones de Óscar López contra jueces. “Hay jueces que prevarican”. No dice que todos, sino algunos, pero no da nombres. Y se ampara en la libertad de expresión. Es un ataque en toda regla al Poder Judicial y, creo yo, que si no da nombres ni denuncia a esos jueces ante instancias superiores, está cometiendo un posible delito que la Fiscalía debería llevar ante la Justicia. Esto no es un juego de palabras. Este ataque reiterado del ministro tiene —se dice— todo el apoyo de la Moncloa de Sánchez. Si esto no es un misil contra la línea de flotación del Estado de Derecho, que venga León XIV (no quiero invocar el nombre de Dios en vano) y lo vea. Amén, santo padre, y gracias por su visita.













Don Ramón Gómez Carrión
se supera usted y me sorprende
como jamás hubiera pensado…
Roza usted, en esta ocasión,
la perfección del periodista de casta
y del sacerdote veraz, ecuánime
y bondadosamente amoroso que respeta la verdad…
Perfección celestial es la suya aquí que contagia fe y a borbotones su amor al oficio de relatar la verdad de hechos objetivos…
Leyendo su aportación se comprueba aquí, con gozo, que existe La Verdad contada con RIGOR y hasta con unas pizcas de humor…
Gracias
Pedro J Bernabeu
Sólo soy un aspirante a discípulo de Jesucristo, buscando en Él el camino, la verdad y la vida (vía, veritas et vita). Gracias. Un abrazo.