Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

La izquierda y la manga ancha

Michael Ignatieff en 2019 en el campus de la Central European University, en Viena. Fotografía de Daniel Vegel (Fuente: Wikipedia).

Michael Ignatieff, historiador y político canadiense, en 1994, en el programa The Late Show de la BBC, con motivo de la publicación de Historia del siglo XX (The Age of Extremes), del brillantísimo académico comunista Eric Hobsbawm, entrevistó a este último, considerado uno de los más grandes intelectuales del siglo XX y lectura obligatoria en las facultades del mundo occidental. En un momento dado la conversación tuvo el siguiente giro que pasó a la historia (yo diría que, de la ignominia, pero no, no fue así). 

Ignatieff: «Si hubieras sabido en 1934 lo que estaba ocurriendo en la Unión Soviética, ¿habría cambiado tu compromiso con el comunismo?». 

Hobsbawm: «Probablemente, no». 

—Entonces Ignatieff formuló la pregunta que se hizo célebre: «Lo que eso significa es que, si realmente se hubiera logrado ese mañana radiante, ¿la pérdida de quince o veinte millones de personas podría haber estado justificada?». 

—Y Hobsbawm respondió con una sola palabra: «Sí». 

En España, los que nos hicimos mayores durante la transición democrática, vivimos el doble rasero hacia un Manuel Fraga constantemente zaherido por su anterior cometido como ministro en el franquismo, al que se le negaba su derecho a ser representante legítimo en la nueva España del perdón y la reconciliación, frente a un Santiago Carrillo, responsable de los miles de asesinatos —niños incluidos— en Paracuellos del Jarama, que se nos vendía como ejemplo de concordia, encuentro y apertura democrática. 

Eric Hobsbawm en 2004 con estudiantes de la Universidad de Delhi. Fotografía del Gobierno de India (Fuente: Wikimedia).

Actualmente, asistimos a una extensión bufa y trágica de esta doble vara de medir. Por un lado, tenemos a Arnaldo Otegi, condenado por pertenencia a ETA y secuestro del empresario Luís Abaitua; señalado por Gabriel Cisneros (uno de los siete padres de la Constitución del 78 que Otegi quiere derogar junto con la izquierda radical sumatoria, podemita y el actual PSOE plurinacional) como el autor de su intento de secuestro y probable ejecutor del disparo en el abdomen que casi acaba con su vida; versión ratificada por el exministro Bono antes de su exitoso implante capilar que tanta envidia genera en los que somos más timoratos a la hora de afrontar el inexorable declive vital y estético que conlleva la vejez. Además, este hombre de paz, según el infalible criterio del chequista Pablo Iglesias, fue acusado por el embajador Javier Ruipérez de participar en su secuestro, también sucedido en 1979. 

En fin, un hombre, el etarra, que «contribuyó decisivamente al fin de la violencia» según el contrabandista Zapatero y que, por lo tanto, se erige en socio necesario del actual gobierno de P.S. Frente a tan beatífico servidor público, la izquierda nos presenta a Santiago Abascal y su formación Vox como la sublimación de todos los peligros que pueden acechar a nuestra maltrecha democracia. Al hombre que sufrió las embestidas de ETA, como otro de los fundadores, José Antonio Ortega Lara (532 días en un zulo) se le acusa de franquista y se pide toda clase de líneas rojas para aislarlo de la vida democrática. 

Pongamos que Hobsbawm hubiera dicho algo parecido, pero cambiando comunismo por fascismo o nazismo (a la postre, variantes del socialismo), ¿qué hubiera tardado su carrera académica en ser cancelada?, ¿cuántas universidades lo volverían a contratar para disfrutar de sus indudables saberes?, y, por último, ¿cuántos políticos habrían sido elogiosos en su obituario?

Santiago Abascal en la campaña andaluza en Roquetas de Mar (Fuente: Vox).

Efectivamente, todos sabemos que habría pasado al lado oscuro de la historia, al silencio académico y al repudio político. ¿La razón?, decantarse por los crímenes inaceptables. Sin embargo, estaba en el lado correcto, ese lugar en el que la tortura, la represión, la pobreza y el asesinato político se hacen por una causa superior, buena. Es el precio mínimo que hay que pagar, una variable más, como decía en el título, de las que hay que tener en cuenta. El fin justifica los medios, por eso la izquierda no se siente culpable de los millones de muertos que le son imputables y nos da lecciones cada día desde una atalaya moral parecida a las pirámides aztecas que tanto echan de menos. Ambas están sobre montañas de calaveras. 

Pero, y esto es lo más paradójico, el sacrificio de millones de personas, la destrucción en gulags, laogais y campos de reeducación cubanos no llevó a ninguna utopía, sino a su contrario. Es la evidencia empírica de un fracaso económico, social y moral. Por otro lado, en muy pocos años, el aborrecido capitalismo, el libre mercado, la burguesa democracia de las clases dominantes, que tanto odian los actores, cómicos y artistas, nos llevó a unos niveles de salud, longevidad, seguridad, convivencia pacífica, tolerancia, respeto por la dignidad humana, libertades, abundancia y progreso, que ningún literato fue capaz de imaginar. Los privilegios de los reyes que describían cuentos y fábulas son pequeñeces con los bienes y servicios que el aborrecible libre mercado ha producido y distribuido en, cada vez, más amplios márgenes de población. 

Moraleja: pero lo ha hecho por la aportación espontánea, no deliberada y egoísta a veces, de millones de personas libres buscando su bienestar. No gracias a la planificación de ningún iluminado ni de ningún intelectual que pasa su vida pergeñando estados opresivos que nos saquen de nuestra miseria pequeñoburguesa. 

Qué fatalidad, la libertad es la receta de la derecha reaccionaria que cree en el saber acumulado, que confía en la ciencia, en la iniciativa personal y en la dignidad del individuo como valor máximo innegociable, frente a la izquierda que ve a las personas como instrumentos de una idea nacida en las mentes de pensadores que se creyeron dioses. 

Miguel Ángel Robles

Miembro de la Plataforma de Docentes por la Libertad Lingüística, integrada en Escuela de Todos.
Licenciado en Educación Física; master en gestión deportiva; exconcejal del Ayuntamiento de Orihuela.
Fue preparador físico del Orihuela Deportiva en 2ªB, entrenador de base de baloncesto y actualmente ejerce como profesor en el IES Thader de Orihuela.

2 Comments

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  • Hay que defender la libertad como el más precioso de los dones que los cielos dieron al hombre, Y hay que desenmascarar a los perseguidores de la libertad que nos quieren convertir en borregos incluso para llevarnos al matadero. Comunismo, marxismo socialista y nazismo han masacrado a decenas de millones de hijos de Dios en los últimos cien años. El peligro continúa. Los lobos se disfrazan de corderos. Pero no huelen a oveja y sus colmillos, grandes y afilados, los delatan como peligrosos depredadores.