Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabras

Pelotas

Fuente: Promoción DZN.

Ciertamente está resultando un Mundial de pelotas, con perdón. Y decepcionante, eso también. Pero no hablamos aquí (no solo) de esos objetos esféricos volantes que ruedan estos días por el césped de los estadios de futbol de EE. UU., México y Canadá, de esos ídolos tipo Messi, Mbappé, Haaland, Lamine… que llenan noticieros y cambian hábitos como si de su puntería al meter la pelota entre tres palos dependiera el futuro del mundo, no; más bien hablamos de esas otras pelotas (con perdón) que se acomodan en los despachos ovales y en las cancillerías futboleras de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) para sonrojo de muchos.

Sí. Hablamos más bien de esas decisiones —mejor silencios cómplices— que nos avergüenzan a muchos, de quienes patrocinan el fanatismo utilizando el deporte y la extorsión, de quienes se han plegado a los caprichos xenófobos, machistas y disruptivos del presidente Donald Trump. Hablamos, sí, de Gianni Infantino y su corte de aduladores, que han convertido un juego noble en un mercado de intereses donde pareciera que ya lo que menos importa es el juego mismo, el sueño de creer que en esta historia no siempre ganan los más altos, los más fuertes. Hablamos, sí, de esas otras pelotas (porque casi siempre son hombres) que nos avergüenzan a muchos y que, de una u otra forma, se han plegado a los caprichos xenófobos, machistas, dictatoriales del presidente Trump que ha decidido, como emperador romano que se cree es, convertir lo que debía ser solo fútbol en otra forma más de su particular guerra contra el mundo.

Gianni Infantino. Fotografía del Homeland Security Department del Gobierno de EE. UU. (Fuente: Wikimedia).

 ¿Cómo es posible que la FIFA y su genuflexo presidente Gianni Infantino acepten las normas de exclusión, señalamiento y castigo contra algunos países árabes y africanos que impone el mandatario estadounidense de prohibir la entrada a árbitros por el color de su piel, por el país de procedencia o vaya usted a saber por qué? ¿Cómo es posible que una selección como la de Irán solo pueda permanecer en territorio de EE. UU. el tiempo justo de jugar sus partidos sin que ninguna voz se levante para pedir igualdad de trato y negarse a jugar si tal sanción no se levanta? ¿Cómo es posible que el país agresor, EE. UU., aparezca aquí como la víctima, justo al revés de lo que sucede con Rusia, expulsada justamente de las competiciones deportivas internacionales por su agresión a Ucrania? ¿Cómo es posible que la FIFA —también las federaciones nacionales de fútbol que hay detrás de cada selección participante— acepten genuflexas y silentes los caprichos identitarios del presidente norteamericano sin siquiera una nota de protesta? ¿Cómo es posible que todo eso esté sucediendo delante de nuestros ojos, de los propios periodistas, sin que nada pase? ¿Cómo es posible…?

Estamos en el ecuador de la competición y todo parece discurrir por el carril de ese silencio cómplice, por el carril de la ignominia más abyecta que es el hacer ver que nada está pasando, con esa cierta banalidad del mal a la que nos hemos acostumbrado. No sabemos si todo será así hasta el final, o si, como sucediera en las Olimpiadas de Berlín del año 1936 celebradas bajo la sombra de Hitler y su esvástica nazi, aquella misma cita en la que la República española se negó a participar, ya solo queda esperar el gesto valiente y heroico de algún o algunos deportistas, a ser posible negros o árabes, de algún Jesse Owens, que osen decirle al autoproclamado emperador del mundo que saque sus sucias manos y sus pelotas (con perdón) del fútbol de todos. Ya solo queda esperar…  

Pepe López

Periodista.

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