No sé lo que hago aquí; no sé porqué vine al mundo ni para qué. Unos me dirían que es una actitud egoísta; otros que no. Sólo sé que no sé lo que hago aquí; no tiene sentido. ¿Acaso hay que encontrar un sentido?
¿Por qué mis padres tuvieron que concebirme? ¿Qué fue eso? ¿Un acto sin sentido, un hecho consentido o con sentido, un suceso inesperado, espontáneo, no reflexionado?
Ayer escuché en una charla sobre salud mental que no es necesario ser madre para sentirse mujer y ser feliz; cierto. ¿Tenemos hijos porque queremos tenerlos o aparecen sin esperarlo?
Creamos una vida y, sin embargo, si llega el momento de no querer seguir teniéndola no se permite que eso suceda, está mal visto, es un acto egoísta, cobarde, inmoral. Si tengo una vida también tengo derecho a no querer seguir con ella, me encuentre como me encuentre, esté sano o esté encamado, pueda saltar y correr o repose en una cama hospitalaria entubado sin más.
Sí, ayer en una charla sobre salud mental en los jóvenes adolescentes, estaba sentado en la mesa pero solo como acompañante, no como ponente. Un acto más de los que se me han ido ocurriendo a lo largo de esta estancia en el mundo con el que colaborar con otras personas; uno más de muchos con el que tratar de aportar algo a la gente, al mundo; algo de esperanza, de apoyo, de ilusión, de ánimo, de confianza, de estímulo. Curioso; ayer en esa mesa pero hoy me siento cansado.
Nunca quise tener hijos: pobre ser recién llegado teniendo que soportar una carga genética de un cincuenta por ciento de mí aunque se hubiese compensado con el cincuenta por ciento de la lucidez mental de mi mujer, de su valor, de su valía, de su rigor y de su ponderación. Pero las circunstancias y la naturaleza no se pusieron de nuestro lado.
Con la educación se va a todas partes. No es verdad. Muchas veces no se valora e incluso en otras ocasiones, perjudica. Y te daña. ¿El mundo está hecho para los fuertes? ¿Para los poderosos? El mundo es una contradicción constante; lloramos en los entierros a quienes hemos criticado sin parar o nos amargaron la vida en vida; reímos los actos de quienes se emborrachan o pillan una cogorza cada fin de semana o ponemos a parir a quienes tratan de ser coherentes y argumentan sus actos con sentido sólo por el hecho de que he de ser yo quien ocupe su lugar, su puesto. Esto es una locura.
Y el loco soy yo porque me vuelvo a preguntar: ¿Qué es vivir? Lo siento, estoy cansado.
Llego hasta aquí porque no puedo más; me he equivocado en muchas cosas; no me gusto cómo soy, no me caigo bien; estoy convencido que es lo mejor para todos que mi ausencia se haga presente y, aunque a veces sienta que me puedo volver a levantar, como transmitía la ponente de ayer, ceso en el empeño y no me arrepiento.
Por eso desde mi mesa dejo esto escrito porque mi voluntad es la que es; se mire como se mire, se entienda o no, se acepte o no, duela o no. Que nadie piense en nada, que nadie se pregunte si podía haber hecho algo, que nadie trate de entender.
Mi cansancio me hace vulnerable. O será al revés… Nos vemos.
“No es posible. No coge el móvil. Ya debería estar aquí”, susurraba mientras caminaba por la casa ansiosamente.
Tras unos instantes sonó el teléfono: “¿Sí? ¿Dígame?”. Su rostro expresaba incredulidad y desconcierto. “¿Una nota?”, “¿¡Qué!? ¿Una pistola?”.
Tuvo que sentarse para tratar de asimilar cuanto escuchaba. “No, no, no tengo la menor idea de dónde aparece esa arma”, respondió.
Entre llantos facilitó su domicilio para que la Policía Local fuese a buscarla.
Un silencio atroz se apoderó e inundó el ambiente.
Sus lágrimas caían sobre un diario que anunciaba el éxito de una ponencia para unos adolescentes celebrada en un instituto.
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Muy interesante y muy bello lo tuyo. Yo no estudié Magisterio, sino Filosofía, Teología y Periodismo. Por educación soy optimista y creo que con solidaridad (“aquí me tienes”, dices generosamente) hacemos un mundo mejor. La religión ayuda. Muchos grandes científicos fueron sacerdotes. No hay contradicción entre razón y fe. Occidente tiene que volver masivamente a Jesucristo y se equivocan los que intentan borrarlo de niños y jóvenes e incluso de mayores desnortados. Recuerdo aquello que dijo Jesús para los que, desesperados, no ven sentido a sus vidas: “Venid a mí los que os sentís cansados y agobiados y yo os aliviaré. Mi carga es suave y mi yugo ligero”. Perdona mi sermón, pero es que a mí también me gusta enseñar. Tendría que haber sido maestro. Enhorabuena por tu artículo.
Hola. Muchas gracias por sus palabras. No hay nada que perdonar; al contrario. Gracias por comentarlo. Un saludo