Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Narrativa

Amores lunáticos en una brizna de oportunidad

Jane Rodríguez.

Aquello que gotea de arriba… Cuando todo parece decidido y poco a poco, escuchamos el murmullo de hojas y plantas y sentimos esa autopsia bien ajardinada, y en imperativo, y esas noches con sabor a fábula, y ese linaje perpetuo, y esa Providencia Divina, y ese almizcle carnal, y ese fertilizante para enmendar, discernir, colorear, remendar, menguar y ablandar nuestro corazón en remojo…

Una brizna de oportunidad nos viste, nos cubre, nos ilumina, con su propia marca de flores y celebramos la llegada de prima-verso, perdiéndonos fugazmente, en esas embriagantes y tentadoras, lunas llenas, de atención e intención y en donde la vida recobra su espesor y el alma encuentra refugio en la honda verdad que habitamos con actos de amor y de resistencia, sosteniendo nuestra mirada y sintiéndonos mirados en proporciones invisibles… una luna rosa de la hierba brotante, en abril, una micro luna de las flores, al estar en su punto más alejado de la tierra, a principios de mayo, y otra, ¡una segunda vez! Y es que, ¿quién no desea una segunda vez, cuando la primera ha sido infinitamente cósmica y estratosféricamente nos ha dejado más que lunáticos, viendo estrellas y en las nubes? Una segunda luna llena, y en azul, de ¿miel? ¿crema chantilly? ¿palomitas de maíz?, a finales de mayo…

Es veintinueve, ¡feliz cumple! y los siguientes, la luna del gusano, del cuervo, de la Cuaresma, de esa sabiduría que alimenta el alma y esa luna floripondia con néctar de marzo y de linaje perpetuo, con mousse de naranja dulce y eucalipto, en donde las manifestaciones de espiritualidad y creatividad, arte, prosperidad y levedades de la vida, se funden amorosamente con la abundancia y buscamos frenéticamente ese equilibrio y armonía y esos recónditos y traviesos atractivos con exagerada belleza, como la misma que emana del Universo… Es primavera y el momento vivido nos pertenece, ¡siempre! aunque con quién lo vivamos empiece a dejarse llevar por el viento y a irse, muy lejos, en una borrasca, de junio acompañada de palabras y de una luna de fresa, de miel, o de rosas en notas de gotas y gotas y gotas de silencios y fiel capricho, crecimiento, cuidados, iniciativas, amor propio… y de repente, es enero, y el lobo aparece no sólo en “caperucita roja”, sino también en su propia luna de hielo y en lugar de atacar, dulcemente canta: “despierta mi bien despierta de ese sueño tan profundo que te vino a despertar quien más te quiere en este mundo” abrimos los ojos… es febrero, y su luna llena  de nieve, nos brinda purificación y comunicación… y llueve y llueve, y truena y relampaguea… y entre tanto, el ciervo y el heno, nos recuerda con su luna que estamos en julio, y pareciese que entendiéramos de ¡echar mucho de menos!, abrigarnos, arroparnos, abrazarnos, y quedamos, tontos perdidos, y más que perdidos, en esa mágica y hechicera luna del trueno, la creación, la familia y el hogar y ¡suspiramos! y pasaríamos así, lunas de cosecha en septiembre, lunas de escarcha en noviembre, y lunas de la noche larga y exageradamente fría, en diciembre, lunas de heno, esturión, de calor y de fuego y de granos rojos de agosto, como flores de “amor ardiente” con su armonía, atractivo y belleza en una luna del cazador de octubre con sabor a pastel… “tendidos en el jardín bajo las estrellas y brota el deseo tejido de apetito y de búsqueda, de ilusión y de esperanza, en esas oscuridades muy bien camufladas y emerge en medio del caos, entre imaginación y carencia, un despertar… pasión, patíbulo, paciente, padecer, enfermedad, muerte, infección…

Y ese amor lunático, lo vivimos en todas y cada una de sus fases…

¿Y si el corazón fuese amarillo con follaje verde?

“No sé por qué, pero de ti me he enamorado, te quiero a mi lado, sigue latiendo aún” y en la autopsia se ha dibujado a un corazón, nuevo, examinado, educado, entrenado, habitado y tanto y más, desde su nacimiento, con equilibrio y con justicia emocional, vacunado contra  falsedad y enfermedad, y con páginas en blanco y besos en la trattoria, y a por días de fábula y sin impedimentos, porque, tal vez, somos lo que compartimos con presencia verdadera… “me derrito en flores como la mantequilla con el despertar y los movimientos de las ramas caminando hacia la luna” y mientras recorremos la vida, nunca estamos solos, con nosotros por el camino van, esos amores lunáticos, llenos, de “alegría espiritual”, menguantes, en “a-brazos dormidos” que dan ganas de continuar, crecientes, en miradas y ternura y nuevos, en creernos firmemente en la magia, recogimiento, calma y hechizo de la vida, del cielo azul, del polen de las flores, de las alas del petirrojo, de las nubes tamaño XXL,  de la medicina de perdonar, del existir con consecuencias y arrancar las raíces de plástico en el jardín de tu boca… amores lunáticos que se convierten en la alegría del quebrantamiento de nuestros huesos, porque cuando tenemos una relación íntima con la Naturaleza y el Universo, nunca llegamos tarde…

Cuando estamos bajo luna nueva,- su astro no es perceptible a nuestra vista-, la autopsia se cuece a fuego lento, con hambre y sed, y se muestra vivaz, energética y llena, y comenzamos nuevos y dispuestos a recibir, nos dedicamos a la introspección y vamos en creciente, hacemos balance de qué nos funciona y qué está costando su brillo en nuestro cuarto creciente, y entonces, aumenta nuestra sensibilidad y nos sentimos desbordados y parece que casi todo, por no decir, que todo, nos toca y demasiado, y es porque estamos en gibosa creciente y estamos algo encorvados y con giba, nunca mejor dicho, y empieza a pesar la maleta en el viaje… y llega ese momento intenso de luna llena a nivel emocional y el culmen del ciclo de qué permito, qué busco, qué deseo, qué me apetece, y entonces… ¡vamos!  ¡a por ello! y esa giba se hace más delgada, y es porque tal vez, seamos conscientes del dolor y pasamos al mimo, al abrazo, a la ternura y ese ciclo lunar de gibosa menguante, en donde el peso de la mentira y el engaño mengua y aprendemos de los desaciertos, sinsabores, alegrías, momentos de infarto, de éxtasis… y ya en cuarto menguante y menguante, la giba es apenas visible en el cielo azul, y expresamos gratitud y recompensa, elogios y piropos, y nos gustamos un poco más que ayer, y que antes de ayer, y miramos lo caminado, lo podado, lo conseguido, lo que queda por besar y viajar y reír y tanto y más… y nos sentimos ¡en la luna! y ¡en las nubes! y en ese momento de subidón total, ¿quién nos baja de allí?… placer, atontamiento, imbecilidad transitoria, sobrecargas y descargas eléctricas al despojarnos de las armaduras de batalla, “te traigo estas flores porque no encontré palabras de amor” y así sin más, una aurora boreal: “enséñame a cantar, enséñame a cantar, que tengo el corazón roto y necesito amar” ¿el corazón siente lo que calla la mente? ¿el corazón reacciona al dolor emocional y a esa tormenta del cerebro en encontrar su camino de regreso, y entiende de “tregua” en el idioma del dolor y de la calma y del conflicto y de la herida y de la paz y de la luz y de la oscuridad y del tiempo y de esa sopa inflamatoria de esa autopsia y esa llama que enciende nuestras letras para ese encuentro inesperado con esa estrella  en las nubes con “allure” y esa lunita consentida colgada del cielo, en temporada de floración, con cabecera de maceta, como un farolito que puso mi Dios para que alumbrara las noches calladas de “amores lunáticos” de nuestro corazón, y hoy que vuelvo a querer y nunca me enseñaste lo que es la ingratitud, y como la luz del cielo que cada noche te ve crecer y poseer la osadía de sostener tanta luz que conmueves y mueves con tu amor en creciente de palabras cosidas en el mejor paño sosteniendo la mirada largo tiempo en tu dulce luna llena sin prisas y nutrida con sabores de autor únicos e inolvidables: fleur d¨oranger, cassis, framboise, ambrette, musk, marshmallow, mandarine, bergamote, grapefuit, y entonces, cierro los ojos y dibujo desde entonces, la luna, y en ella, mi grimorio de flores…

 “te quiero con el cuerpo y con el alma” hasta más no poder y es que nada podría decirte por querer decirte todo…amores lunáticos en una brizna de oportunidad!!! 

Y escucho el dulce cantar de los pájaros y escribo en esta dulce y armoniosa y calmada madrugada de primavera, estas hojas de mi grimorio de flores… hojas de fresno, del 19 de febrero al 17 de marzo, realistas y compasivas… hojas de aliso, del 18 de marzo al 14 de abril, desprenden un aroma de independencia, de competitividad, de sociabilidad y de seguridad en sí mismos, única… hojas de sauce, del 15 de abril al 12 de mayo, respiran educación y modales, comunicación, son cautas y les encanta la enseñanza y manejan un vocabulario extenso… hojas de espino, del 13 de mayo al 9 de junio, hojas apasionadas, con sentido del buen humor, creativas y enamoradas… hojas de roble, del 10 de junio al 7 de julio, sólo con verlas transmiten optimismo, liderazgo, motivación y son decididas… hojas de acebo, del 8 de julio al 4 de agosto, me encantan por su practicidad, por su fuerza, su perseverancia y su perfeccionismo… hojas de avellano, del 5 de agosto al 1 de septiembre, necesarias para llevar un camino con propósito en el que la organización, el análisis y el estudio de las situaciones y de las acciones nos llevan al punto de partida y al de llegada… hojas de vid, del 2 de septiembre al 29 de septiembre, ¡qué delicia! perceptivas, amables, románticas y refinadas… hojas de hiedra, del 30 de septiembre al 27 de octubre, un árbol – como me siento ahora mismo con estas hojuelas de maíz calentitas con frutos rojos  y  “eclats” de chocolate blanco, con mi velita de color rosa coral pastel y aroma a exquisitas orquídeas –  optimista, extrovertido y carismático  … hojas de junco, del 28 de octubre al 24 de noviembre, ellas son extrovertidas, buscan la libertad y las emociones fuertes… hojas de sauco, del 25 de noviembre al 23 de diciembre, honradas, reservadas, celosas y con esa fuerza interior que las convierten en medicinales… hojas de abedul, del 24 de diciembre al 21 de enero, resueltas, resilientes, fuertes y trabajadoras… hojas de serbal, del 22 de enero al 18 de febrero, mi esencia, mi naturaleza, mis suspiros, mi respuesta al dolor y a la esperanza, mis letras, mi Naturaleza, hojas sensibles, con espíritu, con ideales, creativas y con magia, arte y encantamiento… y así sin más… cuando me siento profundamente enamorada y atraída y seducida y locamente y apasionadamente enamorada, siento una profunda conexión con la Naturaleza y con mi naturaleza humana, y con mis instintos más carnales y más sensibles y más lógicos y siento esa fuente de sabiduría sagrada que emana de esos arbustos que me hacen suspirar y me dejan en éxtasis y me inspiran paz interior y me dicen: lo estás haciendo muy bien, continúa!!!con carácter, con expresión y con personalidad!!! Y es que las palabras es lo único que tengo a mano, para abordar mi dolor personal, mis batallas, mis pequeñas victorias, mis heridas, mis glorias, mis amores y mis rencores y desencantos y, a veces, se me hacen escasas e insuficientes, porque he decidido, a estas alturas de mi vida y en estas páginas del libro que escribo, que quiero ser yo misma, quiero vivir mi vida de forma auténtica, sin versiones, sin máscaras, sin mentiras, sin apariencias, sin engaños, y quiero habitar en mí y conocer a ese huésped de una vez y arroparle y abrigarle y colmarle de ese desamor tan cruel como la muerte y la desolación y todo lo parecido a eso y sentirme renovada como ese sol de primavera y ese grimorio de flores, de caléndula, menta, enebro, clavelitos blancos y rojos, ruda, mejorana y margaritas, estragón, perejil y flor de sauco, valeriana y pachulí, y ese toque sofisticado a praliné, sándalo aromático, mandarina jugosa, ámbar cremoso, frutos del bosque, maderas de caramelo y vainilla… y así sin más… os envío millones más una de celebraciones del Universo, como lo hacen las flores, las plantas, la lluvia, los truenos y relámpagos, la llovizna, la montaña… a través de sus formas, colores, texturas y movimientos, y con nuestros seis o más sentidos comunes, y abren puertas y ventanas, cielos y mares, túneles y socavones, escondites y silencios, secretos y entresijos… porque, sencillamente y sin darle más vueltas, porque, no hay que darle más vueltas al asunto… y así sin más, esa conexión es brutalmente mágica, brinda instantes de felicidad, suspiros de perfección, inhalación de constelaciones, miradas de infarto y de tentación bajo la luna, fertilidad y vitalidad al calor del sol, y prosperidad y belleza en la oscuridad de las estrellas, y las flores bailan con él viento, y reciben caricias de la brisa y ellas se purifican, se transforman, cambian con su movimiento constante que las empuja con el tic tac de su tiempo, en cada amanecer, con sus pétalos cubiertos de rocío, sanando de a poco sus heridas con esa conexión perdida de esa, A, del “ABCdario”, confusa, borrosa, inestable, dudosa, ¡qué sé yo! en la que la confianza y las ganas de vida proclaman su victoria de florecimiento, hasta esa, Z, rotunda, completa, potente, con fuerza, decidida, plena, amorosa, compasiva, misericordiosa, en un jardín, a la jardinera, con auténticos comienzos propios e ingredientes de autor, y así sin más, las flores dejan ver con descaro y asombrosa belleza y deseo, sus pétalos más efímeros, sus fragancias enloquecedoras, embrujadas y hechiceras, su particular lenguaje que nos invita a un viaje particular, creando un puente invisible, misterioso y sanador.

Vendría bien para el corazón, una infusión con hibisco, hortensia, crisantemo, peonía, agapanto, tulipán, geranio, lirio y 25 0 35 rosas… Vendría bien para después de una autopsia a corazón abierto, comprarme un ramo de flores con caléndula, margaritas, lirios de los valles, manzanilla dulce, campanillas de invierno, azalea y nomeolvides y vendría bien para la jardinera,- que busca claridad, certeza, luz y más luz en el viento que respira-, un ramo con lavanda, brezo, verbena, botón de oro, narcisos, anemonas, cardo mariano y zanahorias silvestres, y como almohada, soñar en una nube con aromas de gloria de la mañana, sauco, jazmín, toronjil, flor de la pasión, glicina, madreselva, vainilla, nata montada, café y un toque de bayleis, y entonces, cierro los ojos y dibujo desde entonces, la luna, y en ella, mi grimorio de flores y “te quiero con el cuerpo y con el alma” hasta más no poder y es que nada podría decirte por querer decirte todo…amores lunáticos en una brizna de oportunidad!!! …

Jane Rodríguez Rodríguez

...Periodista... escritora... presentadora... taller alfabetización mediática APPA... reservista voluntaria... ilusión por entregar libros a niños en Cúcuta y compartir para que escriban sus historias de vida y editarlas en España en el concurso de relatos... Amo las palabras y lo que ellas callan y dicen... y son mi refugio... mi compañía... mi postre preferido... mi tanto y más, junto a mi café y en deliciosos puntos suspensivos...

3 Comments

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  • Desde lo profundo y apenas hollado, latiendo cual corazón de Caribe y manigua, vegetal pero con aromas de puma herido….
    ¿ vendrá de allá, o de acá, en pura luz mediterránea?
    La incógnita se disuelve en prosa poética y llamaradas de pasión imaginaria , de mujer en vuelo onírico