Al paso

Noviazgo sin sexo, un gran invento

Fotografía: Tatyana Kazakova (Fuente: Pixabay).

La castidad está llamada a ser un gran valor en la rehumanización de esta sociedad cada día más deshumanizada y enemiga del matrimonio.

Creo que los tres cantantes que dieron más lustre al bolero ‘Somos novios’ fueron Antonio Machín, Armando Manzanero y Luis Miguel. De Machín y Manzanero muchos de nuestros jóvenes ni siquiera habrán oído hablar. Los restos del cubano descansan en el cementerio de San Fernando de Sevilla desde los años setenta en un bonito monumento funerario. El mexicano Manzanero fue víctima del covid en diciembre de 2020 con 85 años. Del portorriqueño Luis Miguel, de padre español y luego nacionalizado mexicano, la gente joven y menos joven lo sabrá todo, pues ha sido y es uno de los cantantes latinos más galardonados internacionalmente y uno de los que más millones de discos ha vendido.

El bolero de marras dice así:

Somos novios
pues los dos sentimos mutuo amor profundo
y con eso
ya ganamos lo más grande de este mundo.
Nos amamos, nos besamos.
Como novios nos deseamos
y hasta, a veces, sin motivo
y sin razón, nos enojamos.
Somos novios.
Mantenemos un cariño limpio y puro....

Durante mucho tiempo, el noviazgo era una etapa de la vida de la mujer y del hombre. Tiempo para conocerse y para amarse castamente. Nada parecido al actual ‘mi chica’ o ‘mi chico’, que indican posesión, por cierto, en un tiempo en que cada vez abundan más las parejas ‘abiertas’. Todo era antiguamente acorde con un principio filosófico que yo veo plenamente vigente: ‘nada es amado si primero no es conocido’ (en latín, se dice ‘nihil volitum quin precognitum’. Es una evidencia. ¿Cómo vas a amar una cosa que desconoces? Lo que llamamos ‘flechazo’ no debe considerarse amor sino anuncio de una posible relación abierta al conocimiento mutuo y, por supuesto, al amor. Nunca el ‘flechazo’ puede justificar un ‘aquí te pillo y aquí te mato’, lo diga un chico o lo diga una chica, que parece lo mismo, pero no es igual; que por mucha (o toda) igualdad que asumamos, el chico no se va a quedar embarazado.

Fotografía: Hiep Pham (Fuente: Pixabay).

El enamoramiento a primera vista es un error grave. Sabio dicho: ‘dar tiempo al tiempo’. Ortega y Gasset filosofó: “No hay que dejarse llevar por los primeros impulsos, los de un flechazo. Se puede producir un proceso que nos aleje de la realidad hasta llegar a un estado de imbecilidad transitoria”. 

Y aquí es donde viene lo más duro y más bonito del noviazgo: la castidad. La castidad no es sólo una virtud cristiana; es también una virtud humana, como lo son la fe, la esperanza y la caridad. Y la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Además de novios o parejas, somos fundamentalmente, esencialmente, humanos. Y como humanos tenemos unos derechos y unas obligaciones. Nos gloriamos y ‘pirramos’ con los derechos y nos sacudimos (unos más que otros) las obligaciones. ¿O no?

El noviazgo con castidad tiene una gran ventaja sobre la pareja de hecho que tanto se lleva y se quiere justificar diciendo que es como un matrimonio experimental que, cuando no funciona, se rompe y santas pascuas, incluso aun cuando hayan sobrevenido niños durante el ‘experimento’. Un experimento que suele traer enormes consecuencias desastrosas sobre la pareja y, principalmente, sobre los hijos. Uno no debe emparejarse para tener sexo gratis confundiendo sexo con amor al menos por un tiempo. Son dos cosas tan diferentes que lo contrario lleva a la conclusión de aquella actriz medio famosa de la que cuentan que se dedicó a la prostitución de lujo justificándolo ella así: “cobro cantidades fabulosas por lo que hacía gratis con el imbécil de mi marido”. La catadura moral de la prostituta de lujo (¿está prevista esta figura en la nueva ley sociocomunista prohibiendo la prostitución?) no tiene desperdicio.

El noviazgo sin sexo es un hallazgo muy primitivo, pero es un gran invento. La virginidad está llamada a ser un gran valor en la rehumanización de esta sociedad cada día más deshumanizada y enemiga del matrimonio. En los años setenta, tras la campaña sesentera del “haz el amor y no la guerra” (hay que reconocer que el eslogan se merece un premio nobel), hubo un movimiento nacido en Estados Unidos –y que casi se universalizó– sobre el elogio y práctica de la castidad juvenil hasta contraer matrimonio. Pero el tiempo de la ‘pureza sexual’ duró relativamente poco. Llevamos años y años de una programada y brutalmente financiada exaltación de lo ‘sexual e ideogenérico’ que rebosa y rebasa cualquier límite lógico y entra en el terreno de la locura. El pansexualismo se ha convertido en droga generalizada.

Fotografía: Alice Bitencourt (Fuente: Pixabay).

Es absolutamente deleznable que se abran caminos incluso al sexo-droga, con financiación pública y con la excusa nefasta de que ante los hechos consumados lo mejor es dar información a los jóvenes para que sepan hasta dónde no deben ‘caer’. ¿Para qué hablar de la sexualización infantil en las escuelas? Educación sexual, mucha educación sexual desde temprana edad para ir preparando no futuros científicos, investigadores y profesionales competentes, sino machos y hembras ‘sexuados’, especialistas en ideología de género, pues con eso nunca faltarían subvenciones para ir tirando sin pegar chapa. Cerebros convertidos en penes y vaginas contra la explotación capitalista y el neofascismo franquista y la siempre amenazante ultraderecha.

Menos mal que todo tiene un final y que son cada vez más los desengañados de las patrañas sociocomunistas que dilapidan el dinero público y nos quieren hacer a todos esclavos para vivir ellos como señores feudales, dictadores sobre la miseria del proletariado que están creando al ritmo con que acaban con la fabulosa clase media. Eso sí, propagando el odio en lugar de la concordia que nos dimos con la Constitución del 78, la del ‘todos iguales ante la ley’ frente a los comunistas e independentistas insolidarios y perversos a los que el sanchismo ‘engorda’ como monstruos que lo devorarán inexorablemente si Dios, con ayuda de todo el pueblo español, no lo remedia cuanto antes. En eso estamos los españoles y españolas que nos queremos (aunque suene muy cursi) como novios ‘con cariño limpio y puro’. El flechazo de Sánchez con los enemigos de España dura excesivamente como para calificarlo de ‘imbecilidad transitoria’. Otra cosa es posible. Y deseable.

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Ramón Gómez Carrión

2 Comments

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  • Enhorabuena, Don Ramón Gómez Carrión… siempre anticipando sensaciones y hechos como la deshumanización (no del arte, según Ortega y Gasset) pues más preocupante resulta la deshumanización humana… Esperanza siempre en el giro radical a nuestro origen humano…

  • ‘Tu es Petrus’ y además grande y siempre benevolente. Te llamaré y podré oído atento a tus músicas. Un fuerte abrazo.

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