No albergo la menor duda de que Noelia Castillo está en el Cielo contemplando el rostro de Dios, un Dios todo amor y todo misericordia. Lo que necesitaba Noelia era, por encima de todo, amor. Ya lo tiene a tope. Ya tiene a la Virgen María estrechándola entre sus brazos como estrechó, hace 500 años, al indio Juan Diego y a todos los indígenas del continente americano, orgullosos de su madre del Tepeyac. Y estará rezando por tantos familiares, amigos, conocidos, políticos, sanitarios y demás profesionales que no estuvieron a la altura de las circunstancias y abogando para que se pongan los medios a fin de que no vuelva a producirse un caso más de suicidio asistido cobijándolo bajo el infame paraguas del “derecho a una muerte digna”.
La dignidad de la persona de esta joven atormentada y traumatizada es sagrada. Sagrada era la vida de Noelia y sagrada seguirá siendo por toda la eternidad. Y dichosa, muy dichosa, tras los terribles sufrimientos que ha sufrido en su relativamente corta existencia. De Noelia hablamos todos y en todos los medios de comunicación. Hay opiniones encontradas, sobre todo de políticos de todas las ideologías, muchas de ellas cargadas de electoralismo. Hemos politizado, buscando votos, la llamada muerte digna y el aborto envuelto en papel de regalo como ‘salud reproductiva’. Se politiza todo y dentro de poco habrá casi tantos partidos como españoles, cada quién defendiendo ‘su verdad’, no buscando ‘la verdad’; la realidad es que se buscan a si mismos y no la verdad. Asuntos tremendamente importantes los de la eutanasia y el aborto. Se están legalizando en el mundo entero. Nos hemos puesto mayoritariamente de acuerdo en acabar con los no nacidos y los enfermos más o menos terminales con la asepsia del que mata por dignidad.
¿Y la conciencia de cada uno qué nos dice en la intimidad? En el interior de cada hombre y cada mujer habita la verdad, la verdad que, según Jesucristo (el personaje que más ha hecho por la humanidad, según Ghandi), nos hará libres. Libre es en el cielo Noelia, que se ha encontrado con su padre Dios y con Cristo su hermano, el que dijo a sus discípulos, mientras paseaba por la arena del lago Tiberíades, “yo soy el camino, la verdad y la vida”.
Amigos lectores, les recomiendo que lean los Evangelios. Son más entretenidos que muchas novelas de éxito y no son incompatibles con ellas. Y casi les garantizo un subidón de autoestima como el que habrá disfrutado Noelia en el Cielo, donde no necesita de nuestras oraciones. Que ella interceda por nosotros pecadores, todos nosotros los que decimos ‘No a la guerra’, pero ‘Sí a la muerte’ de inocentes criaturas. Amén.













Gracias por tu defensa de la vida… y del derecho a vivir dignamente y favorecer la vida con nuestros impuestos cada día para el Estado gracias a nuestros años de sacrificio y disfrute en el trabajo
(elegido o impuesto por las circunstancias)
para ayudar a todos los seres humanos a vivir…
Mil gracias, Don Ramón Gómez Carrión…
Pedro Jesús S
No a la guerra; sí a la vida
Querido Ramon en todo conforme contigo. He sentido mucha pena por Noelia. Cuanto habrá tenido que sufrir.
Descanse en paz junto a Nuestro Señor Jesucristo.
Un abrazo Julio Calvet Botella
Tanto sufrimiento tiene que haber recibido el abrazo de Dios. Defender esto no significa que no condenemos tajantemente la inutilidad y hasta la maldad de leyes y gobernantes que apoyan o no combaten las injusticias que provocan o dan lugar a situaciones tan tristes y dolorosas. Hay muchos lobos con piel de cordero; muchos indignos que apoyan la eutanasia y el aborto en nombre de la dignidad. La mentira está triunfando sobre la verdad. Estamos fabricando esclavos en nombre de la libertad. Hay que desenmascarar las mentiras de los políticos, sobre todo de los que nos gobiernan en cada momento.