Narrativa

Más de cien años

Fotografía: Anna Pictures (Fuente: Pixabay).

La resaca del pasado que dura toda la vida.

La pérdida del amor que creías para toda la vida.

La juventud inagotable que también te engañó.

La búsqueda del futuro que te preña de mierda hoy.

Las decisiones que nunca tomas por imbécil, aunque pierdas los huevos en el empeño o la vida o la dignidad.

La resaca del vino y el cava de una Nochevieja que no cambia nada.

Los hijos que nacen y que quieres y que se van antes de que te quieran o que te digan, mamá o papá te quiero y que se note, como cuando tú le cambiabas el pañal de madrugada y te ibas a currar sin dormir muchas mañanas.

Súbito se llena la cesta de otro año con otro año más y a qué negarlo, jode, aunque luego en público digas que no, que es bonito cumplir años y todo eso. Pero está jodida y maravillosa vida tiene esas cosas, nos contradicen desde fuera y nos machacamos desde nosotros mismos.

Nunca sabemos una mierda sobre esa pista de hielo itinerante donde patina la felicidad. Y si acaso la encuentras (la pista) acudes con los patines de ruedas.

La resaca de 1984 o de 1990, cuántos años se han ido colgando en tu ordenador portátil, en tu mente, años de los que apenas recuerdas un exiguo segundo, otros de los que no recuerdas nada, como si estuvieran vacios, como si siempre hubieran estado vacios, como si en realidad no hubieran existido. Y el tiempo saltara a su antojo desde 1978 a 1996 que murió tu padre y luego otro salto y otro dejando mucho tiempo donde casi todo se quedó en blanco o donde tu memoria no consigue encontrar aguja alguna en trescientos sesenta y cinco días por año.

Pero, obladi, oblada, la vida continua y casi todo se disuelve como el humo y, si lo mezclas con viento, que son los años, no quedan cenizas ni rescoldos, solo quedan huecos como pozos de tiempo sin fondo, sin rastro.

Me asomo al balcón del otoño y contemplo la lluvia al otro lado de las ventanas. El agua construyendo charcos y ríos de un rato, como la vida que vivimos un rato, aunque cumplas más de cien años.

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Pablo Guillén

Pablo Guillén empezó a escribir hace algunos años. Un poco para escapar de la rutina de un trabajo que sólo le aportaba un salario. Nada más. Publicó durante algunos años artículos de opinión en un diario local y también participó en algunos encuentros literarios concursando y formando parte en distintas publicaciones.
Tiene tres libros de relatos publicados: “Sombras de luz y niebla”, “Reflejos frente al espejo” y “Lanzarse al vacío y otros relatos”.
Además, tiene el cajón repleto de historias que empujan cada día por nacer, pero la situación actual no es la mejor y como todo el mundo sabe, el dinero no crece por más que riegues esa jodida planta.
Actualmente está inmerso en un nuevo trabajo, sin duda más ambicioso y extenso: su primera novela, aunque declara sin tapujos que se mueve mejor en el mundo de los relatos y puede que le pase un poco como a Oscar Wilde, que sólo escribió una novela, “El retrato de Dorian Gray”.

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