Al paso

La muerte de mi hermano y otras muertes

Imagen: Tumisu (Fuente: Pixabay).

Estaba empezando a escribir sobre la muerte, la vida y la eternidad con motivo del reciente fallecimiento del joven actor Antonio Ibáñez (conocido, ante todo, por su participación en varias series televisivas) y sobre las reacciones de cariño de varios compañeros gritando de dolor por ‘la injusticia’ de su partida precipitada al otro mundo con tan sólo 35 años. Justo en ese momento me ha herido el corazón la muerte de mi hermano Salvador que, hace poco, cumplió los 92. Al actor se lo llevó un cáncer traicionero, de esos que llegan como un rayo asesino fulminante. Mi hermano sufrió el fallo de varios órganos vitales contra lo que poco pudieron hacer los cuidados paliativos que le prestaron amorosamente en el hospital. También recibió atención espiritual completada con la Unción de los Enfermos.

Antonio tenía toda una vida por delante. Mi hermano había vivido toda una vida y ha dejado esposa, hijos, nietos y hasta bisnietos. Dos vidas diferentes y dos muertes distintas. No hay una sola vida igual ni una muerte como otra. Por más que digamos que somos iguales, la pura y dura verdad es que somos diferentes y como diferentes nos tenemos que llevar bien, o soportarnos cuando menos, si es que no somos capaces de amarnos.

Los creyentes tenemos una ventaja sobre ateos y agnósticos: sabemos que, si fuimos buena gente, nuestras almas van a parar al Cielo, aunque tengan que pasar antes, en algunos casos, por el fielato del Purgatorio y lo mismo les espera a los no creyentes si anduvieron por la vida haciendo el bien. Lo escribí en alguna ocasión y conviene repetirlo: “no salva la fe sino las buenas obras”. Es doctrina divina, enseñanza de Jesucristo que viene en los Evangelios y se repite en las cartas de los apóstoles Pedro, Pablo, Juan, Santiago y Judas Tadeo.

Antonio Ibáñez era una gran persona, además de excelente actor. Se despidió de todos sus familiares y amigos con este mensaje en Instagram: “Tenía muchas ganas de vivir y seguir creando arte. Aun así, podréis ver, sentir y tocar mis energías más puras en todos mis cuadros. Allí os podréis perder en mi alma linda y generosa”. Era un excelente pintor además de buen actor. Su amigo Nacho Guerrero escribe: “Parece que los malos no se van nunca y tú te vas pronto, muy pronto. ¡Qué injusto!”. Y otro compañero, Mario de la Rosa, le dice: “Me quedo con tu acento, tus escenas, tus bailes, tu sonrisa, tu generosidad, tu humildad, tu arte, tu luz… Celebro haber compartido contigo esa parte del camino. Buen viaje, querido”.

Al funeral de mi hermano asistimos todos los familiares, amigos y conocidos del pueblo, Ledaña, de la provincia de Cuenca en el límite con la de Albacete, no muy lejos de Fuentealbilla, lugar de nacimiento de Andrés Iniesta, el del gol del Mundial de 2010 que mi hermano celebró más que cuando lo pasearon a hombros en la plaza de toros del pueblo hace de eso setenta y pico de años. En las próximas fiestas del Patrón San Roque, el 16 de agosto como día grande, todos lo echaremos en falta en las gradas de la coqueta plaza de toros de la localidad. Y, como en la iglesia y en el cementerio, nos emocionaremos todos y nos fundiremos de nuevo en abrazos y lágrimas.

Supongo que el cementerio donde descansan los restos de Antonio Ibáñez, como todos donde reposan los que fallecen, esté lleno de cruces, de oraciones cortas, de jaculatorias y de paz como en el camposanto de mi pueblo.

A los amigos de Ibáñez y a todos los que nos rebelamos por las muertes ‘injustas’, entre ellas las de las guerras; a todos los que nos duelen las muertes de familiares y amigos; a todos dirijo esta reflexión: Dios no es culpable de ninguna muerte. Dios es nuestro creador. No es un juez terrible, sino un Padre amoroso que nos tiene preparada una herencia inmensa y eterna. Aunque a veces nos hayamos portado mal con Él, nos espera con los brazos abiertos como esperaba el padre al hijo pródigo en la hermosa parábola de Jesucristo que narran los Evangelios. La muerte no es el final, sino el principio de una vida mejor y para siempre. Mi hermano lo sabía. Puede que Antonio Ibáñez no lo supiera cuando escribió su ‘testamento’. Ahora ya lo sabe. Me alegro por él y por sus amigos y por tanta gente buena como hay en este mundo, a pesar de algunos ‘cenizos’. ¡Que nadie nos quite la esperanza! Porque nadie nos puede quitar a Dios, ni ahora ni en la hora de la muerte. Lo pienso, lo creo y lo digo en memoria de todos nuestros difuntos y, en especial, de mi hermano y de Antonio.

Vivir con Dios y de acuerdo con sus mandamientos es un gran objetivo y hasta diría que más divertido que pasarse la vida tras el dinero, la droga, el sexo y el defraudante egoísmo que impera en buena parte de la sociedad. Una sociedad cristiana es una sociedad con principios. Respetar a los padres, honrarlos hasta el día de su muerte; no matar (es decir no masacrar fetos en el vientre de la madre y no ‘suicidar’ a ancianos y enfermos terminales con la excusa mentirosa de una muerte digna, en lugar de facilitarles todos los cuidados paliativos); no mentir; no calumniar; no cometer adulterio; amar a tu esposa, a tus hijos y a todo prójimo como a ti mismo…

Todo es tan lógico, tan humano y tan dignificante que no sabe uno cómo tantos capitostes del mundo mundial propagan doctrinas contrarias a la dignidad del hombre y de la mujer ¡en nombre de los derechos humanos! Cuanto más nos dejemos aborregar por los falsos dioses adoradores del dinero y del poder más indignos nos haremos, Las mafias ideológicas comunistas y capitalistas nos están llevando a la ruina moral mientras ellas se enriquecen y nos someten a la esclavitud material y espiritual. Dejemos de ser marionetas en sus sucias manos. Otra vida es posible. Y otra muerte. Con dignidad de la buena.

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Ramón Gómez Carrión

8 Comments

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    • Gracias por tu pésame, Tocayo. Creo, como tú, que Miró se pasó de Poe y que es uno de los grandes escritores, equiparable a Azorín. Un abrazo.

  • Te acompaño en el sentimiento por la muerte de tu hermano.
    Has hecho una gran reflexión sobre la vida y la muerte
    Gracias!!

  • Te acompaño en el sentimiento, Ramón, por el fallecimiento de tu hermano. Yo también tengo muy reciente la muerte de mi padre de 90 años, igualmente fallo multiorgánico, el 2 de julio.
    Descansen en paz. Un abrazo.

  • Mi más sentido y a la vez alegre y feliz «¡Olé!» a Salvador… si bien para su celebración celestial nada de ‘bono cultural’ porque a l@s dictadorzuel@s miserables se les antoja que la Tauromaquia (de Goya, Picasso, Buñuel…) nada tiene que ver con la cultura politizada (Almodovariana, etc etc etc…). Y llevan razón pues Tauromaquia es Cultura con mayúsculas…
    Un abrazo, Don Ramón Gómez Carrión y familia…
    Pedro Jesús Bernabeu Mora…

    PD: Yo sí creo en que la vida, la muerte, la vida… es un ciclo sin fín donde el eslabón del marcharse coincide con el de otra nueva vida…

    • PedroJ auténtico y no como el otro Pedroj Ramírez exhibicionista. Gracias por tu pésame y gracias porque siempre caminas optimista a pesar de un mundo con tantos acontecimientos que nos quieren arrastrar al pesimismo. Un abrazo fuerte.

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