Al paso

Guadalupe, la imagen de la Virgen pintada por Dios

Fuente: Aciprensa.

Un milagro permanente durante 488 años junto al cerro mexicano de Tepeyac

Cumplo mi promesa de escribir, cada mes de diciembre, sobre un acontecimiento que tuvo lugar el día 12 del mes doce del año 1531. Faltan dos lustros y un año (once años) para que se cumplan los 500 del milagro de la Virgen de Guadalupe. La Virgen se apareció al indio Juan Diego cuando solo habían pasado doce años desde que Hernán Cortés arribara, en 1519, a las costas mexicanas para conquistar el imperio Azteca para el rey Carlos I y emperador Carlos V. Iba acompañado de frailes, los Franciscanos que iniciaron inmediatamente la evangelización. 

Juan Diego fue uno de los primeros conversos y acudía a la catequesis caminando unos kilómetros desde su casa hasta la humilde sede episcopal que regentaba el obispo franciscano Juan de Zumárraga. La madre de Jesús se le apareció un día, cuando caminaba junto al montecillo Tepeyac, y le encomendó decir al obispo que levantara un templo, en ese cerro, dedicado a Ella. Como el religioso le exigiera una prueba de que la aparición era cierta, el bueno de Juan Diego se lo dijo a la Señora en la siguiente aparición. Era el 12 de diciembre. La Virgen le ordenó que subiera a lo alto del cerro, que recogiera unas flores y se las llevara en su tilma al obispo. Tuvo que esperar con otras personas en la antesala del despacho episcopal y cuando salió el prelado, ante él y los que le acompañaban, Juan Diego abrió su tilma, su capa india, y al suelo cayeron muchas rosas castellanas mientras en la tilma aparecía la única imagen de María que ha sido pintada por el mismo Dios.

De este hecho extraordinario, al que no encuentran explicación humana cuantos científicos e investigadores de varias universidades estadounidenses (algunos de los cuales trabajaron para la NASA), debería informarse a toda mujer y a todo hombre del planeta Tierra. Porque, entre otras cosas, nos confirmará en la creencia de que somos polvo, pero también inmortales. Estas líneas son, casi en su totalidad, repetición de las de diciembre pasado. Acaso puedan ayudar a reflexionar y a albergar esperanza en unos tiempos tan calamitosos, especialmente debido a la pandemia del coronavirus.

No es el único acontecimiento sobrenatural que se ha producido a lo largo de los últimos dos mil años, pero sí uno de los más llamativos. Las apariciones marianas más excepcionales en el continente europeo fueron las de Lourdes (Francia) y Cova de Iría (Portugal). En uno y otro santuario se han producido y siguen dándose curaciones milagrosas, atestiguadas por médicos y científicos. Testigos excepcionales hay varios, pero citaré dos por su especial relevancia: los premios Nobel de Medicina de 1912, Alexis Carrel, y de 2008 (hace solo doce años), Luc Montagnier, a quien fichó China para dirigir un instituto de investigación que lleva su nombre, investigador especialmente famoso por haber descubierto el agente causante del sida, el VIH, virus de inmunodeficiencia humana. Carrel fue echado de la Universidad de Lyon por creer en los milagros de Lourdes, pero fue fichado por la Universidad de Chicago y la Rockefeller. Era agnóstico y se hizo católico. De los enemigos de los fenómenos religiosos escribió Montagnier que intentan imponer sus dogmas de ‘intelectualidad superior’ frente a aquello que no entienden. Y les invita a “conocer el asunto con más rigor científico y menos conclusiones precipitadas y anticientíficas”.

La Colegiata de Guadalupe, 1859, por Luis Coto. Colección: Museo Nacional de Arte, MUNAL, México (Fuente: Wikimedia).

La singularidad del milagro de Guadalupe está en que se consuma cada día en la permanencia de una imagen y una tela de fibra de magüey (una especie de ágave mejicano) que no debieron durar más de 50 años. La tilma del indio Juan Diego, en la que guardó las rosas (castellanas y en diciembre) que la Virgen le invitó a cortar en el montecillo Tepeyac para que las llevara al obispo Juan de Zumárraga en prueba de su aparición y deseo de que se le hiciera una ermita allí, sigue igual de flamante casi 500 años después.

No solo eso, sino que los científicos de la NASA y otros muchos (entre ellos el dos veces Nobel Richard Khun, de origen judío) testifican que la tilma no tiene pintura; no hay pinceladas; no hay materiales terrestres conocidos adheridos a la fibra; no hay pigmentos y los colores siguen tan vivos como hace años y años; no están adheridos a la tela sino que flotan a escasísima distancia. No hay explicación humana posible. Firman con sus nombres el libro ‘La túnica de Juan Diego’: Phillips S. Callaghan y Jody Brant Smith.

Otro investigador contemporáneo, José Aste Tonsmann, ha estudiado, con todos los más modernos instrumentos oftalmológicos, los ojos de la Virgen de Guadalupe, tras haberse hecho pública una fotografía en la que parecía apreciarse una figura humana pintada en uno de los ojos de la Virgen. Ha publicado un libro en que narra su trabajo y el resultado sorprendente: no una sino doce figuras humanas entre las que se cuentan el obispo Zumárraga y quienes le rodeaban cuando el indio Juan Diego abrió su tilma ante ellos. Cayeron las rosas y en la tela de magüey apareció la imagen y en los ojos de la Virgen se reflejaron quienes la miraban, como ocurre con los ojos de los vivos.

No es sitio éste, por falta de espacio, para contar más hechos extraordinarios en torno a la Virgen de Guadalupe, pero merece la pena narrar uno que tuvo como triste protagonista al anarquista español Luciano Pérez, quien, en 1921, hizo estallar, cerca de la imagen, una bomba potente escondida en un gran ramo floral. Entre los enormes destrozos causados, una cruz de hierros retorcidos, cruz que se conserva en la basílica mejicana. La imagen no sufrió ningún daño y el cristal que la protegía (que no era blindado, no los había entonces) quedó intacto también.

Yo soy de los que piensan que el universo y su género humano en especial son creación de Dios y no fruto de la casualidad como han dicho Stephen Hawking y otros científicos muy respetables, pero faltos de la humildad que exige a ellos el Nobel Luc Montagnier: “conocer el asunto con más rigor científico y menos conclusiones precipitadas y anticientíficas”.

La imagen de la Virgen de Guadalupe en México cumple 489 años este 12 de diciembre. Dicen los más entusiastas devotos que, si bien las estadísticas cuentan que en torno al 80% de los mexicanos se proclaman católicos, el 100% son guadalupanos. Hay millones de guadalupanos por todo el mundo. Yo lo soy y les invito a que se apunten. No hace falta ser Nobel para postrarse ante la guadalupana y sentirse eterno.

El profeta Isaías fue el primero que llamó ‘alfarero’ a Dios. Ahora, a las puertas de algunos comercios (en Alicante conozco dos, uno en la calle Alfonso el Sabio y otro en la plaza del Puente, en el Barrio), que versifican lo de Isaías:

Oficio noble y bizarro,
entre todos el primero,
pues en las artes del barro
Dios fue el primer alfarero
y el hombre el primer cacharro.

El hombre es la cumbre del milagro de la creación y la imagen guadalupana, el más excelso retrato para la fe. México tiene el honor de contar con el primer (y único, que yo sepa) retrato de la Virgen debido al ‘pincel’ de Dios.

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Ramón Gómez Carrión

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