Al paso

El Belén de Luis Barcala, el dinero de todos y la Navidad de algunos

Belén de la plaza del Ayuntamiento de Alicante.

No todo tiene que ser triste en medio de la cruel pandemia que nos azota inmisericorde: corazones rotos pero esperanzados son posibles

Algunos políticos se resisten a ser humanos y casi todos se resisen a confesarse cristianos, como si el ser como sus padres, sus abuelos o sus tatarabuelos (etc., etc., etc.) fuera desdoro, mejor dicho, como si proclamarse creyente llevara consigo pérdida de votos. Este país sigue siendo mayoritariamente católico, aunque oficialmente sea aconfesional, si bien los sociocomunistas del Gobierno nos pueden sorprender en cualquier momento con aquella afirmación de Manuel Azaña en el Congreso de los Diputados, recién proclamada la Segunda República: “España ha dejado de ser católica”. Estos chiquitos (pero matones), Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, son capaces de cualquier cosa con tal de tener unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que les mantenga en el poder, aunque estén manchados de inmoralidades varias, de traiciones y hasta de sangre. Manchados los PGE y también ellos en una de las navidades más tristes que podamos recordar los que pasamos ya de los 80 años y que algunas veces votábamos a un PSOE socialdemócrata y que ahora se proclama socialcomunista.

El comunismo materialista y ateo, condenado por el Parlamento Europeo por tan dictatorial y asesino como el nazismo, ha sido blanqueado por el ‘sanchismo’ de ‘Pedro el mentiroso’ que también blanquea a los sucesores políticos de los etarras asesinos y a los independentistas catalanes y vascos, a los que llama “valientes y patriotas”. No es que estemos cambiando el significado de las palabras; es que estamos asistiendo a la destrucción del alma de España, de los valores tradicionales, sobre todo de aquellos que hablan de trascendencia; de aquellos principios que elevan al hombre por encima de los animales, por encima de los instintos,

Hablemos, por ejemplo, de la Navidad y de cómo unas fechas entrañables, en las que se revivían en familia acontecimientos trascendentales para la historia de la humanidad, han pasado a ser, en el mejor de los casos, días para el reencuentro familiar, aunque cada vez más en un entorno de familias rotas por separaciones y divorcios normalmente traumáticos y no solo para los hijos.

Es triste haber llegado a una sociedad española maltratada por los abortos criminales, la amenaza de la eutanasia o suicidio asistido y el divorcio exprés rampante. Y todo en aras de un falso progresismo que es realmente un retroceso a las cavernas, a la filosofía de que el hombre es un lobo para el hombre. España, el país que evangelizó y llevó el progreso cultural, religioso y económico al Nuevo Mundo, reniega de su valioso pasado, avalado por una Constitución de concordia, para caer en un miserable Gobierno de coalición sociocomunista apoyado por independentistas y amigos (o algo más) de terroristas. No se puede caer más bajo. 

Es una situación muy triste. Pero no todo tiene que ser triste en medio de la cruel pandemia que nos azota inmisericorde: corazones rotos pero esperanzados son posibles. Los humanos siempre han querido ser eternos porque tienen alma para la eternidad. Solo el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. La muerte es una transición. Lo habían dicho los profetas, los mismos que anunciaron la encarnación de Dios Hijo en el vientre de la Virgen y su nacimiento en Belén, la ciudad de David. Y ese nacimiento fabuloso es lo que conmemoramos los cristianos en Navidad. Y con San Francisco de Asís, hace casi 800 años, comienza la tradición del belén, que se instalaba en las casas, colegios, hospitales, plazas… y que la ineptitud y maldad de políticos materialistas fue eliminando de las instituciones públicas poniendo como excusa la aconfesionalidad del Estado.

El Papa Francisco, en su carta apostólica sobre los belenes ‘Admirabile signun’ (Admirable señal) pretende “alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas… Un ejercicio de fantasía creativa que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza… Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

¿Creen que Pedro Sánchez va a revitalizar la tradición del belén? En Alicante, un gobierno municipal de izquierdas atacó la tradición belenística. Este año, la capital alicantina, de centroderecha, ha vuelto a rehabilitar la costumbre belenística y ha protagonizado un nacimiento monumental en la plaza del Ayuntamiento con figuras de la Sagrada Familia y un San José de 18 metros de altura, belén que ha entrado en el libro Guinness de los récords. La iniciativa ha recibido el plácet general, menos el de un edil de izquierdas que ha calificado el hecho de ‘obsceno’ por el gasto. El colectivo de la hostelería y de empresas turísticas lo considera como una inversión sumamente rentable, además de haber beneficiado al colectivo de artistas de Hogueras.

Hay polémica sobre el belén de Luis Barcala, el dinero de todos y la Navidad de algunos. El alcalde, Luis Barcala, y el concejal de Fiestas, Manuel Jiménez, aseguran que a la corporación solo le ha movido el bien de la ciudad. A uno, la crítica del edil disidente le parece un poco politizada. Me recuerda la de Judas Iscariote (tesorero del grupo de Jesús y sus apóstoles) cuando María Magdalena derramó sobre los pies del hijo de María un frasco de perfume muy caro: “podía haberse vendido y haber repartido el dinero entre los pobres”. Jesús le dijo: “a los pobres siempre los tendréis entre vosotros”. Poco tiempo después, Él moría crucificado para garantizar la salvación eterna de los pobres-pobres y de los pobres de espíritu, los que ponen sus bienes al servicio de la comunidad.

El problema de la pobreza no se resuelve con el reparto de unos euros a los necesitados, sino con una política global inteligente y justa para que a nadie le falte un trabajo y un sueldo dignos, posibles de conseguir en una sociedad democrática alejada del dictatorialismo materialista de los comunistas ateos y predicadores del odio, casi siempre lobos disfrazados de corderos.

Deseo a todos los que esto leyeren que pongan un belén en sus casas y en sus corazones. ¡Feliz Navidad! También para Sánchez e Iglesias. También ellos, aunque no se lo crean, son hijos de Dios, del que se hizo hombre y cuyo nacimiento conmemoramos ahora. Es un hermoso tiempo para la conversión.

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Ramón Gómez Carrión

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