Al paso

Estudiantes que se suicidan o lo intentan

Estudiantes de Alicante durante la manifestación (Fotografía: Pilar Cortés).
Son adolescentes, casi niños, muchos de los cuales no conocen a Jesucristo, pero ya les están inculcando el sociocomunismo de Estado contra la iniciativa privada.

El periódico provincial pregonaba hace unos días, con foto en primera página, que los estudiantes de Enseñanza Secundaria Obligatoria entre 12 y 16 años se manifestaban alzando la voz por la salud mental tras hacerse pública una estadística constatando un aumento escandaloso de suicidios, intentos de suicidio y autolesiones entre adolescentes de nuestra Comunidad al igual que en el resto de España. Al mismo tiempo se daba cuenta de que la Consellería de Educación había resuelto contratar a 50 psicólogos y psiquiatras para un tratamiento sanitario en los 715 centros docentes de la Comunidad Valenciana.

Estamos ante un descubrimiento gravísimo dentro de la sociedad regional y nacional. Algo muy grave está sucediendo en nuestro tejido social para que nuestros estudiantes entre 12 y 16 años sufran en sus mentes y sus corazones (estamos hablando de problemas emocionales y cognitivos muy complejos) ataques más o menos descarados a lo que debería ser una enseñanza y una educación en valores humanos que, indudablemente, está en crisis. Si no hubiera crisis no habría consecuencias desastrosas en los comportamientos de los chicos y chicas que se manifiestan pidiendo salud mental y, también reformas en la enseñanza para cambiar el statu quo que produce las anomalías que les llevan a conductas autolesivas.

Estaríamos equivocados pensando que el problema se resolverá contratando a 50 profesionales de psicología y psiquiatría; por cierto que se antoja una cifra ridícula para 715 centros con miles de alumnos. La pregunta clave es ¿qué pasa en el sistema educativo (y en el conjunto de la sociedad) para que hayamos llegado a la situación que los manifestantes denuncian y la Administración reconoce?

Fotografía: Ulrike Mai (Fuente: Pixabay).

Yo creo que el problema no es sólo del sistema de enseñanza, sino más complejo. Y los propios estudiantes (mejor dicho, el Sindicato de Estudiantes convocante de la manifestación) lo pone al descubierto en el manifiesto que el periódico dio a conocer uno o dos días antes de la manifestación.

El problema global podría ser el de un Gobierno que se sustenta en comunistas, separatistas y bilduetarras amigos del terrorismo y que legisla por decretos leyes casi siempre para destruir principios y valores tradicionales de gran alcance social, pero desvirtuándolos con palabrería hueca que ataca importantes normas para la convivencia en paz.

Acusan comunistas podemitas y bilduetarras a los demás de discursos del odio y son ellos, con el respaldo final de los socialistas sanchistas, los que legislan sin parar para promover el guerracivilismo y enfrentar a los españoles. En materia de familia y costumbres son iconoclastas absurdos, con un discurso trans y de relaciones sexuales tan aberrantes que producen sonrojo. Son destructores y no constructores. Las ruinas que siembran no son el mejor caldo de cultivo para el desarrollo armónico de los estudiantes, en especial los que se encuentran entre los 12 y 16 años, a los que habría que mimar en lugar de politizarlos absurdamente.

Vayamos a los hechos recientes, al manifiesto del Sindicato de Estudiantes organizador de la manifestación. Reivindicaciones:

  • 1. Aumento de recursos en salud mental en al menos el 15% del gasto total en salud, que ahora es del 5%.
  • 2. Creación de miles de plazas de Psicología y Psiquiatría en Atención Primaria, en hospitales, escuelas, institutos y facultades públicas.
  • 3. Educación sexual, emocional y de prevención de suicidios como parte de estudios.
  • 4. Gratuidad total de la enseñanza, incluida la universitaria.
  • 5. Trabajos y salarios dignos que contribuyan a una buena salud mental. 
  • 6. Nacionalización de la sanidad privada y de la industria farmacéutica para que la salud esté al servicio de la sociedad y deje de ser un privilegio y un negocio.

Yo me pongo al frente de la manifestación (o en la cola para que no me acusen de afán de notoriedad) para reivindicar los tres primeros puntos. Hay que asegurar al máximo la salud mental de nuestros hijos y nietos y de todos los ciudadanos. Una sociedad sana no puede tolerar que se suiciden los adolescentes y jóvenes. Ni nadie, claro, pero tiene que dolernos más el sufrimiento de nuestros chicos y chicas en esa edad tan crucial, tan bonita, pero tan delicada, entre los 12 y 16 años, que es de la que estamos hablando.

Los puntos cuarto y quinto tienen mucho de aspiración paradisíaca. ¿Hay dinero para la gratuidad total de la enseñanza, incluida la universitaria? Debería haberlo. Si lo hay para 22 ministerios y para cientos y cientos de asesores y para 27 parlamentos autonómicos, algunos con más 100 diputados que no hacen ni ganas de comer, y para 17 defensores del pueblo en 17 autonomías, con unos 40 funcionarios cada uno (o más, además del Defensor del Pueblo estatal), que no tienen ninguna función ejecutiva, sino mediar con un buenismo social inútil; pues si eso es así, que lo es, debería haber dinero para lo que solicita el Sindicato de Estudiantes.

Lo de pedir trabajos y salarios dignos que contribuyan a una buena salud mental no se le habría ocurrido ni a Jean Jacques (Juan Jacobo) Rousseau, uno de los precursores de la Revolución Francesa, enemigo de Voltaire, aunque luego enterraron a uno junto al otro, cosas del más acá. El buenismo vale para poco. Rousseau dijo, en su famoso ‘Emilio o De la Educación’, que “el hombre es bueno por naturaleza”, una de sus frases más famosas, junto con esta otra de `El contrato social’: “El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado”.

No sólo piden los estudiantes, como yo, trabajos y salarios dignos, sino algo más y que tiene que ver con la salud mental más o menos según se mire. Algo falla cuando para exigir, justamente, inversiones en salud mental, al mismo tiempo se pide la “nacionalización de la sanidad privada y de la industria farmacéutica para que la salud esté al servicio de la sociedad y deje de ser un privilegio y un negocio”. Esto, a mi juicio, es mezclar churras con merinas y confundir el culo con las témporas. No creo que chicos de 12 y 16 años estén capacitados para meterse en líos de alta política nacional que nada (o muy poco) tiene que ver con la educación, su gran reto, por el momento. Tiempo tendrán para que, con más estudios y más experiencia de vida, puedan y deban tomar postura sobre asuntos que no deben preocuparles ahora. Ignoro quién o quiénes les han llevado a pronunciarse sobre nacionalizaciones, pero seguro que no son gente de fiar, sino manipuladores listillos de mentes adolescentes. Eso no es formar a chavales y chavalas sino manipularlos vilmente.

Fotografía: Dim Hou (Fuente: Pixabay).

No veo en el manifiesto reivindicaciones de formación filosófica y hasta religiosa, cuestiones que tienen clara relación directa con la salud mental, con la vida espiritual y el mundo de las emociones. Somos cuerpo y espíritu, sexo y amor, Nuestros actuales gobernantes no cesan en manipular con asuntos sexuales y de género, pero nada hacen para alimentar con amor filosófico y hasta teológico a unos adolescentes y jóvenes necesitados de apuntar alto en sus vidas. Hay que inculcarles amor y respeto a su dignidad y la dignidad de los otros y de las otras, compañeros y compañeras. Y, porque nos tenemos que respetar a nosotros mismos, es preciso no caer en ludopatías de cualquier tipo, ni en drogas, ni en pornografía de las redes sociales que lamentablemente las autoridades gubernativas no persiguen, mientras la ministra de Igualdad (de cuyo nombre no quiero acordarme) defiende las relaciones sexuales de menores con tal de que sean consentidas, lo que es un delito de pederastia tipificado en el Código Penal. Eso no es formación sexual, sino deformación hasta delictiva.

Me quedo con las ganas de hablar de cómo la religión puede ayudar a los chicos y chicas a ser más felices. Son adolescentes, casi niños, muchos de los cuales no conocen a Jesucristo. Si ya les están inculcando el sociocomunismo de Estado contra la iniciativa privada y a favor de la frustrante y envilecedora ideología de género no está de más que les hablen (les hablemos) de alternativas que den esperanza e ilusión a sus vidas. Sólo les adelanto que, si se encuentran con Jesucristo, su existencia va a cambiar a mejor. Tendrán una salud mental de hierro y una maravillosa sensación de felicidad. Jóvenes: no estáis hechos para sufrir, sino para ser felices. Otro día os hablo de las palabras y los hechos de Jesús de Nazaret, que fue crucificado por Poncio Pilato (no lo digo yo, también los historiadores de Roma, entre ellos el mejor de todos, Tácito). Es una gran historia por más que a Isabel Celáa, a Pedro Sánchez y compañeros mártires (perdón, quiero decir que nos martirizan) les parezca un cuento chino.

Sending
User Review
0 (0 votes)

Ramón Gómez Carrión

Comentar

Click here to post a comment

*

code

Patrocinadores

Ojo al Lunes