Al paso

El amigo de los adolescentes que nunca falla

Fotografía: Edwin Andrade (Fuente: Unsplash).
Jesucristo: “Un mandamiento nuevo os doy; que os améis los unos a los otros como yo os he amado”

Los estamos condenando a ir por mal camino. A los niños, a los adolescentes y a los jóvenes. Han saltado las alarmas. En mi artículo anterior sobre los estudiantes hice una serie de reflexiones a raíz de la manifestación en que gritaban a la sociedad y a los gobernantes el gravísimo problema de salud mental que les afecta y que ha estallado tras el alarmante incremento de suicidios, intentos suicidas y autolesiones. Si a esto añadimos las cifras del constante incremento de la delincuencia juvenil más los problemas de ludopatía y de acceso a la pornografía en unas redes sociales descontroladas, el panorama se torna intensamente negro.

Urge una asignatura de salud mental y una red ambulatoria bien dotada de personal especializado y sin listas de espera. Urge crear plazas de psicólogos y psiquiatras. Es duro y triste reconocerlo, pero estamos creando una sociedad cada día más enferma, falta de sentimientos y de afectos. Nos atrincheramos. Incluso los avances tecnológicos, pensados para comunicarnos más rápidamente y mejor, los utilizamos para aislarnos. Un pequeño ejemplo puede descubrirnos hasta dónde llega la incomunicación de la comunicación. No es infrecuente ver sentados a cuatro amigos o familiares o compañeros de trabajo sentados en la terraza de un bar tomando unas copas y cada cual manejando el móvil sin que sean capaces de mantener una conversación entre ellos aunque sólo sea para despotricar de lo sucias que están las calles o de la vergüenza del Atlético de Madrid que no va a jugar en Europa mientras el Cholo Simeone se lleva más millones que ningún otro entrenador, incluido el del Real Madrid, Carlo Ancelotti, al que los periodistas deportivos llaman Carletto.

En casa, los hijos están en su habitación, con ordenador, consola, móvil y lo que haga falta y sin control alguno. A la hora de comer, la tele puesta y el móvil al lado junto al tenedor y el cuchillo o en la mano. ¿Comunicación entre padres e hijos? ¿Educación? Qué los eduquen o deseduquen en el cole. O en el instituto. Y si las notas son deficientes se echa la culpa a los profesores, muchos de los cuales ya ni se enfrentan ni a alumnos ni a padres por peligro de agresiones personales o de que les pinchen las ruedas del coche.

Una sociedad enferma de mente y de corazón precisa de psicólogos y de psiquiatras. No hay bastantes titulados, en el supuesto de que Sanidad estuviera dispuesta a contratarlos, para atender las necesidades de la población. Si faltan médicos de atención primaria, es absurdo solicitar especialistas. Nuestra Sanidad autonómica está dando argumentos abundantes de la necesidad de que vuelvan esas competencias al Estado; que se centralicen. ¿Es lógico que los sueldos varíen de una región a otra y, a veces, sustancialmente? ¿Puede permitirse que se discrimine a los profesionales por razón del idioma?

La salud mental de adolescentes es muy grave y tiene que ver con el sistema educativo, pero también con el desprecio a la formación en valores tanto en las aulas como en el seno de la familia. Y en el conjunto de la sociedad. Nuestros gobernantes sociocomunistas se dedican a destruir los pilares de la familia tradicional y los principios de la civilización occidental de la Europa grecorromana y cristiana que pusieron a nuestro continente y al Nuevo Mundo que descubrió y evangelizó España a la cabeza del planeta Tierra. Iguales y hermanados, en lugar de igualados en el odio y homenajeando con un sello de la hoz y el martillo los cien años del Partido Comunista en España, un comunismo cuyos regímenes criminales y genocidas (no lo digo yo; lo aprobó así una resolución del Parlamento Europeo el 17 de septiembre de 2019) acabaron con cien millones de personas en Rusia, China y otros países comunistizados.

Vivimos tiempos convulsos con fuerzas políticas y económicas empeñadas en relativizar todo; en negar valores absolutos; en atacar a la religión cristiana, la que cambió el imperio romano enriqueciendo el imperio de la ley con el condimento del amor fraterno y la elevación de todos a la igualdad de hijos de Dios. El Cristianismo divinizó el humanismo grecorromano. El mensaje de Jesús de Nazaret (Dios y hombre verdadero) está en los Evangelios que José Sacristán no ha leído y le lleva a proclamar su ateísmo folclórico mientras hace propaganda de su película sobre exorcismos, que protagoniza clericalmente.

Adolescentes y jóvenes tienen que recibir en las aulas información religiosa. No adoctrinamiento. El hombre es un ser esencialmente religioso y los chicos tienen derecho a que se les informe de la historia de las religiones y, en Occidente, principalmente, del Cristianismo, consustancial a la civilización de medio mundo y que lleva siendo combatido dos siglos, aunque jamás será erradicado. Lo dijo Él: “Los Cielos y la Tierra pasarán, pero mi Palabra permanecerá para siempre”. Y también dijo: “Un mandamiento nuevo os doy; que os améis los unos a los otros como yo os he amado”.

Murió crucificado por defender que el amor entre los hombres vencería los discursos todos del odio. Y luego resucitó. Yo animo a todos, sobre todo a los adolescentes y a los jóvenes, a que lean los Evangelios y en ellos las palabras y los hechos (muchos milagrosos) de Jesucristo. Encontrarán unas ideas y un personaje digno de ser su ídolo para siempre, porque nunca les defraudará. No digo que serán como dioses, sino que gozarán de la amistad del que cambiará sus vidas a mejor y para siempre. Y jamás les fallará.

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Ramón Gómez Carrión

6 Comments

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  • Estimado Ramon Gómez Carrión, Esclarecedor articulo y verdades indiscutibles. Enhorabuena. Yo siento estar en una época de peligros: de revisionismo total e improvisado. Y lo siento en especial por la juventud que la veo como desnortada. Un abrazo, Julio CalvetG.

    • Pedro J: Llevo dos días de follones y no te he dado las gracias. Te llamaré por teléfono. Un fuerte abrazo.

    • Querido tocayo, Gracias por leerme. Estoy esperando que Amazón me traiga tu último poemario y luego hablaremos de él. Me ha encantado el artículo de Julio Calvet. Un abrazo.

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