Impulso irresistible

Estrellas en la Navidad

Imagen: Gerd Altmann (Fuente: Pixabay).

En medio de la noche más larga del año, la del 24 de diciembre del año cero hay una Estrella cuya luz ilumina el mundo entero. Esta estupenda noticia viene a ser el origen de lo que da vida, esperanza, ilusión y sentido verdadero a lo que es el espíritu y la realidad de la Navidad, un acontecimiento único que se vive en el mundo cristiano con emoción, confianza y sentido de misión (encargo) para hartarse de satisfacción y dar sentido a los sentimientos, las ilusiones y las tareas que nos han tocado a cada cual cuando hemos comprendido la embajada, la razón y la causa que se celebra y seduce de por vida. En Navidad se arrecia la mente de parabienes y del contento en que queda impregnada nuestra mente, nuestra condición, nuestro sentido vital y, también, nuestro destino, nuestra visión del mundo, del ser y del estar. Se enciende una luz brillante y poderosa que habla por sí misma y da sentido a todo lo que alcanza a ver nuestra visión y lo que llega a soñar nuestra mente ilusionada.

Y andamos el camino que lleva a Belén porque resulta que allí (lugar y concepto) se esconde la divina Providencia entre llamaradas y resplandores, sin apenas ruidos que pronto alguien los acalla para dejar escuchar un llanto suave y verdaderamente vivo, con la agudeza de quien sabe lo que hace y adónde va. ¿Ha pronunciado nuestro nombre desde su cunita humilde? Nos lo había parecido. Chis, silencio, concentración. Así empieza a escribirse el evangelio que es la lectura, simple y sencilla, que más nos admira y sobrecoge en cualquier momento, en la noche o en el día; en los ruidos de la calle, en el silencio de la casa, y en el trabajo. Es ahí donde volvemos a ver a ese niño, pero ahora pareciéndose a ti, a él, al que imitamos, o sea, a todos los que no hay que buscar en otra galaxia porque ahora está aquí, delante de nosotros, viéndonos o ignorándonos, saludándonos o sin habernos reconocido, queriéndonos sin duda. Hoy en Belén cabemos todos, ¡y mira que hay gente hoy, eh!; todos mirando hacia una cueva que es un pesebre donde pasan las noches oscuras y frías los animalitos buenos y sirvientes de este lugar y de su inmediato entorno.

La Estrella de este Niño nos fascina desde que sabemos que es el Mesías de Dios que ha venido a iluminar con su salvación al mundo entero. Esta salvación ya había sido anunciada desde el mundo viejo, desde muchos siglos atrás por medio de los profetas del Antiguo Testamento. Así que para acoger debidamente a este Niño nos ayudarán mucho las profecías que lo anunciaron, especialmente las que resplandecen en torno a su nacimiento. Nos lo recuerda A. de la Torre en su librito Estrellas del Adviento, que estamos leyendo para recoger más detalles sobre esta iluminación general del cielo estrellado estos días y todos los años. Antes de Navidad nos preparamos para acoger al Niño precisamente escuchando a los profetas, que son como pequeñas estrellas que nos van disponiendo a acoger la gran luz de la Estrella que es Jesucristo. “Cuando venía la noche sobre el mar, —nos dice el autor del libro— los antiguos navegantes se orientaban con las estrellas para seguir navegando hacia su puerto”. La esperanza de la luz con la que Dios nos salva es la protagonista fundamental del tiempo de Adviento. Esa esperanza, que desarrolla su fuerza en la liturgia de los días previos a la Navidad busca que “este tiempo se pueda convertir en camino donde la luz de la esperanza brilla gradualmente con más intensidad hasta llegar a la luz radiante de la presencia de salvación de Dios en Jesucristo, Estrella que llena con su venida el tiempo de la Navidad, meta del Adviento”.

Enseñaba Benedicto XVI que:

“Saber que Dios nos ha visitado hace que el presente de la espera esté ya lleno de sentido y, por tanto, que la espera que se vive en Adviento no solo sea cierta sino gozosa”.

Los cristianos reconocemos al Niño de Belén como el Mesías anunciado con el brillo estelar.

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Demetrio Mallebrera

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  • Demetrio: tú también eres una estrella que brilla en Hoja del Lunes para guía de navegantes. Feliz Año Nuevo con otra estrella, la de los Reyes Magos que, como el Adviento, conduce al portal de Belén. Un abrazo.

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