Impulso irresistible

“El mundo es bueno, a pesar de todo”

Rémi Brague en Paris, 2017 (Fotografía: Peter Potrowl (Fuente: Wikimedia).

Esta frasecita la dijo el humanista francés Rémi Brague (París, 1947; profesor emérito de Filosofía en La Sorbona) en su entrevista con Rafael Miner, colaborador de la revista mensual Omnes, de diciembre 2021, como consecuencia de haberse celebrado el Congreso Católicos y Vida Pública por la Asociación Católica de Propagandistas y el CEU. Entrevista en la que también dijo que “la gran tentación es la desesperanza” y definirse como “discípulo lejano de Sócrates”, que en un tono un tanto divertido añade que él es “un filósofo capaz de decir verdades como puños como quien cuenta un cuento antes de dormir con sutileza y en voz baja”. También Rémi Brague añade: “soy filósofo que lee obras de historia y me encuentro con una interpretación del mundo moderno que es comenzar de nuevo, que trata de hacer una tabla rasa del pasado como hace la Internacional”.

Para Brague el pasado es mucho más antiguo y procede de luchas de interpretación. El entrevistador empieza su conversación con el ponente advirtiéndole que en España se ha suprimido la Filosofía en la enseñanza obligatoria (ESO) y la pregunta primera es pedirle qué le sugiere esta información. “Me sugiere dos cosas. Primero, sobre las lenguas clásicas que desempeñan un papel muy importante en la historia cultural de Occidente, en Europa y en los territorios de ultramar”. “La cultura china descansa sobre el estudio de los clásicos chinos. Mientras que la civilización europea ha formado sus élites mediante el estudio del griego, y esto es verdad en Salamanca, París, Oxford, Cambridge, en Upsala y en todas partes”.

Continúa Brague: “Se ha formado a las élites en verse a sí mismas como decadentes en relación a la civilización griega, que ha sido idealizada. Los griegos eran tan brutos y tan mentirosos como los otros. Un ejemplo curioso: Hay un autor árabe del siglo IX que se llama Al-Razi y escribe: ‘Los griegos no tenían ningún interés por la sexualidad’, porque para él los griegos eran Aristóteles. Y eso era todo. Y no tenía idea de Aristófanes, por no hablar de los baños. El estudio del griego tenía el mérito de dar a las mentes europeas, a pesar de su arrogancia, un saludable complejo de inferioridad”.

En cuanto a la supresión de la filosofía, explica: “yo soy filósofo y es muy halagador para toda mi corporación, para todos mis colegas que nos consideren peligrosos. Una gente que puede ser subversiva simplemente porque busca la verdad. El peor enemigo de la mentira es la verdad. Es muy interesante como confesión involuntaria de estas personas, decir: no queremos filosofía, es decir, no queremos la búsqueda de la verdad”.

Nada de imagen idealizada de la Edad Media, lo que interesa a Brague son los pensadores, a los que denomina “colegas del pasado: los filósofos. Que podrían ser judeocristianos, pero también cristianos o musulmanes”. Narra en esta entrevista que: “Hay cosas muy interesantes de Maimónides, uno de mis grandes amores, como la gramática francesa me obliga a decir…

“Creo que lo interesante, si tengo que escoger una cosa, es la convertibilidad de las propiedades trascendentales del ser. El mundo es bueno. Se dice de una forma muy técnica, pero se puede expresar de una forma muy simple. El mundo es bueno a pesar de todo. Es un acto de fe, porque cuando uno se mira a sí mismo, uno se puede ver menos bello de lo que pensaba. El mundo es obra de un Dios benevolente, de un Dios que quiere el bien, y que nos ha dado los medios para resolver nuestros propios problemas”.

Rémi Brague

De entrada –continúa  Brague– (Dios) nos ha dado la inteligencia y la libertad, y nos ha hecho capaces de desear el bien, de quererlo verdaderamente. Dado que no somos capaces de alcanzarlo por nuestros propios medios, ha llegado la economía de la salvación. (…) Es importante, porque no necesitamos que Dios nos diga: “Dejaos el bigote o cortaos la barba”: no necesitamos que Dios nos diga: “No comáis cerdo”; no necesitamos que Dios nos diga: “Señoras, pónganse un velo”, tenemos peluqueros, tenemos barberos, tenemos sastres y tenemos una inteligencia para escoger la forma de vestirnos, la forma de comer, etc. En el cristianismo, Dios sólo interviene si es necesario.

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Demetrio Mallebrera

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