Impulso irresistible

Libertad, el gran ideal del hombre contemporáneo

Fotografía: S. Hermann y F. Richter (Fuente: Pixabay).

Carla Restoy, licenciada en Dirección de Empresas y en Economía lo dijo bien claro y alto cuando intervino en un Simposio de “Millenials de la fe”, que: “Pocas cosas atraen más al ser humano que la libertad”. Es verdad que en nuestro tiempo, y en términos generales, gozamos de grandes libertades, pero subrayamos lo que sigue: “que sufrimos la peor de las esclavitudes. No nos equivocamos si decimos que en nuestros días gozamos de libertades exteriores, pero de poca libertad interior, que es la más importante”. Se pregunta qué es lo que nos ata, qué cosas nos impiden ser libres. Impera en el mundo el pensamiento de que para emanciparnos y ser verdaderos debemos sucumbir a los deseos de nuestras pasiones. No valen las normas establecidas, y la rebeldía contra lo establecido es la única garantía de libertad. Vivimos enfadados con las normas y parece que sólo es libre aquel que se atreve a romperlas. “Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”, decía Goethe. Nuestro tiempo es el tiempo de “libres” esclavos.

La generación actual se centra en la libertad exterior y la confunde con la interior. Se centra en la emancipación de lo que nos ata, que está fuera de uno mismo. Los hombres de nuestro tiempo no paran de huir para intentar liberarse de algo de lo que se sienten presos, que les impide ser libres. Predomina la idea de “lo que ha establecido el sistema” está mal y que por eso no podemos ser libres. Hay una gran pérdida del sentido de la realidad. Quizás deberíamos identificar con acierto qué es aquello que esclaviza al hombre occidental en 2021. Nos cuesta mucho comprender que cuanto más dependa nuestra sensación de libertad de las circunstancias externas, más evidente es la realidad de que todavía no somos verdaderamente libres. Si queremos ser felices necesitaremos ordenar nuestra inteligencia y voluntad por encima de las demás pasiones y comprender las verdades establecidas en nuestro corazón.

¿Y cuáles son? Decía san Juan Pablo II que “sólo la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien. El bien de la persona humana consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad”. Debemos comprender que nuestro corazón y nuestra naturaleza están heridos y que siempre van a necesitar sanación. ¿Qué anhela nuestro corazón? El bien, la verdad y el amor. Nos atrae mucho la libertad porque nuestra aspiración fundamental es la felicidad y, en el fondo nuestro corazón sabe que la felicidad no es posible sin amor y el amor es imposible sin libertad. El amor sólo es posible entre personas que se poseen a sí mismas para entregarse al otro. Nuestro corazón no está hecho para otra cosa que para amar y ser amado. Esta revelación es fruto del conocimiento del corazón humano que nos ofrece el haber nacido en nuestro tiempo. Nuestro corazón es libre en la medida en la que es capaz de esclavizarse, de entregarse, de comprometerse, por amor. No hay nada más bello que la libertad empleada en esa entrega total del yo. A la vista está la cruz de Cristo que, señalando los cuatro vientos, es el símbolo de los viajeros libres, como bien indicaba Chesterton en El hombre eterno: “Las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente, sólo algo vivo puede ir contracorriente”.

“Merece la pena, merece la vida, usar la inteligencia para comprender lo que realmente anhelamos y usar la libertad para permanecer en ese obrar con prudencia y justicia para darnos a nosotros mismos aquello que verdaderamente necesitamos”.

Aconseja Carla Restoy.

Comprender y anhelar con prudencia y con justicia. Y añade:

“No conozco a nadie verdaderamente libre que no se posea a sí mismo ni a nadie verdaderamente libre que no haya decidido comprometerse y esclavizarse por amor. No conozco nada más bello que la libertad de Cristo en la Cruz”.

Carla Restoy

Estos creemos que son los parámetros y referentes que necesitamos conocer sobre nosotros mismos, y las nuevas posibilidades de actuación, de desarrollo, basados en nuestra responsabilidad y también en nuestro rendimiento.

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Demetrio Mallebrera

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  • Querido Demetrio: Hoy estás especialmente inspirado. Todo acertado en lo relativo a la asociación entre libertad y amor. Los que están propagando constantemente el lenguaje del odio no son libres por más que presuman de libertad. Una verdad como un templo. La verdad es la compañera inseparable del amor y la libertad. Esta es la trinidad de los seres humanos. ¡Feliz año nuevo para ti y los tuyos!

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