Libro: El misántropo arrepentido
Autor: Carlos Sillero García
Editorial Club Universitario
Presentación en el Ámbito Cultural del El Corte Inglés de Alicante
Fecha: 15 de enero de 2026
Honor, honoris, de la tercera declinación del latín, y ad honoren —ir hacia el honor o en la honra—, me identifica ya que es un honor para mí, amante de lo clásico, estar aquí junto a Carlos Sillero García, para acompañarle en la presentación de su nuevo libro, El misántropo arrepentido. Con Carlos Sillero García me une una amistad sobradamente acreditada desde que coincidí con él en la Feria del Libro de Alicante del año 2022, ambos en la caseta de la Editorial Club Universitario, presentando nuestros libros. Concretamente, el de Carlos Sillero era el titulado El pícaro erudito, novela cuasi biográfica de su autor que me llevó a su Madrid estudiantil durante su carrera de Medicina y al recuerdo de mis antepasados que también cursaron allí sus estudios.
Carlos Sillero García nació en Madrid en 1947 y estudió Medicina en la Universidad Complutense donde obtuvo la licenciatura y a cuyo “arte”, en el decir de Carlos, ha dedicado gran parte de su vida y ha sido su profesión efectiva. En 1985 leyó su tesis doctoral en la Universidad de Murcia con la calificación cum laude. Consigue en los primeros años de su profesión los títulos de especialista en Medicina Interna y Aparato Digestivo, habiendo desarrollado gran parte de su actividad en el Hospital General Universitario de Alicante y en el Hospital General Universitario de Elche. Dentro de su trayectoria destacan dos premios de investigación, el ser miembro de varias sociedades médicas y científicas, la publicación de algunas monografías médicas, ser coautor de varias publicaciones y libros de medicina —entre ellos dos tratados de urgencia médicas— y numerosas comunicaciones a congresos nacionales e internacionales. Es miembro del American Institute of Ultrasound in Medicine y socio emérito de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Alicante. Al tiempo de su jubilación en noviembre de 2012 era responsable del Servicio de Medicina Digestiva del Hospital General Universitario de Elche, habiendo publicado 200 trabajos de investigación, en revistas nacionales e internacionales.
Pero además de su brillante curriculum profesional en el ámbito de la Medicina, Carlos Sillero García tiene una especial vocación y experiencia como paleontólogo, disciplina a la que ha dedicado su actividad de manera casi paralela a la Medicina, pues es un apasionado a la ciencia de la Paleontología, siendo fundador del grupo Cultural Paleontológico de Elche y de su Museo Paleontológico, así como de la revista Cidaris y de Memorias del MUPE junto con su amigo don Joaquín López, biólogo. Esta actividad, desarrollada respecto a especies paleontológicas convenientemente nominadas, ha sido aceptada por la comunidad científica internacional y los holotipos de las especies descubiertas, —la mayoría del género Brissopatagus— están depositadas y blindadas en el Museo Paleontológico de Elche. Con posterioridad, toda la información disponible fue publicada en la obra Nomina Generum Echinorum que describe 933 géneros de erizos fósiles y actuales y 8872 especies conocidas, constituyendo la base de datos más amplia de las publicadas hasta la fecha. Se ha dedicado especialmente al estudio de los erizos fósiles del periodo Eoceno, sobre todo del género Brissopatagus, especie que vivió aproximadamente 40 millones de años. A este propósito, se ha dado su nombre a una especie de este período: el Brissopatagus Silleroi. Con motivo de la donación al Museo Paleontológico de Elche de su colección de fósiles compuesto por unas 300 piezas, ha sido nombrado socio honorario de esta Institución.
Ante todo esto, yo no puedo decir aquí más que el que me siento encantado de acompañar aquí a tan ilustre científico, que junto a tan brillante actividad ha llegado al mundo de las letras escritas, para convertirse en narrador de historias, muy cercanas a la realidad para disfrute de sus lectores.
Emilio Lledó, en su libro para mi apasionante, titulado Los libros y la libertad, (RBA Libros), nos dice que:
“La palabra “cultura” fue el término latino con el que se interpretó una palabra de más amplio contenido y que provenía de la tradición griega, la palabra paideia. En latín, el término “cultura” que originariamente significaba el cultivo del campo, adquirió pronto una significación metafórica, cultura animi, cultura intelectual. Una cultura que ya no tenía que ver con el mundo de la naturaleza objetiva, sino con la naturaleza que es sujeto y principio de la propia construcción y constitución”.
Con Carlos Sillero, nos encontramos con un ejemplo de la cultura subjetiva intelectual, con la cultura animi. Él mismo parece esconderse cuando nos dice que “tras su jubilación ha cambiado su profesión por la literatura”. No puedo estar muy de acuerdo en esto con mi estimado Carlos. En la jubilación somos resultado de un júbilo, pero un júbilo no por lo venidero sino por lo pasado, y la medicina y sus saberes científicos que han poblado su vida nunca estuvieron ajenos al escribir. Lo que sucede ahora es que su escribir es producto de sus conocimientos. Solo se puede escribir seriamente por y sobre lo vivido, y aquí se te escapan tus conocimientos científicos, pues nos titulas tu novela con la mención a un “misántropo”.
Yo, que no paso de ser más que un estudiante para “siempre” de Letras, ante cualquier palabra me atengo al Diccionario de la Lengua y en el ejemplar antiguo de la edición que poseo, se dice que “misántropo”, es la “Persona que tiene aversión al trato humano”, y tú, Carlos, nos presentas a tu personaje diciendo de sí mismo que “me considero un ser solitario, introvertido y un poco misántropo”. Y lo autocorriges al decir aquello de “un poco misántropo”. Y para acabar la frase del título de tu libro, añades aquello de “arrepentido”. Yo siempre he creído que el que se “arrepiente” nunca se creyó de verdad aquello de lo que luego combate con el arrepentimiento, ni siquiera el “pecado”.
Así que llegamos al hecho de que Carlos Sillero es también escritor y en esta actividad de la escritura, como germen de la cultura universal, ha publicado además de cuentos y relatos breves siete novelas, entre las que se encuentran El pícaro erudito, a la que antes he aludido y a las Memorias de un escritor en la ciudad de los muertos.
El Pícaro Erudito es un libro donde se mezclan el costumbrismo y la picaresca del vivir y que tiene mucho que ver con La Casa de la Troya, de Pérez Lugín, pero ahora desarrollada en el Madrid estudiantil de la época de su autor, y que tuve gusto de comentar en la Hoja del Lunes, que es esa prestigiosa publicación semanal que edita la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante (APPA) de la que soy socio colaborador.

Y en cuanto a la segunda de las novelas citadas, Memorias de un escritor en la ciudad de los muertos, Carlos Sillero tuvo la gentileza de pedirme la presentación de la misma, lo que tuvo lugar el 20 de noviembre de 2023 en la sala Miguel Hernández del Centro de la Universidad de Alicante, sito en la avenida de Ramón y Cajal, de Alicante y donde, en la lectura y presentación de esta novela, me hizo llegar a conocer y contemplar el Tribunal de Selección de Almas como una especie de antesala para decidir si el destino del alma es el purgatorio y el infierno —pues los que han ido al cielo por allí no pasan—, y en cuya llegada y espera ante el juicio no deja de tener connotaciones que nos hacer ver de nuevo al Ulises de Homero, o al Orfeo, el cantor por excelencia, en busca del rescate de su amada Eurídice, entrando y saliendo por el intrincado mundo o no mundo de los que andan vivos en la oscuridad eterna.

Y ahora, como una especie de trilogía, Carlos Sillero nos hace regresar a la tierra, a nuestra tierra española, pero no a una tierra cualquiera. En El misántropo arrepentido salimos así del submundo para llegar al mundo real, donde de los juicios de los tribunales se puede salir indemne y absuelto y no condenado cómo en el de la ciudad de los muertos: pues o purgatorio, como don Juan Tenorio, o infierno, como pena perpetua y eterna, y no una prisión con carácter de “permanencia revisable”.
El misántropo arrepentido “trata de una novela sobre la ahora llamada España vaciada” tal como él mismo indica y nos lo confiesa en el lema de su novela citando la sentencia o frase de Cicerón: “La soledad no es estar sólo, es estar vacío”. Su protagonista principal, el misántropo arrepentido en cuestión que nos comparte su historia, es Venceslao de Miguel quien pronto se ufana al declarar su orgullo de “pertenecer a la España vaciada, el locus geográfico donde se desarrolla la trama de esta historia”, nos refiere.
Y en su prólogo, con la soltura de un campeón antiguo, nos dirá “que esta novela es la historia de mi propia vida y yo soy el más indicado para escribirla”. Luego dirá que “este relato es un trozo de la historia de mi vida y de mi soledad”, que, “transcurre en su mayor parte en Campillo de la Ribera, un diminuto pueblo, de nombre imaginario, en lo que han dado en llamar, de manera un tanto absurda, la España vaciada, y aún otros, con talante despectivo, la España profunda”.
Y a partir de aquí, Carlos Sillero, o Venceslao de Miguel, se embarca en la noble aventura de afirmar que en tales pueblos, “las gentes que lo habitan, sin embargo, no se rinden a una adversidad del abandono al que han sido sometidas y al maleficio de la modernidad y en su indefensión viven en una primitiva, pero solidaria y equilibrada sociedad”.

Esta personificación del personaje, de su realidad sola o acompañada, de sus ires y venires, son cosas cuyos despejes tendrá que decirnos esta noche Carlos Sillero, pues yo que soy un hombre del Mediterráneo y nunca he sentido esa sensación solitaria, pues el mar veo que nunca está solo, ya que en su litoral y al fondo siempre veremos un bajel, camino del infinito, o el suspiro de una sirena que asciende llena de hermosura, desde sus profundidades.
Y en su novela, Carlos Sillero, ya adentrándose en el ámbito de lo concreto, nos dirá que “Soria es el paradigma de la España vaciada”. Soria y los Campos de Castilla, de la que también se dijo, por el maestro Azorín, allá por el año 1912, adelantándose a don Antonio Machado, cuando estudiaba con sus colegiales, “con la lluvia en los cristales”, aquello de:
“El campo se extiende ante mi vista: se halla en la primavera cubierto con el tapiz verde de los sembrados, roto acá y allá por las hazas hoscas, negras, de los barbechos y eriales; aparece en otoño desnudo, pelado, de un uniforme color grisáceo. No se yerguen árboles en la llanura; no corren arroyos ni manan hontanares. El pueblo reposa en un profundo sueño…”.
¿Predicción de lo que luego nos cuenta Carlos Sillero? Nos cuenta de Soria en su novela, que “de los ciento cincuenta mil habitantes que tenía al comienzo del siglo XX, no quedan más que noventa mil, de los cuales el 10 por ciento son extranjeros que han ido a Soria buscando una vida mejor”. Y por eso, nuestro autor cerrará su prólogo con una afirmación de intenciones:
“Quiero que este prólogo sea un alegato contra la injusticia y el desafuero, quiero que sea un grano de arena que contribuya a la desaparición de la España vaciada, repoblando aldeas y pueblos pero, sobre todo, repoblando espíritus y conciencia”.
Y nos topará, y bien venido sea, en el cierre de su prólogo, con los versos de don Antonio Machado, en los Campos de Soria:
“Es la tierra de Soria, árida y fría.
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas.
La tierra no revive, el campo sueña.
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo:
el caminante lleva en su bufanda
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas”.
Hay novelas individualistas que casi son monólogos y novelas colectivas con un sinfín de personajes, de lo que es paradigma La Colmena, escrita por el Premio Nobel de Literatura Camilo José de Cela que nos relata aquellas tristes vidas de una profusión de personajes del Madrid de la posguerra, hambrienta y desafortunada. Y dentro de este grupo literario, en el que en la novela de Cela el mundo y los personajes parecen como inmovilizados ante un futuro incierto, Carlos Sillero nos ofrece una novela también colectiva, pero con un profundo desarrollo que acaba en un movimiento de un positivismo deslumbrante. Es, ciertamente, El misántropo arrepentido, una novela costumbrista y repleta de personajes hasta el punto de que a su final, Carlos Sillero nos ofrezca un índice de personajes que nos describe uno a uno a los intervinientes “todos imaginarios”, y en la que en su personaje protagonista, Venceslao de Miguel, decide vivir en un pueblo de esa España vaciada, donde se fascina por la inmensidad de los campos, la belleza del paisaje y el verdadero sentido de la vida. Pero claro, en todo este caminar, nuestro protagonista no irá solo, porque el misántropo arrepentido no va de anacoreta, ira acompañado de Valeria, que es ese personaje principal, viuda y luego novia de Venceslao a quien este le debe la reconversión de su personalidad y el arrepentimiento de su misantropía. Y es que a Venceslao, por un acontecimiento fortuito, le hace conocer el amor, que le ayuda a esta liberación y arrepentimiento.
Y para llegar a ello, la novela nos irá contando paso a paso sus encuentros con personas magníficas o significativas y con momentos serenos o placenteros: mi madre, Aldonza, la vida en una pequeña ciudad, las fiestas de San Juan, la España Vaciada, un acontecimiento inesperado, Valeria, Campillo de la Ribera, de nuevo en la carretera, el humilladero, la casa de los lirios, diálogos a pie de calle, el médico de Campillo, el colmado de tío Celedonio, la tahona del pueblo, el sueño de la muerte, jueves lardero, la tormenta, estampas callejeras, el tonto del pueblo, las avutardas, una tarde de setas, tardes literarias, la noche de los títeres, la Navidad en Campillo, la gran ciudad y el epílogo. Todos los capítulos, 25, son una lectura grata. Grata y llena de momentos emotivos. Y a su final, Venceslao, llega a ser un misántropo arrepentido.
Y es que Venceslao nos dirá en el final del último capítulo de la novela titulado “Epílogo”:
“Mi convivencia con Valeria ha conseguido momentos de felicidad y de comprensión. Los pequeños problemas cotidianos que surgen de vez en cuando se curan con el cariño que nos tenemos. En el día de hoy, hemos visitado al médico del pueblo por un motivo trascendente que teníamos pendiente. Don Alejo nos ha dicho que Valeria está embarazada. No hemos podido tener mayor alegría. Dentro de poco, el padrón municipal de Campillo de la Ribera aumentará con una o un miembro más. El alcalde del pueblo estará también satisfecho. Hemos puesto nuestro granito de arena para luchar por la España vaciada, contra la España despoblada. Es probable que el en el futuro Valeria y yo sigamos repoblando la España rural, a la que tanto amamos”.
Carlos Sillero nos ha dedicado un ejemplar de su libro a mi esposa Carmen y a mí con estas palabras:
“Para que en sus ratos de tranquilidad y sosiego, se distraigan leyendo esta novela que trata del amor y de la vida apacible y serena de nuestra España vaciada”.
Y esta es al fin la novela: pues trata del amor y de la vida apacible y serena de nuestra España vaciada.
¡Enhorabuena Carlos, por tan hermosa novela, que no puede ser más que una parte del retrato de la vida y de los sentimientos! Gracias por escribirla y gracias a tu esposa Fuensanta, que te habrá acompañado en la aventura de escribir este libro.













Muy interesante es novelar sobre la España vaciada y tú, Julio, nos invitas, bella y sagazmente, a leer la obra de Carlos Sillero. Soria es una provincia a la que tengo especial afecto, entre otras cosas por haber inspirado a Antonio Machado su ‘Campos de Castilla’, que nos acercas con unos versos preciosos. Un abrazo.
Muchas gracias querido amigo Ramon Gomez Carrion
Un abrazo
Julio Calvet Botella