Cultura

De libros y costumbres pícaras

Libro: El pícaro erudito
Autor: Carlos Sillero García.
Primera edición: noviembre 2021.
Editorial Club Universitario.

Distinguidos lectores: tengo un libro en mis manos, el que hoy les presento, que me ha gustado mucho. Y me ha gustado mucho porque en él se mezclan dos géneros literarios que me llenan de ilusión y completan mi curiosidad desde siempre: el costumbrismo y la picaresca del vivir. Es como si vinieran hacia mí, a un tiempo, don Ramón de Mesonero Romanos, “el curioso parlante”, siempre fiel a su Madrid, y el anónimo autor del Lazarillo, aquel pícaro mozuelo nacido en la aceña del Tormes, que acabará siendo feliz pregonando los vinos del Arcipreste de Toledo junto a ese río Tajo deslumbrantemente pintado para siempre por el arte inmortal de un griego llamado Doménico, que allegado aquí acabara siendo conocido como “El Greco”, con sus hombres enlutados, vivos o muertos, vestidos con golillas y con sus verticales rostros y barbillas singulares como proas de vientos inimaginables.

O sea, que me voy a tropezar, como lector, con unas escenas matritenses, castizas y llenas de ternura, y con la historia, que no leyenda, de un pícaro de nuestros tiempos, un pícaro erudito, en el Madrid señero de las chulapas y los chisperos. Y es que no solo estaremos ante un libro entretenido y gustoso. Resulta que yo, y conmigo más de uno de sus posibles lectores que cargan años en el morrión de sus costales, de alguna forma y salvando las distancias (qué frase más cómoda para disimular), hemos pisado por esos andurriales enmarañados del que siempre será para su gloria un poblachón manchego, inmortal y acogedor, al que don Felipe II trasladó su corte de Toledo, que se llenó del calor humano de sus gentes de todos los tiempos para presumir más que de ser la capital de España, ser la casa de todos, pues en cuanto apenas un visitante asoma la nariz por sus nuevas y viejas calles, se vuelve uno más de sus amables habitantes, pero ¡ojo!, siempre que la llame Madriz o Madrí, nunca Madrid.

Vista de Toledo, obra de El Greco (1541–1614). Colección: Metropolitan Museum of Art (Fuente: Wikimedia).

Pero se preguntarán ustedes, distinguidos lectores, como aquel Teophile Gautier al mirar al cuadro del inmortal Velázquez Las Meninas ¿dónde está el cuadro?, o mejor aquí, ¿dónde está el libro? Y les diré, queridos lectores, que para mí el libro está como un recuerdo entrañable encima de mi mesilla de noche, para abrirlo durante alguna vigilia y leer despacio algún momento de la vida de un estudiante madrileño venido de provincias en aquellos años de mil novecientos sesenta, o de mil novecientos setenta y algunos pocos más, para estudiar su carrera, en su caso la carrera de Medicina. Es también un libro de estudiantes, por eso es un pícaro erudito.

 A mí, desde siempre, siempre, me ha entusiasmado un libro que también guardo en mi “mesilla de noche”: el que escribió don Alejandro Pérez Lujín y que se llama La casa de la Troya. Estudiantina, que nos contará la historia de un mal estudiante de Derecho redimido por el amor; aquel Gerardo Roquer y Paz, al que su padre, para enderezar su conducta y lograr su licenciatura, manda a estudiar a Santiago de Compostela, donde se enamorará de Carmiña Castro Retén, que le redimirá por amor. También hay aquí una posada, o mejor, una pensión llamada “La Troya”, y también hay amores y bellezas por doquier, como no pocas picardías. Hasta allí llegará Gerardo Roquer y Paz, a bordo del coche de viajeros, La Carrilana. Yo, coleccionador de libros, poseo un ejemplar traído directamente de la Librería Galí (Editorial de la Rúa del Villar, 68, de Santiago) donde Pérez Lujín dejó dicho que fuese como su editora perpetua y exclusiva. No sé si seguirá siendo así. Lo que sí sé es que La casa de la Troya es un libro que nunca se hará viejo.

Fotografía: Steve Buissinne (Fuente: Pixabay).

Bueno, pues ahora y aquí, en El Pícaro erudito, nuestro protagonista es Juan Alcocer Cuerda, “pero todos me llaman Juanito”. Así irrumpe, sin más, el protagonista de esta genial novela de Carlos Sillero García. Genial, sí, digo genial y sin complejo alguno. Sin complejo ni obligación. Y sigue: “Nací en Pastrana, provincia de Guadalajara, en un lugar en que algunos llaman la Alcarria Baja y soy hijo de un hombre recio de la comarca y de una mujer de profundas raíces castellanas”. Con estos sonoros términos y titulaciones, el autor, Carlos Sillero, nos presenta a nuestro personaje. Luego, en limpia literatura, dulce y fotográfica, el libro no dejará de pasar en su recorrido por el uso y el paisaje alcarreño; desde algún rincón escondido nos observará, ya por siempre, don Camilo José de Cela, que viajó por allí para luego Juan Alcocer Cuerda, ya en primera persona, ir hablándonos del maestro don Hermenegildo y la fortuna de despegar del pueblo y marchar a Guadalajara para hacer sus estudios superiores en el instituto. Nos contará los consejos e influencias del médico del pueblo don Honorio y su marcha, al fin, a Madrid para estudiar la carrera de Medicina, dejando atrás unos primeros y novicios escarceos amatorios con su prima Claudia.

Y Madrid. El tren. Atocha. Una fresca mañana de otoño y la pensión de doña Adela Sánchez, situada en la calle del Mesón de Paredes, una calle en cuesta situada en el barrio de Lavapiés, en lo que don Ramón de Mesonero Romanos había denominado como “los barrios bajos de Madrid”.

Paisaje de La Alcarria. Fotografía: Balles2601 (Fuente: Wikimedia).

Y aquí ya nos aparece el universo coral de la novela. La pensión de doña Adela es como un nido donde acudirán sus habitantes, cada cual con un vuelo distinto y nuevo, pero que en su nocturnidad todos acudirán a su cómodo hueco para cobijarse del atruendo de la vida. Y donde aquel mundo, en una narración fresca y divertida, será el centro de aventuras de todo tipo y de nuestro estudiante, desde un cuarto compartido con un coprotagonista, Adolfito Gutiérrez, “un joven de unos treinta años, aseado y presumido, que siempre llevaba un pañuelo en el cuello y usaba goma para alisar el pelo. Era un auténtico guapo o chulapo de Madrid”. Y veremos también a la señora Almudena, que hacía de cocinera; Visitación, o Visi, que se ocupaba de la limpieza de la casa y servir la comida, “una muchacha rubia, de ojos tremendamente verdes, muy atractiva, aunque algo displicente en el trato”; y Manolito, don Anselmo, Piluca Malazuela, Eloína Gutierrez… Bueno y todo un mundo descriptivo de personas, cosas, calles y paisajes donde se nos va dibujando aquella zona de Madrid, su vida y sus costumbres, de una forma detalladamente luminosa. Cómo se acerca nuestro autor a don Benito Pérez Galdós, que dibujó los personajes de sus novelas después de buscarlos afanosamente por el Madrid de su tiempo; así lo hizo para describir a la inmortal Benina de Misericordia y a los pordioseros pedigüeños a la puerta de las iglesias.

Y no van a faltar el mercado de San Fernando, o mercado municipal de Embajadores, para comprar morcillo y gabrieles para el “cocido del domingo”, unos tarros de cristal de miel de la Alcarria que vendía el señor Luzón y, ¡cómo no!, visitar la pescadería, donde la Carmen vendía chicharros que anunciaba en sus movimientos y limpieza, luciendo espléndidamente la armonía de sus pechos, lo que era un lujo contemplar. Luego las noches de Madrid, con Adolfito y los bares de alterne de la calle de la Ballesta, y el local Belle de Jour, donde estaba Pepita Vinuesa, y su vuelta a la pensión, con su sereno incluido; la encuadernadora de Olegario García, donde Juanito entró de recadero y ayudó a hacer algún trabajo de encuadernación que le encomendaba Olegario y por donde conocerá a Aida Alovera; y el rastro de los domingos donde llegarán a venderse dibujos de Juanito junto a libros viejos… y muchos más lugares del universo madrileño repletos de personajes enjundiosos y reales.

Plaza de Cibeles (Madrid). Fotografía: Luis Miguel Grasa (Fuente: Pixabay).

La facultad de Medicina de Madrid y el Hospital Clínico San Carlos donde Juanito será alumno interno, porque nuestro Juanito, a pesar de sus picarescas con las mujeres, donde llega a ser un artista, no está en Madrid para una especie de “uso y costumbre”, está allí para estudiar una carrera de médico que le apasiona. No pierde un curso, pelea como todo buen cristiano para superar las asignaturas de cada uno de sus seis cursos y su interés vocacional, que antes no estaba del todo definido, como le pasa a todo estudiante en sus inicios, se ha ido consolidando y va creciendo. Cuántas veces he pensado que no hay duda de que cuánto más se sabe, cuando más se profundiza en uno de los saberes científicos o culturales que se ejercen (aquellas Ciencias o Letras), más te llega a satisfacer tu profesión, y me he dicho a mí mismo que nunca debe estimarse, que ya sé lo suficiente. Esta solución no es bastante.

En el desarrollo de la carrera de Medicina de Juanito y en sus prácticas clínicas, su autor, Carlos Sillero, no ha podido evitar dejar el aporte de su saber profesional, y no faltarán que al socaire de la narración de los avatares estudiantiles de su personaje nos deje como citas memorables unos y otros libros de medicina, con importante información para su localización por quien pudiera interesarse y que sin duda han sido útiles para él mismo, como parte de su bagaje intelectual, para ejercer tan digna y elevada profesión médica. Los libros de Tratado de Medicina Legal y Judicial; o el Atlas de disección por regiones, editado por Testut, Jacob y Billet en 1960, no dejan de constar.

A Juanito no he dejado de tenerle envidia. Su éxito con las mujeres es total. Y además no es obstáculo alguno para que su vida normal y estudiantil sufra por ello. No puede negarse que esta historia del pícaro erudito tiene una carga sensual importante, pero los acontecimientos se resuelven en la novela con, digamos, “educación”.

En su ágil desarrollo literario se nos van a pasar en un tris nada menos que los seis años que duraba la carrera de Medicina.

Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Fotografía: Luis García (Fuente: Wikimedia).

Y por fin va a aparecer ella. Siempre en una novela costumbrista que no es otra cosa que la vida misma aparece ella. Esa mujer sin retorno que en algún cuadrante del universo ya consta que va a ser ella y tú. Y aquí ella se llama Julia, una chica empleada en una farmacia del barrio de Argüelles que Juanito conoce en una de esas avalanchas humanas en las horas punta que suceden en el metro de Madrid. Y para Juanito es el encuentro con la belleza de la vida y que le hará arrepentirse de aquel pícaro que se imaginó que fue.

Hasta le va a recitar una copla por él redactada que lo dice todo:

“¿Dónde naciste, mi niña?
En el centro de Madrid,
en la calle de Luchana,
que es barrio de Chamberí.
La calle de las chulapas,
de chisperos y el chotis.
Nací en la calle Luchana
en el centro de Madrid”.

Y este libro no podía terminar de otra manera que viendo alejarse a Juanito cogido de la mano de Julia por el paseo de Rosales, sabiendo que “la bondad y el amor abren caminos y son la semilla de la felicidad”

Y no puedo contar más, pues un comentarista literario no debe “destripar” el libro para el lector, así que abrevio y acabo.

En esta Feria del Libro de Alicante 2022 he coincidido con Carlos Sillero García, antes nos conocimos en algún acto literario, y le he comprado su libro El Pícaro erudito. Me lo ha dedicado escribiéndome: “A Julio Calvet, amante de los libros y de las cosas bellas de la vida. Afectuosamente”.

Carlos Sillero conoce muy bien aquello de la psicología, pues con esa expresión que me dedica, acierta plenamente.

Hay una nota aclaratoria al comienzo de su libro que dice: “El autor quiere hacer notar que los personaje que aparecen en esta obra son ficticios y fruto de su imaginación, aunque inmersos en un mundo verosímil. Cualquier parecido con la realidad de personas, nombres y hechos, debe considerarlo el lector como una coincidencia”.

El Retiro (Madrid). Fotografía: Nikolas SC (Fuente: Pixabay).

Desde luego que es un mundo verosímil. Yo lo he visto, aunque solo sea por una rendija, pues he pasado dos largas temporadas de mi vida en el Madriz que se nos cuenta en el libro.

En la solapa del libro, bajo su fotografía, se dice que Carlos Sillero García “es doctor en Medicina y ha dedicado toda su vida a publicaciones científicas en revistas españolas e internacionales de medicina y de paleontología, ciencia esta última de la que es un apasionado. Es poseedor de dos premios de investigación en medicina, y ha descubierto varias especies de invertebrados fósiles nuevas para la ciencia a las que ha denominado científicamente”.

Enhorabuena Carlos Sillero, me has hecho disfrutar y recordar mis tiempos de estudiante y juventud.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

10 Comments

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  • Gracias Julio por este comentario de un pícaro estudiante de medicina en Madrid, ciudad de los Austrias que tu bien conoces por haber estudiado allí. Madrid siempre es literatura pura. Un abrazo y felicidades a Dr. Silleros.

    • Muchas gracias Ramon, es una novela evocadora de una época juvenil que me ha entusiasmado. Un abrazo. Julio Calvet.

  • Magnífica reseña literaria, Julio, llena de colorido y muestras de tu bagaje cultural y literario. Queda perfectamente enmarcada la obra que con minuciosidad describes hasta lo permitido para no “destiparla”.
    ¡Enhorabuena!

  • Enhorabuena, querido amigo. Excelente reseña, más que reseña artículo donde se combinan de forma espléndida: historia, sinopsis de la novela, ramificaciones literarias siempre enriquecedoras y los vívidos recuerdos del articulista. Cumple además con su objeto, que es incitar al público a la lectura del libro.

    • Querido Juan Carlos gracias por tu comentario venido de un poeta genia.
      Nunca olvidaré nuestros comentarios mañaneros en un tiempo que se nos va alejando pero que siempre andarán en el recuerdo. Un abrazo Julio Calvet.

  • Julio: He salido encantado de ‘La Siesta’ soñando carabelas y he disfrutado leyendo tu crítica literaria sobre Silleros, que es también una lección sobre la novela picaresca española. Un abrazo.

    • Querido Ramon gracias a ti por leerme La Siesta. Es para mi un lujo tu atención.
      Y la picaresca siempre estará con nosotros.
      Un abrazo Julio Calvet.

  • Muy interesante ese recorrido sobre la novela picaresca con un toque de tus vivencias estudiantiles .
    Felicidades por este gran artículo

    • Muchas gracias Pilar. Las vivencias estudiantiles siempre quedarán guardadas en el corazón. Fueron las ventanas que nos abrieron al aire de la vida. Un soplo de ilusión y una ambición de futuro.
      Gracias por tu comentario.
      Julio Calvet Botella.

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