Narrativa

Coger la felicidad por el culo

Fotografía: Frank Winkler (Fuente: Pixabay).

Estoy despierto, pero no me levanto. Estoy en un entorno que conozco muy bien: la cama, las ventanas de siempre y las mismas paredes. Es todo lo mismo y me da por vomitar. No estamos aquí para que nuestra vida sea la misma un año tras otro, aunque estén teñidos de mentiras o de felicidad, aunque sean lo mismo.

Las ventanas las quité hace tiempo y las cambié por el suelo. Me gusta pisar por el suelo, aunque esté en vertical. Hay días y semanas, incluso años, que vacío la habitación a diario, aunque ya no quede casi nada y cada uno viva en otro lugar.

La cara de la noche, acostumbrada a asomarse a través de las ventanas, se queda mirando, esperando que las cosas ocurran como solían hacerlo. Pero, señores, todo se mueve tan despacio que por mucho que corras no llegas a alcanzar ninguna solución.

Y es seguramente porque la vida por más que te empeñes no es estática, no camina por tierra firme, sino que anda por pantanos y ciénagas, por el filo de puntiagudos acantilados, y todo se corre de repente y cada uno duerme en su casa.

Todo se desgasta. ¿Acaso no lo hacen las rocas salpicadas por gotas de lluvia o por las olas del mar que pretenden refrescarlas del calor del verano? El cielo parece de laca y todos nuestros sueños se acaban durmiendo. Si salgo de esta, y puede que no lo haga, voy a plantar seis o nueve nenúfares en el baño, lo haré diáfano sin cisterna ni bidé y sin poder cagar sentado. Las plantas necesitan espacio, agua, mucha agua y poca o ninguna mierda. Creo que a nosotros nos pasa algo parecido en cuanto a la mierda, pero pasamos buena parte de la vida metidos, rodeados, conviviendo con ella, y eso puede que no sea bueno del todo, aunque la sociedad esté repleta de eso.

Pero todo esto que les cuento es harina de otro costal. Se me torció un poco la línea y me puse en el cuaderno equivocado. Creo que estoy a una vocal, a una consonante, a un adjetivo de agotar todas las posibilidades de coger a la felicidad por el culo y darle un beso en los labios. Aunque ahora que caigo, y siempre según el señor Edison, siempre hay más posibilidades.

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Pablo Guillén

Pablo Guillén empezó a escribir hace algunos años. Un poco para escapar de la rutina de un trabajo que sólo le aportaba un salario. Nada más. Publicó durante algunos años artículos de opinión en un diario local y también participó en algunos encuentros literarios concursando y formando parte en distintas publicaciones.
Tiene tres libros de relatos publicados: “Sombras de luz y niebla”, “Reflejos frente al espejo” y “Lanzarse al vacío y otros relatos”.
Además, tiene el cajón repleto de historias que empujan cada día por nacer, pero la situación actual no es la mejor y como todo el mundo sabe, el dinero no crece por más que riegues esa jodida planta.
Actualmente está inmerso en un nuevo trabajo, sin duda más ambicioso y extenso: su primera novela, aunque declara sin tapujos que se mueve mejor en el mundo de los relatos y puede que le pase un poco como a Oscar Wilde, que sólo escribió una novela, “El retrato de Dorian Gray”.

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  • Querido Pablo: estás como una regadera, pero es una regadera hermosa y además contiene refrescante agua. Un abrazo.

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