Opinión

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Fotografía: Lubos Houska (Fuente: Pixabay).

No es la primera vez que un ente gigante va mellando y absorbiendo a otros. Lo llevamos viendo desde que internet se asentó en nuestras vidas, hace poco más de veinte años. Poco a poco hemos ido viendo desaparecer distintos medios y útiles con los que habíamos convivido hasta ese momento. Los vinilos se convirtieron en cassettes, estos en cedés y, finalmente en llaves USB. Pero hubo un cambio. Lo que antaño no tuvo problema en convivir y coexistir, ahora parecía que estaba condenado a su desaparición y destrucción, y de hecho, así es como ha sido en las últimas décadas. Todo ha ido cambiando a un ritmo vertiginoso y los que no somos nativos digitales, hemos ido aprendiendo y seguimos haciéndolo. Nadie va a dudar de las bondades que tienen las nuevas tecnologías y las facilidades que comportan a todos los niveles, pero el peligro que tienen es altamente destructor y, muy posiblemente, incluso perjudicial.

Solo tenemos que fijarnos en cómo ha cambiado todo en dos décadas. Cierto es que siempre se tiende a comparar las épocas vividas y, la nostalgia, con su poder embriagador, hace el resto. Pero, analizando con objetividad la evolución de las artes desde principios de este siglo, podemos observar una extinción generalizada de diversos géneros musicales, cinematográficos y literarios, entre otras disciplinas. Y no sólo es que ha cambiado el fondo, sino también la forma. Esa inmediatez a la que estamos sometidos y esa ansiada universalidad han provocado que el ser humano crea que tiene una necesidad auténtica de tenerlo todo rápido, de que a un solo clic tengamos el universo a nuestros pies. Las consecuencias de todo esto no solo son sociales, las cuales ya estamos viendo y viviendo, sino que van más allá. Están desapareciendo oficios tradicionales, pequeños comercios y, lo que es más importante de todo, profesionales que solo a base de trabajar y aprender de su profesión se han convertido en auténticos especialistas de su ámbito.

Fotografía: Instagram Fotografin (Fuente: Pixabay).

Es el claro ejemplo de las librerías. ¿Quién no recuerda ir a una de ellas en su infancia y percibir ese halo mágico que las envolvía? Siempre establecimientos pequeños, cargados de carácter y vida propia, con estanterías repletas de obras de cualquier género, muy bien catalogadas. Ese olor inconfundible a cultura, esa luz ambiental, perfectamente adecuada, para que pudieras sumergirte en esa poderosa sensación de estar haciendo algo relevante para tu persona: recorrer títulos y títulos y hojear aquellos que despertaran tu interés. Gracias a las librerías, a muchos de nosotros se nos despertó el hábito de la lectura, de querer terminar aquel ejemplar adquirido y volver a por otro, siguiendo la misma temática o dejándote aconsejar por el librero o librera que la regentara. Porque aquí llegamos al siguiente punto del quid de la cuestión: los profesionales de la lectura. El gremio de libreros es uno de los oficios con más calado en nuestra sociedad. Pocas personas hay tan expertas en el mundo de la literatura como aquellas que dan vida a este tipo de establecimientos donde no solo se compran libros, sino que se participa de la experiencia y conocimiento de quienes los regentan. Un buen librero o librera vive por y para su profesión. Son grandes literatos que, en vez de proyectar su saber en forma de escrito lo hacen en palabra, aconsejando a sus clientes aquello que más les pueda gustar. Son grandes especialistas del tema, saben discernir un buen libro de uno que no lo sea tanto, pero sobre todo, conocen a su público y les sugieren lo que les vaya a encajar.

Son personas que promueven la cultura, no solo dando oportunidades a noveles sino también organizando múltiples actividades y eventos culturales tales como presentaciones de libros, simposios, coloquios y cualquier tipo de acción que acerque a la población a un hábito tan saludable como necesario para una sociedad, como es la lectura.

Este buen hacer, este fomento gratuito de la cultura que se hace desde el corazón, desde el amor por la letra y por la lectura, tiende a desaparecer por causa del mal uso de grandes plataformas donde, hoy por hoy, cualquier persona adquiere cualquier tipo de artículo.

Creo que es necesario saber las distintas utilidades de las diferentes opciones que hoy en día tenemos, precisamente para evitar esa extinción innecesaria y totalmente nociva para una sociedad culta y formada.

Fotografía: Victoria Borodinova (Fuente: Pixabay).

La pandemia ha provocado que se aceleren ciertos procesos que está en nuestras manos ralentizarlos. Como ejemplo, es el caso de la venta de libros en grandes plataformas online donde, en veinticuatro horas, puedes tenerlo en tu hogar.

Creo que debemos distinguir los diferentes escenarios con los que contamos. Es cierto que este tipo de plataformas ayudan a los autores autopublicados a tener un foro donde poder ofrecerse y ser comprados. Asimismo, incluso existe ya la autopublicación que ellos mismos te ofrecen. Es una de las mejores maneras de empezar y poder darse a conocer y tener una proyección, ya que este tipo de libros normalmente no se encuentran en librerías. Pero es bien distinto el caso de las obras que sí que viven en este tipo de establecimientos. Cada vez que se compra un libro en un lugar que no sea una librería se está perjudicando directamente tanto al oficio como a estos emblemáticos lugares. Entonces ¿qué hacemos en un momento donde no ha sido tan fácil poder ir a visitar librerías pero queremos seguir adquiriendo libros? Muy sencillo. Las librerías de España se han unido creando una plataforma llamada todostuslibros.com en la que haces la compra online del libro que tú quieras y, dentro de la extensa red de librerías que se han adscrito a esta iniciativa, se lo compras a la más cercana a tu localidad para que te llegue con la menor brevedad posible. De esta manera se alimenta a los pequeños que, a su vez, son los expertos y a los que debemos cuidar. ¿O es que nos imaginamos realmente un mundo sin librerías, sin voces expertas que te asesoren, sin aquellas personas que eligen sus catálogos con mimo, esmero y calidad? ¿Pensamos que un algoritmo es quien debe aconsejarte sobre tu próxima lectura, el que puede despertar tu curiosidad por un tema consiguiendo que te interese por él e investigues? Como he comentado antes, la coexistencia de las cosas para mí es vital y absolutamente posible. Solo hay que hacer un buen uso y, como bien dice el refranero: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

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Andrea Latorre

Nací en Alcoy en 1980. A los seis años escribí mi primer "cuento" y desde ahí no dejé de crear historias. Fue así como me licencié en Periodismo, trabajando posteriormente en diversos medios de comunicación tales como prensa, radio y gabinetes de comunicación.
​Escribo literatura infantil y juvenil y estoy centrada en la colección "Seis amigos", siendo el primero “Seis amigos y el misterio del hórreo abandonado”, donde se narran las aventuras de un grupo de amigos alicantinos que vivirán un sinfín de misterios que deberán resolver. Siempre como telón de fondo alguna comunidad española, la aventura se enmarca en parajes y gastronomía propia del lugar, dando así a conocer a los niños los bellos rincones que tiene España, con la intención de que vayan a conocerlos y conozcan la cultura y riqueza de su país. En breve se publicará el segundo libro de la colección, esta vez ambientado en Granada.

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