Reportajes

El Galeón de Manila o Nao de China, utilizado por el Dr. Balmis

Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, pintado por Esteban Arriaga.

El comercio marítimo entre Manila, Acapulco y Sevilla (1565-1815)

Introducción

En estos años de pandemia que tanto se habla de vacunas para combatir el COVID-19 me he acordado de la vacuna de la viruela durante el reinado de Carlos IV, para llevar la inmunidad contra la viruela a las posesiones españolas de ultramar (América y Filipinas). Expedición dirigida por el alicantino Dr. Francisco Javier Balmis (Alicante, 1753-Madrid,, 1819) y como subdirector el Dr. José Salvany y Lleopart (1778-1810), ambos médicos cirujano y militar de la Corte. El alicantino Dr. Balmis dio la vuelta al mundo en tres años con un salvoconducto real de Carlos IV. La proeza ha sido reconocida como una hazaña médica de primer orden mundial. El rey Carlos IV se mostró sensible a la novedad porque la viruela había golpeado con dureza a su familia. Había perdido a una hija, María Teresa, de apenas tres años, y también a un hermano, el infante Gabriel. Por ello, no dudó en apoyar el proyecto para llevar la vacuna a los territorios del inmenso Imperio español. La vacuna había sido descubierta por Edward Anthony Jenner, un médico rural inglés, en 1796.

El viaje alrededor del mundo de la Real Expedición Filantrópica de la Vacunación (REFV)

La expedición partió del puerto de La Coruña el 26 de diciembre de 1803 (según informó la Gaceta de Madrid) del puerto que tenía la franquicia del Correo Marítimo a las Indias junto al de Cádiz, con 21 niños expósitos (huérfanos) probetas, al cuidado de la directora del centro, Isabel Zendal Gómez (uno de los niños murió días antes). Isabel Zendal está considerada como la primera enfermera internacional de la historia, y hoy da nombre a un hospital en Madrid de apoyo a la sanidad pública.

Zarpó el contingente médico de la vacuna de la viruela en la corbeta que se llamaba María Pita; hizo escala de un mes en Tenerife, Puerto Rico, La Guayra, La Habana y Puerto de Veracruz (México). Tras desembarcar a la expedición, la corbeta María Pita retornó a La Coruña el 6 de enero de 1805. En América, la expedición se dividió en dos partes, una por Sudamérica a las colonias españolas (Venezuela, Colombia, Perú, Chile, por el Dr. Salvany); y la otra, con el Dr. Balmis e Isabel Zendal por México y Manila.

Expedición de la vacuna de la viruela.

Para continuar el viaje de vacunación de Acapulco a Manila con escala en la isla de Guam se usó el “Galeón de Manila”, llamado Magallanes, que partió del puerto de Acapulco el 8 de febrero 1805 rumbo a Manila con 26 niños mexicanos al cuidado de Isabel Zendal; llegaron el 16 de abril de 1805.  España dominaba el Pacífico, y se decía que quien dominaba el Pacífico, dominaba el mundo. Después de las vacunaciones en Filipinas, Isabel Zendal zarpó de Manila en el tornaviaje el 19 de abril de 1807 en el “Galeón de Manila” por la ruta de Urdaneta y llegó a Acapulco el 17 de agosto del mismo año y se instaló en Puebla de los Ángeles o Angelópolis (México) donde quedó su hijo Benito Vélez al cuidado del obispo de dicha ciudad; no quiso regresar a España por culpa de la Guerra de la Independencia. El Dr. Balmis logró llegar a las costas de Macao en un frágil junco chino con tres niños huérfanos en sus brazos, que contenían en sus cuerpos la valiosa vacuna contra las viruelas; regresó solo a España aquejado de gastroenteritis en el galeón portugués de la ruta de Macao a Lisboa con escalas en Malaca, Goa, Mozambique, Jamestown en la isla de Santa Elena, con llegada a Lisboa el 14 de agosto de 1806.

Por el tratado de Tordesillas de 1494, firmado entre los reinos de España y Portugal, los barcos de uno y otro reino no podían surcar los océanos libremente, ya que se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del Nuevo Mundo, mediante una línea situada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde para evitar un conflicto de intereses. Por ello, el Dr. Balmis regresó en un galeón portugués.

A cargo de la Expedición quedó el ayudante Antonio Gutiérrez Robredo. Difundió la vacuna por Macao y Cantón y en la isla de Santa Elena, donde estuviera preso Napoleón hasta su muerte. En 1810 el Dr. Balmis volvió a regresar a Nueva España para “revisar la estructura organizativa del viaje anterior”, puesto que Balmis se negó a prestar juramento a José Bonaparte que ocupaba el trono de la Corona de España. Ya no estaba Carlos IV como rey porque había cedido la corona a su hijo Fernando VII y este, a su vez, al hermano de Napoleón desde junio de 1808 hasta finales de 1813.

Pero quiero hacer unos apuntes sobre el llamado “Galeón de Manila” o “Nao de la China”, que anoto seguidamente:

La ruta marítima Acapulco-Filipinas

El llamado “Galeón de Manila” o “Nao de China”, también fue nombrado como el Galeón de la China o el Galeón de Acapulco, y unía tres continentes dependiendo de dónde saliera. Un total de 110 galeones de Manila se hicieron al mar en los 250 años del galeón de Manila a Acapulco (1565 a 1815). Con tales limitaciones era fundamental construir el galeón lo más grande posible, llegando a ser la clase de barcos conocidos construidos más grandes en cualquier lugar hasta ese momento. En el siglo XVI tenían de media de 1.700 a 2.000 toneladas, y eran construidos con maderas de Filipinas y podían llevar a un millar de pasajeros. La Concepción, que naufragó en 1638, tenía una eslora de 43 a 49 metros y desplazaba unas dos mil toneladas. El Santísima Trinidad tenía 51,5 metros de largo. La mayoría de los barcos fueron construidos en Filipinas y solo ocho en México. Los viajes del “Galeón de Manila” terminaron cuando México consiguió su independencia de España en 1821, después de que la Corona española tomara el control directo de las Filipinas. Cuando se abrió el Canal de Suez en 1869 los viajes eran más cortos de Asia a Europa.

Sello del Galeón de Manila.

El descubrimiento de la ruta de regreso o tornaviaje desde Manila (Filipinas) a Acapulco en Nueva España (México) a través del océano Pacífico en el siglo XVII, por Andrés de Urdaneta conocida como Ruta de Urdaneta, supuso una de las hazañas más importantes de la historia de la Marina Española, ya que cuando se viajaba a Filipinas no se podía volver por la misma ruta de ida, culpa de los vientos contrarios de la corriente del Humboldt. Es decir, que la ruta de tornaviaje era más larga, en alguna ocasión podía llegar a los nueve meses. Gracias a la construcción de un gran galeón con madera de los bosques tropicales de Filipinas, conocido como “Galeón de Manila”, se consiguieron intercambios comerciales en un monopolio de la Corona de España, puesto que ni chinos, ni japoneses, ni holandeses ni ingleses hacían esta ruta porque no la conocían; era top secret. Además, era el barco más grande jamás construido hasta la fecha de unas 500 toneladas de arqueo y podía transportar a unas 600 personas y carga.

Filipinas fue española durante más de trescientos años

La primera ruta transpacífica de la historia desde Filipinas a España permaneció desde 1571 a 1815.  Era un viaje anual del “Galeón de Manila” porque cuando salía de Manila, concretamente del puerto de Cavite, hacia Acapulco podía tardar de 5 a 9 meses de travesía, según el tiempo. En general salía el mes de julio y arribaba en Navidad o Año Nuevo. Había dos galeones, acompañados de otras embarcaciones menores de escolta. El “Galeón de Acapulco” en Nueva España (hoy México) salía en abril dirección a Manila y tardaba unos 5 meses, con parada en la isla de Guam.

Las mercancías entre Manila y Acapulco eran sedas, telas, porcelanas, lacados, maderas orientales, que traían de China o de la India por el puerto de Macao. Y de Acapulco a Manila llevaba plata en monedas de 8 reales (de plata mexicana) y frailes, bien franciscanos, agustinos o dominicos para evangelizar la tierra de infieles. También había ciertas mercancías de contrabando, es decir, no registrada en los manifiestos de abordo. Una expedición humanitaria fueron los niños probetas portadores de la vacuna de la viruela del Dr. Balmis, posiblemente entre 1804-05. El mayor enemigo en esos momentos no eran los piratas ingleses u holandeses, sino el escorbuto (falta de vitamina C). Posteriormente se embarcaron naranjas, limones, patatas, cocos, y tortugas marinas. A pesar de que a estas tripulaciones se las conocía como los «hombres de hierro», el 50% de los tripulantes moría en estas singladuras, que podían durar 4 ó 5 meses, 9 en algunos viajes. Se hacían uno o dos viajes al año. La distancia era de 15.000 millas náuticas; para hacerse una idea real de la distancia, un avión tardaría 22:30 horas de Acapulco a Filipinas y viceversa.

Cuando llegaban las mercancías a Acapulco, el viaje no había terminado; comenzada el terrestre por México. Al puerto de  Veracruz en el Atlántico había unos 750 kilómetros aproximadamente, se hacía en carretas, luego se volvían a embarcar las mercancías y a través de La Habana, Azores hasta llegar a Cádiz y Sevilla. En México se quedaba parte de esta mercancía que se vendía en ferias y que podía aguantar hasta un mes.

El tornaviaje. (Fuente: Blogcatedranaval.com).

Aquí lo vamos a contar. La ruta era larga y compleja. Desde Acapulco salía sobre el mes de abril y tardaban 3 ó 4 meses para arribar a Manila (Filipinas) con escala en la isla de Guam. Navegaba entre los paralelos 10 y 11. El tornaviaje partía de Manila en junio; subía hacia Japón (Cipango), luego hacia el oeste y seguía entre los paralelos 13 y 14 hasta las Marianas, de ahí a Cavite, en Filipinas. En total cubría 2.200 leguas a lo largo de 50 ó 60 días, una vez al año. El tornaviaje se hacía rumbo al Japón, para coger la corriente del Kuro-Shio o Kuro-Shivo; este viaje era más largo, de unos 4 ó 6 meses por la mayor distancia y remolinos que se formaban. Arribaba a América a la altura del cabo Mendocino, desde donde bajaba costeando hasta Acapulco. Lo peligroso de la ruta aconsejaba salir de Manila en julio, si bien podía demorarse hasta agosto. Después de este mes era imposible realizar la travesía, que había que postergar durante un año. El tornaviaje demoraba cinco o seis meses y por ello el arribo a Acapulco se efectuaba en diciembre o enero. Aunque se intentó sostener una periodicidad anual, fue imposible de lograr.

El tornaviaje o ruta de Urdaneta

El “Galeón de Manila” comenzó su tornaviaje cuando Andrés de Urdaneta, navegando en un convoy comandado descubrió una ruta de regreso desde la ciudad de Filipinas a México en 1565. Urdaneta, había conocido la noticia en la Nueva España (México) y en su experiencia había sido aleccionado por el piloto Macías del Poyo, que fue el encargado de los intentos de Álvaro de Saavedra Cerón, que suponía que el tornaviaje se lograría navegando más hacia el norte del Pacífico antes de dirigirse al este hasta las costas de Norteamérica y bajando al sur hacia San Diego y Acapulco.

Andrés de Urdaneta era vasco, natural de Ordizia (Guipúzcoa), una pequeña población formada por caseríos diseminados en un precioso valle donde una tupida alfombra verde lo cubre todo. Urdaneta fue fraile, navegante, astrónomo, marino, militar, diplomático y político.

Andrés de Urdaneta.

Su fama universal la alcanzó al descubrir y documentar la ruta que, a través del océano Pacifico y desde Filipinas, conducía hacia Acapulco a favor de la corriente de Kuroshivo en lo que desde entonces se dio en llamar “el tornaviaje” o la ruta de Urdaneta. Nunca antes ninguna expedición había retornado a México por el “Gran Golfo”, que era como se le llamaba a este descomunal océano.

El “Galeón de Manila” o “Nao de China”

Fueron grandes las relaciones culturales que se produjeron entre Filipinas y España entre los siglos XVII al XIX, a través de los tesoros artísticos que transportaba y comercializaba el “Galeón de Manila” dentro de su proceso  histórico y gustos de la época (marfiles, sedas, porcelanas, conchas, lacas, artes decorativas…).

A lo largo de 250 años (1565-1815) los galeones españoles fueron el principal elemento de contacto de productos e intercambios culturales entre Asia, América y Europa. Este comercio puede ser considerado la primera unión mercantil de los tres continentes con una moneda común.

Europa, desde antes del descubrimiento de América y la gesta que circunnavegó el mundo, centró su relación con Asia en la búsqueda de rutas comerciales. Tras el conocimiento del Pacífico se creó el galeón que todos los años hacía el recorrido abasteciendo de productos orientales y exóticos a las élites españolas y criollas. El galeón acabará su trasiego tras la independencia de México, pero continuará vigente la ruta y el contacto cultural.

El comercio entre Nueva España y Asia

España pagaba a los asiáticos con monedas de plata extraídas de las minas que tenía en México y Perú (Potosí), y las acuñaba en la ceca (fábrica de monedas) en la ciudad de México, es decir, el negocio era redondo. Del puerto de Acapulco salían galeones cargados de cacao, vainilla, tintes, alumbre, zarzaparrilla, cueros y, sobre todo, frailes y plata acuñada en monedas de 8 reales para pagar las compras de los artículos de lujo como marfiles, piedras preciosas hindúes, sedas, telas y porcelanas chinas, sándalo de Timor, clavo de las Molucas, canela de Ceilán, alcanfor de Borneo, jengibre de Malabar, damascos, lacas, tibores, tapices, perfumes… En 1732 la Corona retomó la administración directa de la Casa de Moneda. En adelante, la institución compraría la plata a los introductores y las monedas acuñadas pertenecerían a la Real Hacienda.

España fue durante 300 años ininterrumpidamente la mayor fábrica de moneda del mundo. El real de a ocho se constituyó como la moneda universal del comercio durante ese tiempo. La mayor duración jamás obtenida para una divisa de referencia. Las ganancias por este comercio podían ser de hasta un 300%, lo que suponía un negocio muy rentable. Morían muchos marineros por escorbuto y hambre, la alimentación se basaba en galletas de harina horneadas y algunos peces voladores que caían sobre la cubierta, pero la vida humana en aquellos años no tenía valor, como hoy en día; lo importante era la empresa.

También fue el principal producto de exportación en los Estados del norte del Nuevo Mundo, las Antillas, Filipinas, China, Japón, Indochina, Corea, India y los estrechos malayos; además de utilizar el real de a ocho como divisa internacional en las transacciones comerciales con Oriente, Inglaterra y Francia. En Asia la plata era más escasa que el oro y por ello más preciada. La mayoría de los lingotes de plata que llegaban a Sevilla se vendían en Europa y sobre todo a los británicos para acuñar monedas, como por ejemplo el chelín de Felipe II y María Tudor.

Los principales productores de plata a nivel mundial eran las Indias españolas y Japón, no Europa; y China era el principal mercado de destino de la plata. Los españoles introdujeron en China miles de toneladas de plata entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVII, que se unieron a las cantidades del mismo metal que se importaban desde Japón, también de una importante producción, aunque era el Imperio español el que lideraba el mercado.

Mapa del Imperio español en América.

Gracias al  Galeón de Manila, las monedas de las Españas llegaban también en grandes cantidades a Filipinas, el gran mercado de comercio de Asia. Lo hacían en los galeones que desde 1565 hasta 1813 hacían la ruta Acapulco-Manila y regresaban llevando las costosas porcelanas y sedas de China, junto con las especias y otros artículos de lujo de la India, con destino a los mercados americanos y europeos.

Las embarcaciones

Era fundamental construir el galeón lo más grande posible, llegando a ser la clase de barcos conocidos construidos más grande en cualquier lugar hasta ese momento. En el siglo XVI, tenían de media de 1700 a 2000 toneladas, y eran construidos con maderas de teca de Filipinas, mejor que el pino español, y podían llevar a un millar de pasajeros. La Concepción, que naufragó en 1638, tenía una eslora de 43 a 49 metros y desplazaba unas dos mil toneladas. El Santísima Trinidad del siglo XVIII tenía 51,5 metros de largo. La mayoría de los barcos fueron construidos en las Filipinas y solo ocho en México. Una réplica de la Santísima Trinidad estuvo unos años como salón de ocio en el puerto de Alicante, lo comento para que se vean cuáles serán sus dimensiones.

Conclusiones

El “Galeón de Manila” terminó cuando México en 1815 inició la Guerra de Independencia de España, que consiguió en 1821. Después de que la Corona española tomara el control directo de las Filipinas, los mexicanos continuaron explotando este comercio con Manila por su cuenta hasta 1898, que con la guerra hispano-norteamericana, España perdió Filipinas (entregada oficialmente por veinte millones de dólares) y Guam en el Pacífico, y Cuba y Puerto Rico en el Caribe tras el Tratado de París de 1898. Y Estados Unidos como gran potencia se adueñó de las rutas comerciales del Pacífico, y por consiguiente dominando el mundo por los dos océanos. Se decía que quien dominaba el Pacífico dominaba el mundo, así fue del Imperio Español durante más de 400 años hasta que surgió la potencia de los Estados Unidos de América y se adueñó del Pacífico y el Atlántico.

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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  • Magnífico relato con que Ramón Ferdz Palmeral ha dado un baño de historia a sus lectores .
    Que forma más ingeniosa y eficiente para transportar la vacuna de la viruela, inoculada en esos niños que llevaron la curación de la enfermedad a través de sus cuerpos .
    El doctor Balmis fue un verdadero genio y un héroe , generoso y valiente, que no dudó en arriesgar su vida para salvar a la humanidad de una terrible pandemia.

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