Reportajes

Principios para una recuperación económica

Fotografía: Marta Pose Muckel. (Fuente: Pixabay).

La pandemia ha sumido al país (y al mundo) en una profunda crisis. En España se siente como en pocos países de nuestro planeta. El virus ha causado, y está causando, un terremoto, con miles de contagiados y fallecidos, y un desplome de nuestras estructuras económicas.

No está todo perdido. Contamos con los préstamos, ayudas, créditos y asignación de fondos por parte de la UE (a la que afortunadamente pertenecemos), del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI) (al que asimismo pertenecemos) y, ¡cómo no!, del Banco de España, organismo regulador y clave en la recuperación económica de nuestro país.

Y no olvidemos a nuestro sistema bancario, uno de los más potentes del mundo y que con sus funciones mejora la eficacia. Todo un entramado de fundaciones, iniciativas, ayudas sociales a fondo perdido y ayudas humanitarias (como las de nuestra Cáritas, el Banco de Alimentos y otras) están en la base de la recuperación no solo económica, sino  también moral, tan importante. La recaudación de impuestos, directos e indirectos, es una fuente de ingresos muy importante y el Estado debe cuidarla al máximo persiguiendo con dureza a los que incumplen.

Y los Presupuestos Generales del Estado siempre pueden ayudar. Si están bien concebidos, con sus virtudes y defectos, son absolutamente necesarios. Paradójicamente, se han aprobado en el Parlamento con el apoyo al Gobierno de los partidos “que no quieren a  España” oficialmente, y sin el apoyo de los que “sí quieren a  España” oficialmente. El apoyo a los Presupuestos es  una prueba de “amor” a España (o al menos, de respeto), en cierto sentido, aunque sea por diferentes motivaciones (a veces, espurias). Ciertamente, vascos y catalanes buscan el beneficio para sus comunidades, mas la pregunta es: ¿es que Cataluña y el País Vasco no son partes de España? Otra cosa es que  los beneficios a estas comunidades citadas no sean exclusivos y a las  restantes comunidades de España, asimismo, se les den las asignaciones y dotaciones “justas” que sin duda se merecen. Todo se puede lograr con buena voluntad y con un profundo estudio económico. Tener “pacificadas” a  las comunidades más “conflictivas” es bueno, pero todo en su justa medida. Y es que “don dinero, poderoso caballero”.

Si bien la deuda histórica de España es de las mayores del mundo, sirva de consuelo que países como Francia e Italia, por poner unos ejemplos, tienen una deuda aún mayor que nosotros. Bien distinta es la situación si nos comparamos  con los países nórdicos, con Alemania o con Países Bajos. Pero “mal de muchos…”. Es nuestra resignación.

Con todo, hay que hacer lo posible para ir reduciendo esa deuda, que siempre supone una rémora para nuestro progreso. Sería bueno que se creara un fondo para la disminución de la deuda histórica.

Fotografía: Steve Buissinne. (Fuente: Pixabay).

Lo más preocupante es la tasa de paro, disparada, esas colas del hambre o esa pobreza creciente en nuestros hogares. El foso entre ricos y pobres cada vez es más grande. Todo ello hay que irlo corrigiendo y superando, pues hay soluciones.

Toda una panoplia de acciones conjuntas, tomadas naturalmente con iniciativas del Gobierno y con el apoyo de la sociedad en sus diferentes facetas (sindicatos, colegios profesionales, sectores empresariales y otras), ayudarían en gran medida a  sobreponerse a esta profunda fosa. Se iría logrando paulatinamente, pues no hay soluciones milagrosas, pero entre todos saldríamos de nuestro letargo y postración e iríamos recuperando la ilusión (algo tan necesario) primero y la economía después. Pero hace falta voluntad, altura de miras, arremangarse y todos juntos ponernos manos a la obra. Tenemos lo más importante, la “materia prima”, que es el maravilloso pueblo español que ha salido de tantas…

Hay una serie de principios básicos a tomar en consideración por nuestras autoridades y que sin duda serían la senda eficaz, la clave de bóveda de una recuperación que se nos antoja lenta y difícil, pero posible. No podemos perder más tiempo.

Estos principios serían, esencialmente, los siguientes (en un orden aleatorio):

  • Equilibrio salud-economía
  • Confianza
  • Austeridad
  • Valores humanos (democracia humanística)
  • Pactos políticos
  • Optimización de  la balanza de pagos (exportaciones)
  • Mejoras estructurales (industrialización y tecnología)
  • Solidaridad (fomento del empleo y armonización riqueza-pobreza)
  • Liderazgo
  • Fomento  de la ciencia (investigación, innovación y patentes)

Examinemos con cierto detenimiento cada uno de estos principios.

Equilibrio salud-economía.- Si no hay salud no hay economía. Por eso el atender prioritariamente a la mejora sanitaria favorece indirectamente a la economía, pues la salud laboral es básica. Ese equilibrio entre estos dos aspectos clave hay que conseguirlo. No al confinamiento total (tampoco hay pruebas de su gran eficacia) y no al hundimiento de los negocios llevándolos a la quiebra. Hay servicios de estudios competentes, como los del Banco de España y los de la gran banca. Oigamos sus consejos. Gobierno, ojo al dato.

Confianza.- Uno de los principales motores del desarrollo económico es la confianza. La confianza en el sistema, la paz social, el que los políticos desciendan a la realidad y se acerquen al pueblo… Se trata de  lanzar mensajes optimistas (pero anclados en la verdad, destacando los lados positivos de una recuperación). La confianza en el sistema es  un elemento fundamental para que nuestra Bolsa tenga colores verdes. No lo olvidemos: pensamiento positivo y constructivo.

Austeridad.- El control del gasto es uno de los puntos clave de la recuperación económica. Si se reciben fondos europeos, internacionales o nacionales (como los recursos que consigue el Banco de España a través de la deuda, bonos del tesoro…) y se dilapidan, todo es inútil. Estos fondos  hay que administrarlos bien, inyectando a la sociedad los medios para su mejora. Como ejemplos, ayudas económicas a las empresas, préstamos en buenas condiciones para las familias y los consumidores, mejoras salariales… Si la economía familiar mejora, hay más consumo, las empresas se  vienen arriba y el tejido económico encuentra una saneada proyección.

Valores humanos.- Una democracia humanística verdadera comportaría un gran bien para el camino recuperador. Los sangrantes casos de corrupción, la evasión de capitales, el mal ejemplo de altos cargos, esos asesores inútiles, la mentira muchas veces como medio de propaganda y otros ejemplos análogos que podemos mencionar, demuestran que los valores humanos y morales de los dirigentes dejan mucho que desear. El político se debe al pueblo y su ejemplaridad es imprescindible. Mucho tienen que cambiar las conductas políticas, pero si se consiguiera esa economía humanística que defendía nuestro José Luis Sampedro, o al menos una aproximación a ella, el camino se allanaría.

Pactos políticos.- Ya hemos citado en otros trabajos algunas referencias a este respecto. Una reedición de los Pactos de la Moncloa o bien unos acuerdos similares, llevarían a esa unión de esfuerzos que los ciudadanos reclaman. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo, mediante pactos de Estado, en ver un camino común? La imagen que damos ante la Unión Europea, con las descalificaciones e insultos parlamentarios, es de pena.

Optimización de la balanza de pagos.- La balanza de pagos, es otro elemento a considerar dentro de estos principios para la recuperación económica. Exportamos sobre todo piezas y accesorios automovilísticos, petróleo refinado, fármacos y aceite de oliva; e importamos esencialmente, petróleo crudo, acero, vestimenta y textiles. España ocupa el puesto dieciséis en el ranking mundial de economías exportadoras (sobre todo exportamos a Francia, Alemania e Italia). Las exportaciones pueden ser una buena fuente de riqueza y hemos de ampliarlas al máximo posible e incrementar su volumen. Esta es una de nuestras “apuestas recuperadoras”. Son un inapreciable caudal de divisas.

Fotografía: Janine Bolon. (Fuente: Pixabay).

Mejoras estructurales.- Nuestra estructura económica es potencialmente buena, pero no se desarrolla como se debiera. Hay que reforzar el tejido industrial, con una diversificación de  empresas fuertes y potentes. El campo tiene un tejido formado por muchas pequeñas empresas, cooperativas de pocos componentes… Fusiones, creación de empresas agrarias sólidas y competitivas y empréstitos adecuados pueden revitalizar un sector tan castigado. Y en cuanto al sector servicios, no ataquemos al turismo y la hostelería, uno de los principales ejes de la tan deteriorada marca España. La tecnología y las empresas online, al estar a la cabeza del mundo del futuro, han de ser una prioridad.

Solidaridad.- Decíamos líneas arriba que el fomento del empleo y la armonización riqueza-pobreza, son líneas a seguir. Hay que crear empleo y los fondos recibidos, en muy buena  medida, hay que dirigirlos en ese sentido. No se puede admitir que seamos de los países con mayor tasa de paro de la UE. Las ideas marxistas de atacar al empresario no se pueden tolerar. El empresario es la clave para la creación de empleo. Este Gobierno ha de tomar como una de las medidas indispensables crear empleo por diversos mecanismos y con líneas de crédito asumibles, para autónomos y empresarios en general, que permitan aumentar sensiblemente su actividad y contratar personal. A más empleo, más consumo y mayor crecimiento del PIB. España es país de grandes fortunas concentradas en un porcentaje mínimo de la población y, como contraste, un país con esas vergonzosas colas del hambre. El reparto de la riqueza es muy desigual y en un país moderno y democrático tiene que recortarse esta gran diferencia entre ricos y pobres. Y llegar a un buen nivel de recuperación de las clases medias, las que más sufren la crisis.

Liderazgo.- Para salir de la crisis y empezar el camino recuperador, es necesario el liderazgo. Un gobierno marioneta, como el que desgraciadamente tenemos, a merced de intereses de independentistas, marxistas y anti-sistema, carece de ese factor clave en economía que es el liderazgo. En el marco de la empresa, si no hay un líder claro, con autoridad moral, al que se le respete, poco se puede hacer. Igual sucede con el Estado, pues el actual Gobierno parece una olla de grillos, desprestigiado. Pienso que ese  “gran acuerdo político” sería fundamental y los dos  grandes partidos, de centro-derecha y centro-izquierda, si se unen en lo económico, ejercerían el liderazgo requerido. Es posible, pero falta sentido de Estado.

Fomento de la ciencia.- En los Presupuestos Generales del Estado, la asignación concedida a la ciencia y a la educación es muy baja con relación a otras partidas. Las universidades tienen facultades de ciencia que investigan con muy pocos medios y recursos. El CSIC tiene a sus científicos mal pagados. No se puede comprender que algo tan esencial como la investigación esté dejada de la mano de Dios. Menos subidas de sueldos a asesores y políticos “de los de arriba” y más cuidar de la ciencia. No lo hacemos y así nos va.

Hay que hacer todo lo posible por salir adelante. Y este decálogo de principios, si se aplica bien, puede ser una tabla de salvación.

Dios lo quiera.

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José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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