Reportajes

El Goya que Franco quiso regalar a Hitler

La marquesa de Santa Cruz, por Francisco de Goya (1805).

Introducción

Retomando el artículo de Toni Gil en Hoja del lunes.com de fecha 18/01/2021, titulado Goya y los Franco, me gustaría ampliar el interesante tema sobre el cuadro de La marquesa de Santa Cruz, que Franco quiso regalar a Hitler en la conferencia de Hendaya en 1940. En esos años, La marquesa de Santa Cruz de Goya, de 1805, se encontraba en poder de Franco que, aprovechando el alboroto de la posguerra, lo compró supuestamente cuando el cuadro regresó a España, ya que estaba en Ginebra (Suiza), a los herederos de la familia Silva por un millón de pesetas (6.000 euros de hoy). Era la pieza perfecta para regalar a Hitler porque en la lira o guitarra que sostiene la marquesa en el cuadro creían que había una cruz gamada nazi. Cuando en realidad el símbolo que figura en la lira no es una esvástica, asociada al nazismo, sino un lauburu, una cruz con brazos curvos, variante de la esvástica, pero que en realidad es de origen celta, que figura en hitos antiguos tallados en piedras.

Nunca hubo prueba de la compra efectuada por Franco ni del pago a la familia Silva, ​ que eran los propietarios legítimos de La marquesa de Santa Cruz, puesto que eran los herederos del conde Pie de Concha que lo había depositado en el Banco de España al empezar la guerra española. De ahí viajó a Ginebra, en marzo de 1939, pero no se mostró en la Exposición del Tesoro español en el exilio.

El símbolo similar a la esvástica. La marquesa de Santa Cruz, por Francisco de Goya.

Como Adolf Hitler era un pintor frustrado tenía en el arte de la pintura una de sus grandes debilidades –saqueó muchos museos de Europa–, por ello, para ir cortejando Franco a Hitler le envió previamente tres cuadros de Ignacio Zuloaga a través del marqués Antonio Magaz, embajador de España en Berlín, que se los entregó en julio de 1939. “Planeaba crear en la ciudad austriaca de Linz el Museo del Führer, la pinacoteca más grande del mundo. Y lo que más ilusión le hacía como obsequio eran las obras de arte”. Pero Hitler quería más, incluso pensó en un imposible Velázquez y pasó a un Goya.

La rocambolesca historia del cuadro, de leyenda urbana ha pasado a la realidad. “Nada más allá del dicen, cuentan…” , asegura Miguel Falomir, director del Museo del Prado. Pero a partir de ahora, son hechos probados, según el historiador Arturo Colorado Castellary. En Arte, revancha y propaganda (Cátedra), el catedrático de la Universidad Complutense ha seguido el rastro documental del episodio: “Una prueba más de la instrumentación del patrimonio que Franco hizo a su conveniencia”.

De izquierda a derecha: Adolf Hitler, Antonio Marqués de Magaz, Otto Meissner y Paul Schmidt observab los tres cuadros de Zuloaga regalados por Franco a Hitler (Fuente: Bayerische Staatsbibliothe),

El Mercedes que Hitler regaló a Franco

El dictador alemán, por su parte, tras recibir los Zuloaga, obsequió a Franco con un Mercedes Benz 540 G4, W31. Un coche de alta gama con posibilidades de todoterreno diseñado para ser usado en paradas militares o actos representativos. Equipado con un motor de 8 cilindros en línea y 115 caballos de potencia, capaz de mover sus 3.840 kilos de peso a 67 kilómetros por hora. Un descapotable en gris de seis ruedas con tracción a los dos ejes traseros, que cuenta con un amplio interior y tres filas de cómodos asientos. De este coche blindado solo se hicieron tres unidades para Hitler, Mussolini y Franco, aunque en realidad hubo 57 que salieron de fábrica entre 1938 y 1940. El coche se lo regaló al dictador por su 48 cumpleaños en 1940. (Hoy está expuesto en la Sala Histórica de la Guardia Real de Madrid).

El Mercedes que Hitler regaló a Franco.

La neutralidad de España en la II Guerra Mundial

Nada más estallar el conflicto europeo de la Segunda Guerra Mundial tras la invasión de Polonia el 1.º de septiembre de 1939, y aunque Franco, que acaba de salir victorioso de la guerra incivil, declaró la “neutralidad” de España; sin embargo, no podía negarle ayuda a Hitler, que le había ayudado en la guerra con aviones de la Legión Cóndor. A su vez, España le vendía mineral de wolframio de las minas españolas –mineral estratégico militar para reforzar los blindajes con aceros especiales y también para fabricar puntas perforantes de granadas antitanque o antiblindaje en general– a cambio de oro, tras haber quedado el Banco de España sin una onza, tras la guerra, siendo entonces el oro patrón monetario internacional.

Pero el nuevo régimen franquista trataba de ganarse la confianza de las democracias europeas, especialmente de Francia y Gran Bretaña, con las que reanudaba lazos económicos. Para la supervivencia del régimen era vital el combustible y el grano que llegaban por mar desde Argentina, Canadá y Estados Unidos. La alineación de España con Alemania pondría en peligro ese abastecimiento, porque sobrevendría un bloqueo naval británico que aumentaría la hambruna que atenazaba a la España de posguerra. Accedió Franco tras la entrevista en Hendaya a enviarle la División Española de Voluntarios, más conocida por «División Azul», al frente ruso al mando el general Agustín Muñoz Grande en el verano de 1941.

La entrevista en Hendaya

La conferencia de Hendaya entre Franco y Hitler, en presencia de sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores, el germanófilo Ramón Serrano Suñer por España y Joachim von Ribbentrop por Alemania, se celebró en un vagón estacionado en la estación del ferrocarril de la localidad francesa de Hendaya en la frontera hispano-francesa. Mientras Adolf Hitler esperaba a Franco, recorre por completo la estación francesa de Hendaya, el último confín del imperio de la Alemania nazi, después de haber conquistado en poco más de un año Polonia, Checoslovaquia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Luxemburgo y Noruega y de doblegar a Francia, que firma un armisticio el 22 de junio de 1940, por el que entrega la mitad del país.

Franco junto a Hitler, saluda a la fuerza alemana a su llegada a Hendaya, el 24/10/1940 (Fuente: RTVE).

El motivo de la entrevista de Franco con Hitler era intentar resolver los desacuerdos sobre las condiciones españolas para su entrada en la guerra del lado de las potencias del Eje. Después de siete horas de reunión, Franco pedía la devolución de Gibraltar (tras la derrota del Reino Unido); la cesión del Marruecos francés y una parte de la Argelia francesa a España más el Camerún francés que se uniría a la colonia española de Guinea Ecuatorial. El único resultado de la entrevista fue la firma de un protocolo secreto en el que Franco se comprometía a entrar en la guerra en una fecha que él mismo determinaría, según el devenir de la contienda. En la entrevista, Hitler garantizaba solo, vagamente, que España, tras ganar la guerra, recibiría «territorios en África».

Sin embargo, al final de la entrevista el cuadro de La marquesa de Santa Cruz con la supuesta esvástica no se entregó y pasó al Pazo de Meirás, palacete residencia de Franco en La Coruña.

Del depósito del Pazo de Meirás al Museo del Prado

Después de lo de Hendaya, el célebre lienzo de Goya habría sido ocultado en las residencias de Franco en El Pardo y Meirás entre 1940 y 1947. En 1944, un nuevo propietario se lo reclama al Museo del Prado sin éxito. Tres años después, en 1947, el banquero Félix Fernández-Valdés (1895-1976) lo compra por 1,5 millones de pesetas con un cheque a favor de Francisco Franco Salgado, primo del dictador que hacía de testaferro. Pilar Silva ha encontrado en un archivo el recibo de la operación de compraventa. La compra se ejecutó libre de todo impuesto y se omitió en todo momento quién vendía el cuadro, aunque la entrega del dinero al primo del dictador hace sospechar el destino final de la cantidad. En el recibo se hacía constar que Franco Salgado lo había recibido en calidad de “secretario particular de su Excelencia el Jefe del Estado”, Francisco Franco Bahamonde.

El coleccionista Valdés adquirió el cuadro y lo tuvo en su residencia de Madrid. Vivió en la intimidad y el secretismo de sus adquisiciones artísticas hasta su muerte en 1976.  Y cuando hubo que repartir la herencia entre sus siete hijos, se fragmentó la unidad de la colección. Más tarde, uno de los herederos lo vendió en 1983 y fue exportado ilegalmente a Londres para ser subastado en Harris. Al tener conocimiento, el Estado español lo reclamó como Patrimonio Nacional e impidió su venta pública. El juicio fue favorable al Estado español en 1986, pero hubo que compensar al propietario de entonces. Fue rescatado por seis millones de dólares por el Gobierno de Felipe González y depositado en el Museo del Prado, donde se halla actualmente.

¿Quién fue la marquesa de Santa Cruz?

Joaquina Téllez-Girón (Madrid 1784-Madrid 1851) fue una aristócrata española que ostentó el título de condesa de Osilo y marquesa consorte de Santa Cruz. Fue segunda hija de los IX duques de Osuna, mecenas de artistas. Fue aya de la reina Isabel II y de la infanta Luisa Fernanda ­–hijas del rey Fernando VII– y camarera mayor de Palacio. Este personaje es ahora recordado por un famoso retrato de Goya: La marquesa de Santa Cruz o La Joaquina, como también le llaman. Goya, amigo de la familia de los condes de Osuna, retrató a la marquesa con unos veintiún años en 1805 y como era aficionada a la poesía, la pintó con una lira y en la cabeza hojas de roble a semejanza de la ninfa Calíope relacionada con la poesía. Fue en esa época cuando ella se casó con José Gabriel de Silva-Barán, X marqués de Santa Cruz, quien fue el primer director del Museo del Prado. Al estallar la Guerra de la Independencia, José Gabriel defendió los derechos al trono de España por José Bonaparte –hermano mayor de Napoleón–. A pesar de esta adhesión, Napoleón lo declaró traidor, confiscándole todos sus bienes.

Ninfa Calíope, por Marcello Bacciarelli.

Alicante, 15 de febrero de 2021

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Ramón Palmeral

Soy escritor con más de 40 libros publicados sobre temas diversos. Socio de Honor de Espejo de Alicante, socio del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, colaborador de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Publico crónicas culturales y políticas con un sentido satírico desde hace más de veinte años, puesto que considero que la labor del ciudadano y de la prensa es la de fiscalizar al poder. Dirijo el portal Nuevo Impulso.net de arte, cultura y opinión. Mi correo: ramon.palmeral@gmail.com

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