Un beso… con persistencia para no abandonar, con educación para comprender, con disciplina para sostener el rumbo, con compasión para no perder humanidad, con trabajo a conciencia y con esmero para convertir la intención en resultado…
Un beso más y mejor, fiable, vistoso, con gusto, con ganas, libre y suave para construir en la atmósfera y que resista a todo, en el inicio de la troposfera, como un globo desde la estratosfera, sin miedo a las tormentas en la mesosfera, de colores fluorescentes y con temperatura en la termosfera y más allá, a diez mil kilómetros y con estrellas en la exosfera… con sabor a Universo, a galaxia con miles de millones de estrellas unidas por la gravedad y que brilla y se mantiene unida por la bendita fusión nuclear, a constelación con figuras en el cielo azul pastel, a nebulosa, a polvo estelar que atenúa y dispersa la luz con diminuta solidez, a sistema planetario dejándome deliciosamente perdida entre planetas, lunas, asteroides, cometas, polvo y gas y como un meteorito que sobrevive la atmósfera y alcanza la superficie y con colores rocosos y metálicos de asteroide cuando orbita el sol y como un cometa que al calentarse desarrolla coma y colas muy excéntricas y sentirme en el satélite y con mi cuerpo girando alrededor de la luna y compartiendo órbita con otro cuerpo sin luna de nadie, en ese planeta enano y hasta el mismísimo planeta en ese mundo que orbita despejado en el sistema solar…
Un beso…
Un beso con perseverancia de las olas del mar que hacen de cada retroceso un punto de partida para un nuevo avance y con sabor a nobel y a poema de Gabriela Mistral… un beso paquidermo y con esa energía en pausa de insultos y varapalos y desaciertos y tanto y más con combustible de cohete divino que arranque de raíz un corazón empapado y enterrado y que la semilla salga a flote con fuerza y determinación desde la tierra que le proporciona su alimento y que realice esa vuelta de tuerca, ese giro, ese encuentro entre la vida y sus disfraces y en ese decir: ¡basta! de auto boicot y abierto en silencioso y dulce florecimiento hecho carne…
un beso con lluvia en el tiempo más que oportuno y que muestre su atributo, maravilloso y que ruborice, y de punto y aparte a ese apagón sexual con una necesidad inmediata de avanzar en proporción y equilibrio, en la belleza sensata y con glamour, con claridad y enfoque en un corazón roto en su semilla que da paso a una nueva hoja y en el que del sufrimiento nace el verdadero amor sin restricciones en ese viaje desafiante, columpiando, galopando y buscando nubes con auténtica idealidad…
Un beso inefable en el que me pregunte, una y otra vez, dime… ¿qué hacemos con las ganas?
un beso que envuelva ese cuidar en máximo cariño y aprecio con estilo y belleza en lo que hacemos, cómo lo hacemos y para qué y por qué lo hacemos y tanto y más… Un beso visto, muy visto y exageradamente nada visto y por siempre nunca jamás y complejo de escribir con palabras de Baudelaire “lo hermoso siempre es extraño” y que sonría en flores como cisne vestido de ardilla…

Un beso que une a las almas que se reconocen y mientras sucede, es junio, es lunes, es día uno, y acabo de escribir, una vez más, después de meditar, un par de minutos o quizás más de un par, y envié ese mensaje y al instante siguiente, decido dejar de esperar respuesta alguna, ni mucho menos, crearme expectativas y actúo en mi realidad intentando disfrutar de un jardín sin soberbia… ya lo decía quién me consoló desde el segundo uno, más un segundo más, y estratosféricos segundos siguientes, en el meta verso de mi compleja e incierta existencia, ¡deja esa soberbia! ¡suspiro! miro la llama encendida de mi vela blanca con olor a algodón de azúcar, caramelo, praliné, menta, pana cota, panetone de mandarina y frutas confitadas con intenso amor, y entonces, y sólo entonces, voy a mi rincón gourmet como una jardinera en vela, y empiezo mis mezclas creativas y resultonas y quedo saciada y satisfecha del resultado, nada más confiando en esa experiencia instintiva del momento y de dejarme llevar del impulso, color, recuerdo y del sentimiento y así me antojo de unas hojuelas de maíz integrales con zumo de naranjas, recién exprimidas, arándanos, frambuesas, moras azules, fresas, trocitos de piña y mango, pasitas, un toque de canela y de vainilla en polvo y una provocativa y seductora nube de crema chantilly… ¡qué delicia!
Y así sin más, tenemos tantos millones de besos más uno más, de pedazos de ellos extraviados, de complejos regados como semillas, que plantamos, sin querer y sin darnos cuenta, en tantos desiertos por regar, para vernos florecer y sentir esa luz y brillar como las estrellas fugaces y tanto y más y todo lo que somos y podemos llegar a ser, en este fragmento de días y noches al que llamamos “vida” de caminos torcidos, difíciles, inesperados, desconocidos, alegres, bonitos, largos y cortos, de sueños y de momentos, con metas y propósitos, de desgaste a todo trapo y a toda velocidad sin ni tan siquiera detenernos para apreciar ese beso que vive muy dentro, y lo que de verdad ocurre en cada lametazo y cada latido del corazón y cada beso que damos y cada mirada y cada locura y ganas y antojos que pide el cuerpo, con alma, vida y sombrero y es primavera y nos deshojamos deseando besos, otra vez más, pero de otra manera distinta, y nos gusta, y la primavera anterior también nos gustaba y ha sido diferente y hemos cambiado…
caen las hojas y se desprenden más fácilmente de sus ramas y nos desvestimos esperando besos con otros colores y apetece lucir y seducir y gustar y comernos, cada día y cada noche… nos desnudamos de a poco a poquito, y permitimos plácidamente que el viento nos de besos, nos agite y sacuda y nos sintamos holgados, sueltos, naturales, reales y verdaderos, como letras que forman la palabra: b.e.s.o. y se escapan por los agujeros del alma y entonces, viajan esos pensamientos que entorpecen y debilitan las fuerzas y el estómago vacío y cerrado, el cerebro estropeado y roto, las ideas enrolladas y confusas, y la lluvia que cae nos salva y abriga el desorden brutal y el caos y sentimos un equilibrio “increchendo” y esa rigidez como escudo hacia tanta crueldad y erosión recibida se desdobla y esa imparable angustia y ansiedad dan tregua y empezamos a hibernar, un tiempo más, para reponer fuerzas, como esas páginas de un libro amado que promete posibilidades infinitas y bonitas, fugaces y divertidas, dulces y graciosas, verdaderas y comprometidas, en un jardín de delicias sin soberbia que forja su crecimiento con materiales de derribo y tan preparado como unyogur con pro bióticos, para comenzar las veces que haga falta, aunque muchas de esas veces, destile aridez, acidez, amargura, tristeza, sentimientos imposibles de explicar, extraños, inesperados, de vulnerabilidad, agresión, invasión, sentirnos nada y muriendo al instante y de sopetón, y en el que le arrancó el corazón en toda la tierra entera y en un momento muy tocados y horrible, con movimientos bruscos, de presión, contracción, succión, abrasión, y raíces arrancadas otra vez y no damos ya más de sí y ¡menuda putada! Y entonces esa delicia de libro que nos gusta tanto y de principio a fin, nos espera con su botica en ramas y con besos como aperitivo y jugar en el abundante jardín y sentir la seguridad de su alimento que fluye, en lugar de recrear viejas guerras dolorosas, porque lo hermoso siempre es extraño, decía Baudelaire…
Y no sólo recibir besos sin compartir, liberando el abandono, el fracaso, el abuso, el no ser reconocido, valorado ni amado y actuar en nuevas formas… tus propias y nuevas y funcionales y pensadas formas y así vaciar para luego verter en los demás como regalo humano con humanidad en todo lo que hacemos, visto o no visto y que se siente siempre con máximo romance y ser provisión y alimento que calma mientras que otras se marchitan, porque la vida es una planta que prospera con espíritu ardiente, abundancia y paz y es despegar como un avión, como un pájaro, y es ver las nubes en un rotundo sí y en flor, y ver un árbol con sus raíces que te elevan hacia ramas y hojas libres, de manzana, uva, pera y ciruela y ver que los cambios no tienen por qué ser de calamidad y que vienen desencadenados desde lo más profundo del corazón pacífico como una ardilla en crema pastel con aires de raspberry en pausa suave y como ola del océano de la vida y que nos supere esa hambre retrasada y pasión alborotada para dejarnos llevar hacia el propósito y dar el siguiente paso sin que nada ni nadie nos detenga: “no sirve para ser…”, con criterio, autodeterminación, decisión, amor propio, valentía, bondad, piedad, caridad, conciencia, sensibilidad, fe, pasión y oración, para saber cómo proceder y cómo conocer el fuego secreto que arde en llamas, incluso si lo hemos olvidado o desconectados sin haberlo pedido, porque muy en el fondo, anhelamos emoción, ser auténticos y despertar de ese sueño tan profundo y que nos viene a despertar quien más nos quiere en este mundo en esa semilla muy enterrada a punto de soltar el lastre emocional y suceder con su belleza y perfume en fragante plenitud cuando es el momento tan natural, incuestionable y esencial como respirar y tan conscientes de esa transformación en manifestación física muy veloz y en dirección correcta y caminar, saltar y bailar vals recorriendo todo el jardín de flores de oro en flor porque lo que es real se profundiza y todo encaja en su lugar… ¡así sea!
Y justo llega la cosecha floreciente… ¡aleluya!
Y rondando los cincuenta y mientras invocamos su bendición, los pájaros están de fiesta y jolgorio y cantan felices y dichosos porque saben que la Naturaleza les provee vida sin límites, no temen a la pérdida ni tampoco a la escasez, porque por cada cosa que muere se crea una nueva para sustituirla y también nuevas formas para satisfacer esa necesidad, con buen humor y sabiduría y se deleitan en el flujo universal de la abundancia, abren el corazón, liberan el miedo, se alimentan en el viviente jardín… ¿es el hábito o la realidad?

Y es que los besos como aperitivo son la maduración de la vid y son la vida plena y eres esa fruta dulce madurada en esa vid y ha llegado el momento de la cosecha natural, rica y abundante… el bendito momento, hechizo mágico y uterino y brutal y enternecedor y precioso momento… café, pan, aire fresco, letras, la melodía del cantar de los pájaros, orar, meditar, agradecer, bendecir, ensalzar, abrazar, besar… el aquí y ahora y la atención a cada detalle de lo que sucede y lo que nos sucede y sin distracciones que ya fueron y ya no serán y no hace falta esperar hasta alcanzar el destino y suceder ahora y honrar esa luz que se enciende y nos enciende en llamas de pasión, ahora mismo, en el interior, por pequeño que sea… actuemos con disposición y “vivamos en completo abandono en la propia alma”. ¿Nos vamos a perder esa delicia?
Abramos los brazos y recibamos la cosecha porque ya estamos más preparados de lo que creemos y más y mejor que antes y que otros días y noches que ya sucedieron y ya se vivieron y se sobrevivieron de la más y mejor manera posible y vivamos esa aventura que tenemos, esas cuatro letras: vida… en la que los deseos de cada corazón en particular son el fruto que madura en la vid y lo hace con besos listos como aperitivo para degustarlos de principio a fin, con gratitud y plenitud… árboles frutales y vides que despiertan porque ha terminado de llover y el sol brilla y antes que coger su racimo, cae como caído del mismísimo cielo divino y sagrado y antes de ser tirado y arrancado y violentado a la fuerza y por su propio peso sustancial, nunca mejor dicho, lleno de bondad y nunca antes jamás, retenido, y entonces, nos sentimos amorosamente invitados a toda la riqueza y abundancia de ese jardín que con esmero, paciencia, y de a poco y dejando a cuenta gotas la soberbia, habíamos cosechado y ahora, con crecimiento, deseo y apetito, y apertura brutal y felizmente sintiéndonos propios y únicos en género y especie, volvamos adentro y recuperemos el impulso y ese trabajar con disciplina y amor lo que florece…
Y besos como aperitivo que nos hacen sentir que somos un mundo en pequeño y en grande a la vez, y como el horizonte, y como la melancolía, y es la talla perfecta y la luz de los sueños, el cuarzo rosa, la piedra luna, y en nuestra mente están como un talismán, y como una adicción sutil, que se sienten dulces como un pastel, tiernos, deliciosos e irresistibles y encantadores y hasta el fondo de cada rincón del jardín sin soberbia, y entonces, nos tienen y desplazan la soledad, y en la mente palpitan al mil por millón más uno más y sentimos cerca, un momento, y dejamos con soltura que caiga cada hoja de laurel, menta, albahaca, mejorana, hierbabuena, toronjil, milenrama, caléndula, romero… de nuestras ramas en su locura, adheridas entre cada página y entonces, llega la lluvia, de nuevas maneras y nuevas circunstancias y diversos acontecimientos en cada tiempo del tiempo de nuestra Naturaleza sabia, más que oportuna, como ese manantial con belleza, como esa corriente de agua que nos configura y resetea y nos deja listos para seguir hacia su puerta de entrada, en intimidad, alimento, conocimiento, cuerpo, alma, espíritu y esencia y adoptamos otras posturas y movimientos y direcciones y escarbamos la tierra con ansia loca, con curiosidad y frenesí y entonces… se nos abren las compuertas del llanto y brotan esos lagrimones de dolor y sensibilidad y sorpresa y emoción y esos pensamientos que nos dejaron hecho polvo y como ese postre en el que nos desabrochamos porque queremos más, antes que la vida pase tan rápido, porque descubrimos que es demasiado bonita y entonces imaginamos un sueño desde siempre ¡que se nos cumpla!
Un beso en un lugar especial y vernos felices, columpiando, galopando, buscando nubes y en donde somos los ¡prota! de la ¡peli! y repasamos la memoria sensorial del trauma, fuerte y penetrante, en donde el cuerpo reproduce sensaciones físicas, tiempos y tiempos, aunque el estímulo haya pasado y se activa el sistema nervioso en alerta constante y aparece ese historial de abuso, esas amenazas graves, ese flashback invasivo de maniobras incalculables, intenso, rápido, que deja bultos, huecos, rugosidades, heridas y cicatrices, esas primeras veces, ese miedo a palpar las paredes internas del corazón estrecho que parece infinito a lo desconocido y sentirlo hasta más allá de la garganta, ese trauma personal severo, esa ansiedad extrema, bloqueo, asfixia emocional, crisis de angustia, disociación, confusión, perturbación, reacciones físicas de contracción, llanto incontrolable y desmayo, y esa respuesta psicosomática y emocional que invalida el expresar amor y dar el paso a recibir y proporcionar besos en todos los colores posibles y florecer el amor… y entonces somos el ladrón de nuestras hojas y desaparecen y llega el viento en el cambio de estación y nos cuesta resistirnos a ese encantamiento y hechizo, y tememos a todo y ¿a ti? Y deseamos ese ¡momento ¡random! ¡six seven! perfecto y pluscuamperfecto y que la armonía pronto llegue a nuestro corazón y probar y probar, más y más, de esa unión sagrada y de ese nacimiento del alma y su viaje valiente y ese éxtasis celestial y divino y ese deseo conmovedor de: “quiero que nuestras almas florezcan y estar despiertos en ese transitar por el camino rudo y salvaje con un corazón poderoso y con gran poder y dejar de escondernos hasta de la oscuridad y palpar ese amor auténtico y salvador latiendo fortísimo y que crece, pase lo que pase”…
pájaros, peces, jirafas, tortugas, erizos, osos, elefantes, caracoles, caballitos de mar, libélulas, rinocerontes, hipopótamos, y tanto y más, unidos disfrutando de la luz en el plan de Dios y así sin más… ¡el amor es todo lo que somos!
Y entonces formamos galaxias y el sol arde con rendición a la voluntad y el miedo que puede parecer imposible de conquistar y siendo honestos con la herida que requiere reparación desde esas raíces subterráneas recubiertas de ansiedad y sufrimiento y el poder conseguirlo está más allá de cualquier obstáculo y que la vida y el amor florezcan y el hambre sea alimentada con besos como aperitivo en el jardín sin soberbia, ahora y siempre… porque, tenemos hambre de luz y nutrición y la oscuridad jamás saciará el hambre y la divina presencia hará que el cuerpo se deshaga del viejo dolor emocional y que cada célula, crepite y brille… ¡estamos bullendo!
Y entonces nos abrimos como flor al sol dorado en el abundante jardín con su cosecha floreciente con su sinfín de provisiones y somos cada árbol como símbolo de vida con cada transición tan aterradora en el que el crecimiento, simplemente, debe ocurrir para que esa vida continúe, sin más, y su terrible agitación, baile mejor en el surgimiento de una nueva vida en amable sanación con la promesa: ¡estamos naciendo de nuevo! Somos nuestra propia traga y estamos ¡¡¡tragados!!! en ese aroma boscoso con notas de arándanos y dosis de hojas de violeta, porque un beso como aperitivo es algo y mucho más que un sabor de lady fingers de chocolate con leche y caramelo y empapados con exceso de elasticidad, indulgencia y descanso interno, entre suaves texturas y capas de capas de milhojas cremosas de mascarpone en un bocado, en un momento lento y satisfactorio, de postre reconfortante de tiramisú, y es un poco loco pero es un regalo delicioso y perfecto, cuando nos convertimos en el ladrón de hojas y desaparecemos y somos como esa ardilla, soñadora, terca y caprichosa, jugando con el viento en el cambio de estación y nos cuesta resistirnos a su encanto y hechizo y tememos a casi todo y a ti, nunca jamás… Un beso allure “random” de celebración como ese sombrero de fresas rodeado con velitas de colores de cumple y que recorre el bosque en su jardín, olvidados de pena, invadidos de felicidad y de lavanda y dando saltos con ternura hacia el camino, entre llamadas, mensajes, miradas, cartas, poemas, suspiros, risas… aprendiendo que no todo en la vida son “contracturas” sino que también son flechazos y conexiones en primavera, en la que un café muy caliente con bayleis lo pone todo “en foco” diciéndonos adiós a la fachada y a la persona “más-cara” “intérprete” de teatro de la vida, enfundados en ese talego y señal de saciedad desgraciada y suciedad de principios y llega el tiempo de procesar y disfrutar de la realidad cruda y entonces, “sus labios nos enseñaron a sentir lo que es ternura con sabor a dulzura” y a beso en la trattoría en Madrid… ¡¡¡suspiro!!!

Un beso muy bien ejecutado, nada seco, esponjoso y ese festín que comimos “sin culpa” hasta el último bocado, meses después, como brownie con arequipe, guanábana, lulo, tomate de árbol, maracuyá y guayaba, hibisco, flor de Jamaica, purpurina y gotitas de rocío, que aparenta estar bien y da el pego, y esas cosas que importan con caducidad como diamante de laboratorio…
Un beso muy dentro de un vientre y en plena gestación, aunque ella aún ni tan siquiera sospechase ese muro brutal que impediría, hasta siempre, esa unión mágica de amor y rendición a través de la placenta y con tantísimas señales, que aún, seguirían impidiendo ese beso majestuoso que lo cambiaría todo… al salir de ese útero, encontró silencio abismal y estratosférico y que le acompañaría el resto de su vida y desde esa sala de hospital, en ese paritorio que tampoco tenía las respuestas ni ese regalo de amor con sabor a Hogar, que la criatura deseaba y requería a mares y sale de esa sala, a unas paredes de bahareque de color blanquesino y lechoso y con un olor a sencillez, bondad, misericordia, devoción y entrega, a las salas de lectura y escritura de guarderías, jardines infantiles, escuelas, colegios, y años más tarde, edificios y estructuras más modernas y equipos y tecnología, donde aprendería su oficio y en el que se recostó, para evitar caer en picada, a otra salón de boda y pasos siguientes, sin ese anillo de alianza y desértico y opaco y carente de besos y de ahí, a naves donde los guiones y escaletas serían su compañía y en el que leía besos y más tarde, a salones en una construcción antigua rodeada de Naturaleza y en donde preguntaba, una y otra vez, ¿cómo es un beso como aperitivo?…
Momentos difíciles y muy complicados y absurdos y tristísimos y sin esa medicina de amor y con relaciones en la oscuridad del desconocimiento y la sobrevivencia y donde cada mañana, muy temprano, se vestía con fuerza y valentía y disciplina y mérito y ganas, para arroparse de esa carencia que aún se le resiste, y así sin más… y vivir, tal vez, una guerra, parecida a su guerra uterina, pero revestida de valores y de principios y con despedidas sin besos como aperitivo y con maletas de aquí para allá que guardan hechos tan lamentables, y tan propios de lo más impropio del Ser humano, lagrimones, esperas, preguntas sin respuesta, intentos fallidos y un sinfín de besos con sabor a lactancia, a biberón, a cuidados extremos, a delicadeza, a familia, a padre y madre, a hermana, a sobrinos, a amigos, a acoso laboral, a traición, a mentira, a orgullo y prepotencia, a injusticia en su retiro despiadado de su profesión, a vida con ilusión… y tan sólo con el único sabor del abandono y tan sola y solísima y lejana en ese mundo del nunca jamás y como intérprete de sus días y noches refugiándose en páginas y más páginas escritas a la luz de sus velas blancas junto con estampitas de la Virgen y su devoción, que le salvarían del ahogamiento y estrangulamiento del rechazo y amargo desamor y seguir observando con inteligencia y como el mejor jugador del juego, todo lo que le rodea, pero más reposada, calmada, sin protesta alguna, escondida y humillada y con, ese lenguaje no verbal, a veces tan traicionero, esa sensibilidad desbordante y esas emociones a flor de piel y ese corazón sediento de besos pero no de esos de merendero, de plato de segunda mesa, de mendigo, de limosnero… y conquistando de a poquito y muy poquito y sin apenas paciencia ese palpar la realidad y entrar triunfante al mundo y con besos como aperitivo sin Inteligencia Artificial, sino de esos que guardan toda una vida dentro, a puerta cerrada y con ventanas abiertas, con risas atrapadas y murmullos de belleza y presencia…
Un beso honesto, que narre, que escriba y que baile y jamás ¡al son que me toquen! en un jardín vivo de astromelias, mimosas y ramos especiales de catálogo y de autor con tortitas de avena, plátano, manzana y miel y con aroma a noche de verano, cielo azul, dulces sueños, buenos días y buenas noches mi amor, como por arte de magia y entre nubes, a llovizna de la jardinera con fruto que perdure y nunca se agote y jamás de gota en gota, con manantial de flores y sin palabras vacías en el que bebamos para esa sed de sabiduría, dulzura, caridad, humanidad y vida y con caperucita y lobos feroces enamorados y que curen y exalten la grandeza de lo pequeño y diminuto, del dar y servir con besos como aperitivo porque lo que se aúna en el corazón reboza la boca…
Un beso con el éxito del despegue de ese viaje de conquista hacia la luna para verte y ruborizado con efecto “buena cara”, con tonalidades rosas, naranja, melocotón y corales y ese efecto, “tocados por el sol”, empezando como el colorete, nunca mejor dicho, con poco y añadiendo más si es necesario, como ese primer beso con el mejor rubor como protagonista… ¿y si te pasas?… pasa lo que pasa!!! entonces, presionas suavemente para difuminarlo y en puntos estratégicos y ese beso como aperitivo será perfecto, intenso, con carácter, equilibrado, rejuvenecerá el alma y el espíritu y responderá con bellas sonrisas, y brillos jugosos con volumen acabado fresco y favorecedor en rojo frambuesa, fucsia, vino, coral y uva, que aportará luz, armonizará todo el cuerpo y dará pinceladas a los labios vibrantes en dorados, plateados, azules, verdes, lilas, rosas, y al desnudo de la carne nude, con exceso de gloses y entonces será el momento de un beso que celebre las primeras flores que llegan con la temporada, narcisos, magnolias y violetas…
Un beso natural y elegante y sin el más mínimo rostro de frialdad y con el menor artificio posible y sin excusas…
Un beso sencillo y rápido para recrear y no querer pasar página y reconocer su cara oculta como la luna en ese alunizaje de contacto histórico y estratosférico como un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad y es que, un beso como aperitivo lo cambia todo y entonces nos eclipsamos y acortamos distancias récord en nanosegundos en el meta verso respecto a la tierra y nos sentimos en la mismísima luna…
Pero, ¡madre mía! Lo que cuesta y lo que cuesta un beso de esos que te salva de todo y que hace realidad el sueño de enamorarse…
Un beso atrevido y absurdo que busca el amor ocultándose, una situación bizarra y chocante y diferente y muy lejana de otro satinado, cremoso, con personalidad, glamour, metalizado, mentolado, descafeinado, aterciopelado, carnívoro, vegano, dulce y afrutado, épico, eufórico, cardíaco, divertido, limpio y transparente, cándido, fácil y complicado de olvidar, libre, y en silencioso florecimiento que nos resucita sin restricciones, que fluye con el flujo de amor, que nos hace “hacer las paces” y nos termina de romper la energía drenada y el cataclismo y todo se completa porque es bienvenido en el tiempo con su fuego sagrado, y de bondadosa invitación…
Y así sin más, permaneced en mi amor con un beso y más como aperitivo porque “vivir es arder” y es encender el corazón y el alma con una devoción apasionada en esa llamada de nuestros nuevos propósitos, con deleite y felicidad, para avanzar incluso cuando lo que amamos y a quien amamos se esté quemando, desgarrado por el sufrimiento depredador en espinas y ramas…
Un beso como aperitivo, verdadero tesoro soberano, gozoso, santo y justo, partícipe en confianza, esperanza, gloria y consuelo, y causando el menor daño y sin reserva, libre y socorrido, todos los días y las noches de la vida sobre todas las cosas en un abismo y océano de gracia, antes que cansarnos y morir…
¡¡¡qué no daría por un beso!!!












Un beso al cruasán,
un beso a tus labios de fresa…
a la luna del mediterráneo
mar sin fronteras…
un beso a Tabarca y a tu piel…
Besos
Gracias