Al paso

Todos hermanos, pero no todos iguales

Fuente: OpenClipart Vectors (Fuente: Pixabay).

Garbanzos negros hubo siempre en la humanidad, empezando por Caín y siguiendo por Herodes, Nerón, Diocleciano y Hitler hasta llegar a…

La gran familia que es la humanidad está conformada por todos los seres humanos, de donde se deduce que todos tenemos los mismos derechos naturales. De ahí que la Declaración Universal de los Derechos Humanos no sea más que la consecuencia lógica de nuestra condición. La ONU no creó los derechos humanos (ellos son consustanciales al hombre por el solo hecho de serlo); solo los proclamó. Para los creyentes, además de la hermandad natural, existe una hermandad sobrenatural, la que proviene de ser hijos de Dios, condición a la que se llega por el bautismo. Hoy no voy a disertar más que sobre algunos de los derechos humanos naturales y de la moral natural por más que haya numerosas coincidencias entre las virtudes naturales y las sobrenaturales.

El más primitivo de los humanos sabe que el derecho a la vida es el primero y fundamental, aunque se haya propalado la falsa creencia de que la condena del aborto es cosa de la Iglesia y de algunos otros ciudadanos cavernícolas. Lo cavernícola es considerar normal causar la muerte a un ser vivo, fruto de la unión de un hombre y una mujer, una vida que se desarrolla en el útero de una madre; un bebé no nacido al que los abortistas llaman feto como si no fuera ya un ser humano con su cerebro, su corazón, sus riñones, su hígado, sus ojos, sus oídos, sus piececitos y sus ansias de salir al mundo y tratar de iniciar un camino que puede llevarlo a ser un Premio Nobel de Medicina, un piloto de Fórmula-1, una profesora de EGB o una enfermera. O simplemente tú, seas ahora lo que seas y que no hubieras llegado a ser lo que eres si tus padres te hubieran abortado. No te dejes engañar por el derecho al aborto o a la eutanasia; no existen el aborto o la eutanasia dignos; lo del suicidio fetal o en la vejez terminal no es nunca una muerte digna, sino un atentado criminal a la vida aunque lo envuelvan en palabras bonitas y altamente mentirosas.

Es verdad que todos somos hermanos, pero no es menos cierto que nacemos con ansia de libertad. La inmensa mayoría estiman más la libertad que la vida (unos pocos prefieren –o son obligados a– vivir como esclavos). La libertad no está reñida con la igualdad y la fraternidad a pesar de que muchos padres e hijos de la Revolución Francesa instauraran el terror en nombre de la igualdad. Y lo mismo hicieron dirigentes de la Revolución Rusa, asesinándose entre sí con alevosía y ferocidad impropias de camaradas, purgas que se repitieron entre diversos partidos y sindicatos de izquierda y de extrema izquierda durante el gobierno del Frente Popular en la España de 1936 a 1939.

Con lo de la igualdad hay mucho timo de la estampita; te venden como billetes verdaderos lo que son falsificaciones totales. Hay que reconocer que los sanchistas y comunistas del Gobierno de coalición frentepopulista tienen unas imprentas de última generación difusoras de propaganda marxista peligrosísima, disfrazada de progreso y regeneración popular. Entre otras cosas, en medio de una pandemia de coronavirus llena de pifias garrafales, se permiten presumir de haber actuado mejor que ningún otro país del mundo y hasta se ponen una medalla de oro. No se merecen ni una de hojalata.

¿Igualdad? Sánchez y su Gobierno dan trato de favor a País Vasco y Cataluña y aguantan que Pere Aragonés desprecie la Conferencia de Presidentes y que Urkullu acuda tras llevarse doscientos millones de euros de las arcas del Estado. Esto no es ni igualdad ni dignidad.

Sigo defendiendo que todos somos hermanos, pero no todos iguales. En la historia de la humanidad, desde el principio, como en toda familia, ha habido y habrá garbanzos negros, empezando por Caín y siguiendo por Herodes, Nerón, Diocleciano, Stalin y Hitler, hasta llegar a nuestros días y citar, por ejemplo, a los líderes del Estado Islámico y demás talibanes que mantienen guerras en Oriente Medio y en África además de cometer atentados en diversos países.

—Y en España ¿qué?

—Pues le diré, querido lector, que no es fácil predecir hasta dónde podemos llegar con este Gobierno de un Frente Popular de chirigota sostenido por nacionalistas, separatistas y bilduetarras. Pero oler, lo que se dice oler, no huele bien. Encomendémonos a la Unión Europea para no caer en la igualdad de todos en la pobreza material y espiritual.

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Ramón Gómez Carrión

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