Impulso irresistible

Todo encuentro tiene su luz y su sentido

Fotografía: Free Photos (Fuente: Pixabay).

Estamos muy atentos a la hora de salir de casa con el embozo, pues tenemos que hacerlo por un sentido moral de responsabilidad colectiva, no vaya a ocurrir que seamos portadores de la epidemia coronavirus y contagiemos al primero que nos encontremos no descubriendo la boca, de donde suele decirse que sale lo peor que tenemos: los malos pensamientos, los peores deseos, y demás intenciones retorcidas que nos atacan los nervios a causa de la política que nos gobierna en estos últimos tiempos a los españoles, que se nos antoja retorcida y estranguladora. Nos tienen perturbados los sentidos estas esporas que se reproducen sin pedir permiso y se cuelan en las mentes que antes tenían más claros sus objetivos por el actual desbarajuste, ya que no saben lo que hacen. Las esporas que citamos son células que producen ciertos hongos, plantas y bacterias que participan en la reproducción. Con estas prevenciones salimos a la calle y lo hacemos al encuentro de unos amigos que se mueven con cierto temor buscando mayores aclaraciones a todo lo que pasa, pues nos lleva a maltraer con ciertas angustias y temores que nos están afectando. Con las debidas precauciones nos acercamos a la tertulia, al “encuentro” que venimos diciendo últimamente. En realidad, toda historia que nos afecte se apoya en los encuentros humanos y en la consistencia y envergadura que contienen. Porque ahí se realimentan temples y noticias.

Esta concentración y contraste de diversas verdades, como cositas pequeñas, forma parte de una fascinación que hace intervenir al ser humano porque toca su corazón. Esta acumulación de pensamientos, que puede hacerse donde solemos encontrarnos los amigos, en medio de la calle o en lugares al aire libre cuando hacemos el paseo para mover las piernas la hemos recogido últimamente de una reflexión que nos hace San Juan Pablo II en sus Catequesis sobre el amor humano, pues nos introduce en ese misterio que habla a todo hombre poniendo lo que se refiere a estar despiertos al amor, puesto que es la causa por la que vale la pena entregar la vida. Se nos recuerda así la lógica del encuentro amoroso, puesto

que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el “encuentro” con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva

Benedicto XVI: Deus caritas est

Es que ése es el origen del amor en el que apoyar la vida. El momento y el lugar pasa a ser una “evocación” de valor único y muy personal, que luego se toma como referencia. Porque ahí se han pensado seriamente algunas cosas serias.

Dicen los expertos en estas cuestiones de la vida interior particularizada que hay afectos y emociones precisados de consideración muy íntima, que son difíciles de contar o explicar a otros debido especialmente a su significación y sensibilidad. Nuestra sociedad, tan hipercomunicada por los muchos medios existentes, no puede sacar de ellos la faceta personal que da sentido a los comportamientos y a la manifestación de rasgos complejos de personalidad individual. Casi nadie sabe que hay sentimientos cargados de su importancia, ni quiere detenerse en analizarlos y los dejan pasar como vienen, sin ponerse a pensar en los afectos individuales de los demás, y a veces incluso ni se paran a considerar los sentimientos que están circulando a su alrededor. Pero debería de saber esta sociedad (que lo intuye, pero no quiere mirar por ese lado) que lo que pulula alrededor de tantas personas es un embrollo de sentimientos y resentimientos que se sobrellevan con un ímpetu especial que se procura esconder para no abrir cajas de secretos que a nadie le importan.

Estas cosas son causas que impiden que la comunicación sea más fluida porque se saltan todo un componente afectivo que puede bloquear amistades o incluso abrir heridas en alto grado de sensibilidad. Lo que mejor entendemos en estas circunstancias un tanto turbias y aglomeradas es cuando un corazón habla a otro corazón directamente, con toda su luz y su sentido. Con toda paz, con reconocimiento y gratitud.

Fotografía: Peter Dargatz (Fuente: Pixabay).
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Demetrio Mallebrera

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