Opinión

Sobre la elección de los amigos

Fotografía: Tyler Nix (Fuente: Unsplash).

Caro Ignoto/Querido desconocido:

Hace unos días recibí a tu amigo, según me escribes, con unas letras para que me las entregase; y luego, unos momentos después, en conversación telefónica, me adviertes que no comparta con él todos tus asuntos, porque ni siquiera tú mismo acostumbras a hacerlo, así pues, en la misma carta que le proclamas amigo, niegas que lo sea. Es por ello, y consiguientemente, si has hecho un uso, por así decirlo, corriente de ese término preciso, de amigo, y le llamas amigo, del mismo modo que calificamos como «hombres de bien» a todos los candidatos que saludamos como «señores» a quienes encontramos, sin que incluso nunca nos los hayan presentado, o nunca hayamos visto en ocasión alguna o no recordamos su nombre, es de esta forma y manera Caro Ignoto, que la acepción de la palabra amistad la deberemos suprimir o mejor dicho la deberemos dejar correr, para emplearla en los momentos concretos y específicos.

Ya que, si consideras amigo a uno en quien no confías en la misma medida que en ti mismo, te equivocas de medio a medio y no has valorado con justeza la esencia de la verdadera amistad.

Tú, al contrario, deberás examinar todas las cosas con el que consideras amigo, pero antes que nada a él mismo, una vez habida esta amistad, habremos de confiarnos, el uno con el otro, antes de contrariarnos, incluso sin nosotros saberlo o sin darnos cuenta, de lo que hubiéramos hecho en perjuicio del uno o del otro. Hemos, pues, de juzgar, invirtiendo incluso el orden de su actuación quienes, en contra de los principios de Teofrasto, que juzgan después de haberse encariñado, en vez de encariñarse después de haber juzgado. Querido Ignoto, reflexiona largo tiempo si debes recibir a alguien en tu amistad. Cuando hayas decidido hacerlo, acógelo de todo corazón: conversa con él con la misma franqueza que contigo mismo.

En todo caso, vive tú de tal manera que no te confíes a ti nada que no puedas confiar incluso a tu amigo; pero, ya que sabes que sobrevienen ciertas situaciones que por costumbre se mantienen en secreto, comparte con tu amigo todas tus cuitas, todos tus pensamientos. Le harás fiel si le consideras fiel, pues, y en algunas ocasiones, algunos le pueden enseñar a engañar temiendo ser engañados y con sus sospechas le otorgan el derecho a ser infiel. Entonces y en alguna ocasión, tú, Caro Ignoto, me preguntarás:  ¿qué motivo tengo para ocultar alguna noticia en presencia de mi amigo?, ¿qué motivo para no considerarme solo en presencia de él? Hay muchas formas de resolver tu planteamiento.

Fotografía: Ben White (Fuente: Unsplash).

Te expondré algunas de ellas: hay algunos que cuentan a quienes salen a su paso lo que sólo a los amigos ha de confiarse, y largan, sin embargo, a los oídos, de cualquiera, cuanto les atormenta; otros, por el contrario, se resisten a la confidencia incluso con los más queridos y, como gente que, si pudiese, ni siquiera confiaría en sí, ocultan en su interior todo secreto. Ni lo uno ni lo otro ha de hacerse; pues ambas cosas son defectuosas: lo mismo el fiarse de todos, como el no fiarse de nadie; ahora bien, lo primero lo calificaría de vicio más honesto; lo segundo, de más seguro.

Análogamente debes reprender a estas dos clases de hombres: los que están siempre agitados y los que siempre se hallan ociosos. Porque no es actividad industriosa la que se goza en el tumulto, sino agitación de mente inquieta; ni es reposo el que considera molesto todo movimiento, sino apocamiento y molicie.

Así, pues, deberás grabar en tu mente esta máxima que leí en Pomponio: «Algunos hasta tal punto se refugian en la oscuridad que consideran confuso cuanto es luminoso».

Han de combinarse entre sí ambos extremos: debe obrar el que está ocioso y reposar el que obra. Como consejo final te digo, AMIGO MÍO, que “consultes con la madre naturaleza, que ella te indicará y dirá que tanto el día como la noche son obra suya”.

Sending
User Review
5 (1 vote)

Ángel Mota López

Licenciado en Medicina y Cirugía en 1969, por la Universidad de Valencia; diplomado en Sanidad Pública Nacional, Gerencia de Jefes de Servicio, Estudios Clínicos Controlados y RCP; titulado en Especialista en Medicina Interna y Especialista en Medicina Intensiva y Máster en Gestión y Dirección Hospitalaria.
He realizado docencia para posgraduados en la Unidad de Cuidados Intensivos entre 1982 y 1987 en el Hospital de Elche y en la facultad de Medicina de la Universidad de Alicante y he dirigido cursos de RCP y el I Curso de Medicina de Urgencias, entre otros. Además, he sido profesor del Máster de Urgencias de la Universidad de Alicante entre 1989 y 1992.
Fui jefe de sección de UCI en el Hospital General de Elche hasta 1993, año en que pasé a ser médico jefe de Servicio de UCI, siendo también miembro de la Junta Facultativa de dicho hospital y exdirector gerente-médico del Hospital General Universitario de Alicante y fundador de la Sociedad Medicina Intensiva del País Valenciano (SMI-PV).
Fui nombrado Hijo Predilecto de Pinarejo (Cuenca) en 1998 y Alicantino de Adopción en mayo de 2019. En junio de 2019, el Colegio de Médicos de Alicante me entregó un diploma conmemorativo por haber cumplido 50 años de profesión médica.

2 Comments

Click here to post a comment

*

code

  • Buen articulo el que has escrito para la Hoja del Lunes. Tu biografía está aun por completar, porque eres alma preocupada y el presente lo llenas de inquietudes. Inquietudes que transformas en palabras (habladas o escritas) con el calor de quien extiende sus manos y pueden cogerse sin miedo, porque son prolongación de tu amistad. Eres maestro de muchos. A mi me enseñaste muchas cosas allá en tu UCI, cuando tu docencia se transformaba en mí en conocimientos. Hablas de amistad, tu, que eres el buen amigo. Gracias. Un abrazo.

  • No conozco tus obras, pero tras leer lo que de ti dice Mas-Magro, deduzco que han sido tan buenas como las sabias disquisiciones sobre el amigo y la amistad. Felicidades.

Patrocinadores

Pactos