Al paso

Si yo fuera el rey emérito (III)

Juan Carlos I de Borbón en la toma de posesión de su cargo como Rey de España, 22/11/1975. Fotografía: Alvarovera31 (Fuente: Wikimedia).

Me olvidaría del dinero, lo donaría todo al Estado y me pondría a los pies de todos los españoles para pedir perdón y ganarme su cariño para siempre

Lo de menos es lo de Corina, pues los asuntos de bragueta, aun siendo importantes por los daños colaterales, pueden encerrarse en el baúl de los recuerdos y perdonarse, aunque nunca se olviden. El meollo de la cuestión tampoco está en la inviolabilidad constitucional del jefe del Estado. Que no, que ese no es el problema. Lo importante es la relación de confianza entre el rey emérito y el pueblo español globalmente y que fue muy buena durante muchos años incluso después de la caza de un elefante en un país africano de cuyo nombre no quiero acordarme, aunque creo que se llama Botswana, échale guindas al pavo…

Rafael Nadal se sumaba hace unas semanas a las cien personalidades que firmaron un manifiesto en defensa de don Juan Carlos, un rey que acertó en lo principal y que ha fallado en algunas cosas, no todas secundarias, pero que no deben borrar la imagen de rey bueno, defensor de la democracia y de su forma constitucional, la monarquía parlamentaria que en tan buenas manos ha dejado, las de Felipe VI, en cuyo apoyo debería acudir a la vez que se reconcilia con  la mayor parte de los españoles. Ya sabemos que no todos esperan de él un gesto que le reintegre a la casa común, que diría el Papa Bergoglio. Los podemitas comunistas, con Iglesias, Montero y Echenique a la cabeza, no están por la labor, pero que eso no le desanime.

Tiene que hacer lo que yo haría de estar en su lugar. Juanazo, el de mi pueblo, diría que “hay que hacer lo que hay que hacer”. No le demos más vueltas. Unas palabras de Jesús de Nazaret (son palabras divinas) me vienen a la memoria: “No se puede servir a Dios y a las riquezas”. Hay que elegir entre el pueblo español y el dinero. No se trata de perorar sobre la inviolabilidad de su majestad el rey. Fuera cuestiones legales (que son muy importantes, claro) y otras alegaciones. Se trata de algo superior. Hablamos de recuperar la conexión que había entre don Juan Carlos y la inmensa mayoría de los españoles. Eso está en sus manos, ¿no hay nadie que se lo diga?

Me temo que no va a leer mi artículo de hoy, como no habrá leído los dos anteriores en los que me ponía en su lugar. Cualquier día de estos me voy a uno de esos emiratos árabes donde se ha ‘exiliado’ y le leo la cartilla, quiero decir los artículos. Le volveré a decir que si yo fuera él me sacudía los millones de euros, cualesquiera que sean los números, los ponía en manos de Hacienda, que es como decir (y es mucho decir) en manos de todos los españoles y pedía perdón, como hizo cuando lo del elefante.

Este feo asunto debería tener un final feliz, tanto más deseable cuanto vivimos tiempos desagradables con la pandemia del coronavirus y tantos daños colaterales como trae para la economía, la educación, la seguridad, la vida familiar, el ocio, el disfrute de la calle y de la naturaleza… Desagradable es que tengamos que sufrir tantos males como nos golpean, pero peor sería caer definitivamente en un nuevo régimen sociocomunista como el de 1936-1939, aquel Frente Popular que impuso una dictadura criminal mentirosamente defendida como democrática cuando fue construida sobre un pucherazo electoral, científicamente demostrado por historiadores imparciales.

Dice Echenique que Felipe VI no ha hecho referencia a su padre en el mensaje de Nochebuena. Miente como un bellaco. El rey ha hecho clara defensa de “los principios morales y éticos que nos obligan a todos sin excepciones; que están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares”.

Tenemos una excelente Constitución y contribuiría un poco a sustentarla el rey emérito (como lo hizo cuando deshizo el golpe de Estado de Tejero y adjuntos) si volviera contrito y libre de ataduras, como último gran servicio a España. Otra frase de Jesucristo: “¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?”. Aplicado al caso que nos ocupa solo habría que cambiar la palabra ‘hombre’ por la de ‘rey’ y la de ‘alma’ por la de ‘España’.

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