Opinión

Prohibido fijar carteles…

Fotografía: Meineresteramy (Fuente: Pixabay).

Desde hace más de treinta años de junio a septiembre, semana arriba, semana abajo, paso a vivir en mi modesta casa en el campo de Agost, más fresca que la de la ciudad, y donde una vieja balsa convertida en alberca nos refresca a toda la familia.

El covid nos ha traído esta semana de vuelta, y he sustituido mis tareas entre almendros y tomateras por recorrer de nuevo la ciudad, cuando esto escribo he realizado cinco paseos por cinco rutas distintas, chequeando un poco el pulso capitalino; como lo hago a las ocho de la mañana –de la madrugada para los que me tropiezo de regreso de fiesta– puedo contrarrestar la animación de los días laborables de la quietud del fin de semana.

Siempre me ha parecido esta mi ciudad una de las más sucias que conozco, incluso comparándolas con las cercanas Elche o Murcia, no es que coseche siempre un insuficiente, lo que logra es un insuficiente notable, si es que esta nota pudiera incluirse en el baremo.

Es verdad que no todo es culpa de los responsables de la limpieza, del mantenimiento del mobiliario urbano, de las infraestructuras y demás –desde los concejales de las cosas hasta las empresas contratadas, pasando por funcionarios y trabajadores–. Los ciudadanos somos también responsables de no mantener nuestra ciudad con la misma atención con la que mantenemos nuestra propia vivienda. Un ejemplo: el miércoles, en una esquina de la calle Velázquez, a las tres y media de la tarde, una trabajadora –vestida de negro– de un conocido bar restaurante fumaba un cigarrillo: a medio uso, le dio una última y rápida calada y la colilla fue a parar a la acera, cuando a menos de un metro había situada una papelera con un pequeño soporte para este menester.

Fotografía: Miguel A. Sánchez.

Lo de las colillas es un ejemplo que abunda, no mas ni menos que los detritus de las numerosas e incontroladas palomas a las que hay ciudadanos que alimentan desperdigando las sobras del pan. No olvidemos los desechos de los canes –cualquier día nos dirán los estadísticos que hay más que niños–, muchos de cuyos dueños no saben enseñarlos a hacer sus necesidades en alcorques o en la calzada, haciendo sus necesidades en las aceras, a menudo delante de los portales.

En los alrededores del Ayuntamiento conté, hasta cansarme, restos de vomiteras; las manchas de grasas, basura o cualquier otra cosa que ensucian gran parte de las aceras, en numerosos casos con las losas –y hasta las chapas de servicios públicos– sueltas y con peligro para los viandantes. En los barrios, hay casas con fachadas deterioradas cuyos restos invaden las aceras; hierba que crece entre baldosas y en los márgenes de la calzada junto a los bordillos. Muchos pasos de cebra de blanco han pasado a ser grises, pero que muy grises de lo olvidados que están.

Y las farolas, llenas de pegatinas de ofertas de pintores, personas de ayuda a domicilio, videntes y alquiler de plazas de garaje, entre otras ofertas. Todas con su teléfono, lo cual facilitaría a la policía a sancionar a los anunciantes por ensuciar el mobiliario urbano. Aunque yo sería más proclive a castigarlos –a éstos y a los demás ensuciadores– limpiando que multando.

Mientras tanto, nuestros responsables políticos en el Ayuntamiento no parecen serlo; y los que tienen que vigilar su trabajo –la oposición, sobre todo su principal partido, el socialista– se dedican a cualquier otra cosa. Cabe recordarles la segunda parte de aquel viejo aviso… “responsable la empresa anunciadora”.

Después no se quejen si la gente no va a votar.

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Toni Gil

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  • Toni: muy oportuna tu denuncia, pero me temo que caerá en saco roto. Tenemos una ciudad muy sucia. Y los ciudadanos tenemos gran parte de la culpa, aunque el último responsable es el Ayuntamiento que adjudica mal el servicio de limpieza o no hace cumplir con su obligación a la empresa adjudicataria. Alicante está llena de turistas que no se merecen calles y farolas tan sucias. Y la mayoría de los ciudadanos, tampoco. Un abrazo y disfruta de la alberca y de los tuyos.

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